Cuando hemos llegado al límite de nuestras posibilidades, no nos sentimos bien con lo que hacemos, estamos siempre de mal humor o nos cuesta levantarnos para empezar el día, lo más seguro es que haya llegado el momento de reinventarse. El problema es saber cómo hacerlo sin poner en peligro todas nuestras circunstancias y poder hacer la mejor transición posible para salir airosos del proceso.

Reconocerlo

El primer paso hacia la reinvención es reconocer que ha llegado el momento de dar el paso. Muchas veces, echamos la culpa de lo que nos pasa a factores externos: la cantidad de trabajo, nuestros compañeros, el tiempo, nuestra familia… La realidad es que es difícil reconocer que el problema reside dentro de nosotros y solo con el cambio de nuestra rutina conseguiremos sentirnos mejor. Para lograrlo, es imprescindible entender nuestros sentimientos y aprender a identificarlos. Hay muchas técnicas que nos ayudan a conectar con nosotros y comprender lo que nos pasa. Aprender a respirar y relajarnos puede ser un buen principio, de igual forma que están en auge prácticas como el yoga, la meditación o el mindfulness, una actividad que se centra en llevarnos a concentrar nuestra atención en el presente. Si finalmente entendemos que lo que sentimos está provocado porque no estamos satisfechos con la vida que tenemos, es que algo tiene que cambiar.

 

Quitarte dependencias

Una vez se haya llegado a la conclusión de que es necesario reinventarse, el siguiente paso es saber cuáles son las dependencias que tenemos y de cuáles se puede prescindir. No es igual cambiar de proyecto de vida con hijos que sin hijos o con una gran hipoteca que pagar. Es más difícil, pero no es imposible. Las deudas son necesarias saldarlas cuánto más pronto mejor, porque si no, pueden causarnos situaciones indeseables en el futuro. Si se tienen varias responsabilidades que nos impiden poder cambiar de trabajo en este momento, solo hay que planificarse, guardar dinero que nos sirva de colchón y poder dar el paso con mayor seguridad. Una vez se ha tomado la decisión de dar el paso al cambio no importa si lo retrasamos un poco más.

Fuente: blog 20 minutos. El Magacín.Fuente: Bog de 20minutos

Cambiar tu cabeza

Pero la peor de las dependencias y la más difícil de eliminar, son las creencias que tenemos y que no nos dejan avanzar. Los pensamientos negativos hacia nosotros mismos o las ideas sobre cómo hay que vivir que nos han inculcado desde niños se quedan en nuestra mente y es difícil de eliminarlas y, al final, acaban poniendo límites a nuestra toma de decisiones. Para cambiar nuestra vida primero debemos cambiar nuestra mente. No es una tarea fácil pero es posible hacerlo con éxito si se siguen algunos consejos. Para empezar, debemos entender que nuestro cerebro ha sido diseñado para convencernos de que nuestros pensamientos son la única verdad, pero eso no quiere decir que necesariamente lo sean. Así que, sabiendo esto, ya estamos preparados para cambiar nuestras ideas por otras que acabaremos, con el tiempo, viéndolas como verdad.

Por otro lado, es necesario que encontremos pruebas que corroboren por qué pensamos lo que pensamos. Esto quiere decir que si creemos que no tendremos éxito en nuestro cometido, lo mejor que podemos hacer es buscar a gente que sí que lo ha tenido y que nos sirvan como modelo a seguir. Por último, es imprescindible que sepamos que para la creación de nuevos pensamientos es necesario pasar a la acción. Nuestra forma natural de actuar es pensar, decir y hacer. Si pensamos algo negativo es mejor hacer lo contrario para que, poco a poco, vayan cambiando nuestros pensamientos.

 

Ponte metas realistas

Cambiar es necesario, reinventarse nos puede sacar de un gran bache existencial. Sin embargo, si no nos ponemos metas realistas podemos caer en un gran hoyo y morir en nuestro intento de cambio. Tenemos que ponernos objetivos que se puedan cumplir. Con 35 años no podemos pretender ganar un mundial o comenzar nuestra carrera como bailarín. Debemos ser conscientes de que hay unas limitaciones que todos tenemos y que, muchas veces, son difíciles de superar. Comprendido esto, hay pocas cosas que estén fuera de nuestro alcance, pero hay algunas que costarán más que otras. Si nuestro deseo, por ejemplo, es convertirnos en traductores, será necesario que invirtamos tiempo y dinero en prepararnos y, al principio, nuestros ingresos no serán los mismos que el trabajo que hemos dejado. Por eso es necesario planificar tanto los tiempo como el dinero que será necesario invertir para conseguir nuestra meta. El salto hay que darlo, pero tenemos que estar seguros de que está bien llena la piscina.

Empresario corredor. El Magacín.

Apóyate en profesionales

La incertidumbre da miedo, eso nos pasa a todos, pero lo mejor es no procrastinar el cambio si ya hemos tomado la decisión de hacerlo y hemos planificado bien nuestros movimientos. Pero si el temor a que no salgan las cosas como queremos puede con nuestras ganas de reinventarnos será necesario buscar la ayuda de un profesional. Un coach, a diferencia de un psicólogo, es una persona que se dedica a ayudar a otras a dar el salto hacia una nueva vida. Te acompañan y te guían para que por ti mismo aprendas a conocerte mejor y a saber lo que realmente quieres. Hay personas que tienen habilidades escondidas y solo les hace falta que alguien les ayude a encontrarlas para explotarlas.

Y siempre piensa que nunca es tardeNunca es tarde para encontrar y comenzar una nueva profesión. Tenemos ejemplos por todas partes.  José Saramago se estableció como escritor a los 60 y tuvo el nobel 16 años después y el escritor Joseph Conrad, genio de la literatura inglesa, no aprendió la lengua de Shakespeare hasta los 20 años; el director Ang Lee sacó su primera película a los 38 y Samuel L. Jackson tuvo su primer papel protagonista con 43 años. En España tenemos también ejemplos de grandes que se reinventaron tarde, como el actor y presentador Carlos Sobera que ahora es imagen de muchas marcas y que tiene varios programas pero que debutó en el cine con 36 años, o Leopoldo Abadía que pasó de trabajar durante 31 años en el IESE a que con 71 años su libro, La crisis ninja y otros misterios de la economía actual, se convirtiera en un éxito editorial.

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