De entrada hay que decir que no se le debe llamar así, porque no es Estado y, según los entendidos, tampoco es Islámico, aunque presuman de ser ambas cosas.

Cuando la URSS invadió Afganistán, los Estados Unidos se alarmaron, porque es un país geoestratégicamente interesante, y decidieron ayudar a los afganos creando, formando, armando y financiando a un grupo que se enfrentara a los rusos. Como suele ocurrir cuando no se prevén bien las cosas, ese grupo perjudicó tanto a los rusos que terminaron por abandonar Afganistán, pero adquirieron conciencia de su poder, llegando a la creación de la famosa Al Qaeda, comandada por el millonario saudí Osama ben Laden, que atacó al mismo Estados Unidos.

Al Qaeda logró cada vez más fuerza, poder y fama en la lucha contra la infortunada invasión de Irak y Afganistán por los Estados Unidos y la OTAN, y por las intervenciones bélicas en Libia, Siria, Malí, República Centroafricana, Chad y Níger. Todo ello ha desestabilizado, cuando no arrasado, una extensa zona, provocando la huida masiva de refugiados, que la rica Europa se niega a acoger.



Esas actuaciones bélicas han proporcionado a los yihadistas tal poder que se han autoproclamado Estado o Califato Islámico de Irak y Levante, ISIL. Al estallar la guerra civil en Siria y sumidos Irak, Libia y Afganistán en el caos, el movimiento, al mando de Abu Bakr al-Baghdadi, aprovechó para controlar una parte importante de Irak y de Siria, con ciudades clave como Mosul, Al Raqa y Faluya, y con ricos yacimientos de petróleo. Asesinado Abu Bakr el nuevo líder es Abu Ala al-Afri.

Hoy día el Estado o Califato Islámico se proclama la máxima autoridad religiosa del Islam, con el nombre de Estado Islámico de Irak y Siria, ISIS, al que los franceses llaman “Daesh”, porque molesta a los yihadistas, ya que esa palabra en árabe significa “algo que pisotear”. Además este grupo fanático-religioso pretende unir en un solo país a Líbano, Siria, Irak, Palestina, Jordania, Chipre, parte de Turquía y hasta Israel.

El origen del Estado Islámico narrado por Fernando de Orbaneja.

La bandera del Estado Islámico.

Es preciso tomar conciencia de la triste realidad, ISIS o Daesh es el movimiento terrorista más rico de la historia, no sólo por la venta de petróleo sino porque está financiado, muy generosamente, por Arabia Saudí, Qatar y varios Emiratos y está apoyado por movimientos similares de Libia, Egipto, Afganistán y otros países musulmanes de Asia y África. Y lo peor es que los países de Occidente, incluida España, les venden armas. Porque ¿de dónde ha salido tan importante y ultra moderno armamento?, ¿quién les ha formado militarmente?, ¿quién compra su petróleo y les financia?, ¿no es cierto que muchos de sus milicianos son europeos?, y muchas más preguntas cabría hacerse.

La masacre de París es de lamentar profundamente y es rechazable por todos los conceptos. Sin embargo, nadie recuerda las masacres que día tras día  se están produciendo en Gaza, Ramala, Beirut, Damasco, Bagdad, etc., por lo que se ve hay víctimas de primera y víctimas de tercera. Declarar la guerra, como ha dicho Hollande es reconocer el fracaso político, social y económico de las políticas propiciadas por Estados Unidos y acatadas por Europa, es un triunfo de los yihadistas. Las guerras jamás han servido para vencer a las ideas, sólo crean más odios, más enemigos, más ansias de venganza, más destrucción y más pobreza. Pero esto, a los fabricantes de armas les trae sin cuidado, ahí está el problema.

En estos momentos ni Estados Unidos ni la Unión Europea ni la OTAN saben cómo acabar con ese monstruo, creado por ellos mismos, ese nuevo Frankenstein llamado Daesh o Estado Islámico, que hasta ahora ha actuado en veinte países y causado mil seiscientos muertos, que cuenta con más de cincuenta mil mercenarios y que puede actuar en territorio enemigo mediante fanáticos suicidas. Por si fuera poco, el poderosísimo grupo de presión armamentístico, no está dispuesto a renunciar a los pingües beneficios que le produce la situación actual.


No podemos seguir cerrando los ojos y la boca para no ver ni preguntar por la verdad, por miedo a descubrir desagradables sorpresas o llevarnos dolorosas decepciones. Debemos exigir la verdad y obrar en consecuencia, pase lo que pase y caiga quien caiga. Y que sean penados los culpables.

Pero con lamentarse no se arreglan las cosa por eso creo que hay que ofrecer soluciones, que se deben basar en varias actuaciones:

  1. Ahogar a Daesh económicamente,
  2. Controlar y erradicar el suministro de armas y de “voluntarios”,
  3. Apoyar activamente los movimientos democráticos y laicos en los países musulmanes (la llamada “Primavera Árabe”),
  4. Financiar e impulsar el desarrollo económico de esos países.

Sólo sus propios ciudadanos serán capaces de vencerles en su propio terreno, pero necesitan contar con el fuerte y decidido apoyo de Occidente. Y sobre todo y ante todo: ¡Honradez y eficacia en todas las actuaciones!

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(Valladolid, 1924), doctor Ingeniero Industrial, se ha dedicado a organizar empresas por todo el mundo y ha impartido clases en la Universidad Mackenzie de Sao Paulo y en la Escuela de Administración de Empresas de Barcelona. Es autor de una docena de títulos sobre historia, política y religión. Nota de El Magacín 26/6/2016: Nuestro amigo y colaborador Don Fernando de Orbaneja ha fallecido esta mañana a la edad de 92 años. D.E.P.

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