Mucho se ha discutido, y se sigue haciendo, sobre la conveniencia de una monarquía o una república. Para tratar de ser lo más objetivo posible, me parece imprescindible efectuar un ligero repaso a la historia. Los Reyes Católicos: Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, consiguieron la unidad religiosa de España, a base de implantar una implacable Inquisición, pero no lograron la unidad política, y fueron los últimos reyes de origen español. Felipe I, el Hermoso, casado con Juana, la Loca, fue reconocido rey consorte de la corona de Castilla y su suegro Fernando, el Católico, rey de la corona de Aragón. Carlos I de España y V de Alemania, heredó ambas coronas, pero no era español, nació en Gante y pertenecía a la casa de los Habsburgo. Por tanto, desde su reinado hasta el reinado de Carlos II reinó en España una casa extranjera.

Carlos I se ocupó más de Flandes y de su enorme imperio que de los españoles y decapitó, nunca mejor dicho, el movimiento democrático de protesta de los Comuneros; como pago de la ayuda que para eso le prestaron los vizcaínos les concedió unos fueros. Tanto él como su hijo y sucesor Felipe II se gastaron las enormes fortunas en oro y plata que mandaban sus súbditos desde América en guerras de religión que sólo sirvieron para arruinar el país y defender a la Iglesia católica.

La Corte de Carlos I de España

La Corte de Carlos I de España

Sus descendientes Felipe III y Felipe IV se dedicaron a cazar y a pegarse buena vida. El siguiente, Carlos II, era un enfermo físico y mental. Al morir Carlos II sin descendencia se coronó rey a Felipe V, nacido en Versalles y de la francesa casa de Borbón. Es decir, que volvimos a tener como reyes a los pertenecientes a una dinastía extranjera.

Ni Felipe V ni sus sucesores supieron entender que España era y es un país muy variado en tradiciones, leyes, costumbres y hasta en idiomas. Fernando VI y Carlos III, dentro de sus errores, fueron los menos malos, gracias a que tuvieron ministros competentes, porque sus sucesores, Carlos IV y Fernando VII, fueron nefastos, en todos los sentidos.

“Todos los reyes sucesores del Carlos IV son bastardos, por lo tanto no son legítimos”

Carlos IV se casó con María Luisa de Parma, mujer que tuvo varios amantes en especial a Godoy. En cierta ocasión confesó sus pecados y el confesor le dijo que debía decir la verdad al pueblo español; poco antes de morir le hizo caso y confesó por escrito que ninguno de sus hijos lo era del rey Carlos IV y que por tanto con éste terminaba la dinastía Borbón en España. Esta grave confesión indica que todos los reyes sucesores del Carlos IV son bastardos, por lo tanto no son legítimos.

La nueva reina, Isabel II hija de Fernando VII, dejó en mantillas a María Luisa de Parma, pues tuvo decenas de amantes, era una declarada ninfómana. Un hermano de Fernando VII, Carlos Mª Isidro, no estaba dispuesto a que una mujer fuera reina y reclamó el trono. Comenzaron así las tres Guerras Carlistas y dos intentonas que duraron, con intervalos, diecisiete años, causando numerosos muertos, heridos y destrucciones, reverdecieron y alimentaron los nacionalismos y arruinaron aún más el país, para no conseguir absolutamente nada.

El sucesor e hijo de Isabel II, Alfonso XII, es muy probable que fuera bastardo, dada la afición de su madre, y se dedicó a juerguearse y dárselas de campechano y lo mismo hizo su nieto Alfonso XIII, hasta que éste último fue echado, proclamándose la II República.


La cavernícolas Iglesia y derechas españolas siempre se han opuesto a todo lo que suponga progreso y cultura y, amparados en los militares africanistas, se sublevaron contra una República democrática y legítima. Tras cruenta guerra, los españoles tuvimos que sufrir, durante cuarenta años la sangrienta dictadura del genocida, perjuro y traidor general Franco, quien designó como su sucesor, sin ningún derecho a hacerlo y saltándose la línea dinástica, a Juan Carlos I, nieto de Alfonso XIII, que había sido formado a su gusto.

Juan Carlos I no se ha destacado por sus aptitudes, se ha limitado a presidir actos, a cazar, a juerguearse y a amasar una considerable fortuna; el chapucero montaje del 23 de Febrero, que estuvo a punto de hundirnos en una nueva dictadura militar, le sirvió para aparentar que defendía la democracia. Sus continuos escándalos y corrupción le obligaron a abdicar en su hijo Felipe VI, del que la propaganda oficial dice que esta muy “preparado”, pero aún no lo ha demostrado y no parece que lo haga nunca.

Trofeos de caza de el Rey Juan Carlos I

Trofeos de caza de el Rey Juan Carlos I

No soy ni pretendo ser adivino, pero en la historia se han producido casualidades muy curiosas. En virtud de ello me permito vaticinar lo siguiente: Isabel I implantó la Inquisición e Isabel II la abolió; la dinastía Habsburgo comenzó su reinado en España con Carlos I y terminó con Carlos II; la dinastía Borbón, comenzó su reinado con Felipe V y terminará con Felipe VI. No creo que me equivoque demasiado.

Argumentan los monárquicos que países tan prósperos como el Reino Unido, Suecia, Noruega, etc. tienen monarquía, lo que les da estabilidad. No lo niego, pero esos países han tenido siempre unos reyes cuyo principal objetivo era el desarrollo cultural y técnico del país y el bienestar del pueblo. Mientras que nosotros hemos tenido siempre unos reyes que han considerado al pueblo como vasallos, nunca como ciudadanos, sumiéndolo en la miseria, el desempleo y la desesperación, que sólo recurrían al pueblo para que sirviera de carne de cañón en absurdas y ruinosas guerras, y donde sólo vivían bien los privilegiados de la Corte.

Lo que da estabilidad a los países, no es tener un Jefe de Estado hereditario, al que solo su voluntad de abdicar o la muerte pueden reemplazar, sino países con unas instituciones fuertes, eficaces y honradas y con una formación de los ciudadanos excelente, en todos sus niveles. Mientras que nuestras instituciones han estado, salvo escaso tiempo, en manos de ineptos, corruptos o ambas cosas, y nuestra enseñanza ha sido y sigue siendo desastrosa, porque está mayoritariamente en manos de la Iglesia, que sabrá adoctrinar (y no con demasiado éxito), pero ha demostrado no saber enseñar en ningún nivel.


Ante este panorama histórico, en el que ninguno de nuestros reyes se ha preocupado del desarrollo y bienestar de su pueblo, ni de mejorar su nivel cultural, técnico y ético, no cabe la menor duda de que muchos anhelamos una República Federal, social y laica. No ofrece ninguna garantía ni estabilidad el que la Jefatura del Estado sea ocupada por un rey, sobre todo cuando la mayoría de nuestros reyes han sido unos tarados, ineptos y corruptos, o todo ello a la vez. Queremos poder elegir a nuestro Jefe del Estado y poderlo echar si no cumple con sus obligaciones. La Democracia, la libertad, la igualdad, la fraternidad e incluso la unidad en la diversidad sólo puede ser plenas con una República. ¿O es que queremos seguir siendo vasallos?.

Ya lo decía Quevedo, hace casi cuatro siglos: “Para ver cuán poco caso hacen los dioses de las monarquías, basta ver a quién se las dan”, y eso que no conoció a los Borbones…

Otros artículos de Fernando de Orbaneja:

(Valladolid, 1924), doctor Ingeniero Industrial, se ha dedicado a organizar empresas por todo el mundo y ha impartido clases en la Universidad Mackenzie de Sao Paulo y en la Escuela de Administración de Empresas de Barcelona. Es autor de una docena de títulos sobre historia, política y religión. Nota de El Magacín 26/6/2016: Nuestro amigo y colaborador Don Fernando de Orbaneja ha fallecido esta mañana a la edad de 92 años. D.E.P.

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