Primeros casinos en España: La Toja

La historia del juego en la península ibérica es un relato fascinante que va mucho más allá del simple entretenimiento. Es un reflejo de los cambios políticos, sociales y culturales que ha atravesado el país a lo largo de los siglos. Sin embargo, cuando hablamos de los primeros casinos en abrir en España en el sentido moderno del término —como establecimientos legales, regulados y dedicados a los juegos de azar con contrapartida bancada—, debemos situarnos en un momento muy concreto de nuestra historia reciente: la Transición democrática.

Durante casi cuarenta años, el juego estuvo prohibido bajo el régimen franquista, relegado a la clandestinidad o limitado a las loterías estatales y quinielas. La muerte del dictador y la llegada de la democracia trajeron consigo una apertura de libertades que también alcanzó al sector del ocio. Este artículo explora en profundidad cómo fue ese proceso, cuáles fueron los pioneros y cómo aquellos templos del azar transformaron el turismo y la economía nacional.

El contexto histórico y la prohibición

El casino más antiguo de España. El Magacín.

Para entender la importancia de la apertura de estas salas, primero hay que comprender el vacío que existía. Desde 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, el juego había sido perseguido. Esta prohibición se endureció tras la Guerra Civil. España era un país donde el juego existía, pero en la sombra. Las timbas clandestinas eran habituales, pero carecían de seguridad jurídica y control.

La sociedad española de finales de los años 70 estaba hambrienta de libertad y de equipararse a sus vecinos europeos. En lugares como Francia o Mónaco, los casinos eran símbolos de estatus, turismo de élite y glamour. España, que ya se perfilaba como una potencia turística mundial, necesitaba ofrecer esa misma oferta de ocio para captar divisas y modernizar su imagen.

El punto de inflexión llegó en 1977. El gobierno de Adolfo Suárez, a través del Real Decreto Ley 16/1977 de 25 de febrero, legalizó los aspectos penales, administrativos y fiscales de los juegos de suerte, envite o azar. Fue la luz verde que dio inicio a una carrera frenética por conseguir las licencias para ser los primeros casinos en abrir en España.

La normativa de 1977 y las zonas turísticas

La legalización no fue un «vale todo». El gobierno tenía miedo de que el juego pudiera corromper a la clase trabajadora de las grandes ciudades. Por ello, la normativa inicial fue muy restrictiva en cuanto a la ubicación. Se estableció que los casinos debían situarse en zonas de interés turístico preferente y, crucialmente, debían estar alejados de los núcleos urbanos de las grandes capitales.

Esta norma de la distancia (generalmente a unos 30 kilómetros del centro de las grandes urbes) es la razón por la que el Casino de Madrid se instaló en Torrelodones y no en la Gran Vía, o por la que el de Barcelona se fue a Sant Pere de Ribes. Esta decisión configuró el mapa del juego nacional y convirtió a estos establecimientos en destinos en sí mismos, donde el cliente debía desplazarse expresamente para jugar, lo que en teoría filtraba al público y mantenía un ambiente de cierta exclusividad.

El año clave: 1978

Si hay un año marcado en rojo en el calendario del sector, ese es 1978. Fue el año en que se materializó la ley y abrieron sus puertas los pioneros. La expectación era máxima. Se concedieron 18 licencias iniciales repartidas por la geografía española, buscando descentralizar la oferta y potenciar el turismo en diversas regiones.

Analizar cuáles fueron exactamente los primeros casinos en abrir en España requiere mirar las fechas de inauguración con lupa, ya que muchos abrieron con apenas días o semanas de diferencia en una carrera por ser el primero.

El Gran Casino de La Toja

Muchos historiadores del sector coinciden en señalar al Gran Casino de La Toja, situado en la isla de La Toja (Pontevedra), como el decano de los casinos modernos españoles. Inauguró su actividad en junio de 1978.

Su ubicación no podía ser más emblemática. Situado en un entorno de balnearios de lujo y hoteles históricos, representaba a la perfección el modelo que el gobierno quería implantar: turismo de calidad, alejado de las masas obreras y vinculado al relax y la exclusividad. Este casino se convirtió rápidamente en un referente en Galicia y en el norte de Portugal, atrayendo a una clientela que buscaba la elegancia de las mesas de ruleta francesa y el blackjack en un entorno natural privilegiado.

El Nuevo Gran Casino del Kursaal de San Sebastián

Casi simultáneamente, en el País Vasco, la tradición del juego recuperaba su esplendor. San Sebastián había sido una de las capitales del juego en Europa durante la Belle Époque, antes de la prohibición. La reina María Cristina y la aristocracia europea veraneaban allí, y el juego era parte intrínseca de su ocio.

Con la legalización, San Sebastián recuperó su estatus. El Casino de San Sebastián fue uno de los primeros en operar, devolviendo a la ciudad el brillo cosmopolita que la dictadura había apagado. Aunque la ubicación y los edificios han cambiado con el tiempo, el espíritu de aquel 1978 se mantiene como uno de los hitos fundacionales del sector en el norte.

Casino de Lloret de Mar

Cataluña, siendo uno de los motores turísticos de España, no tardó en sumarse. El Casino de Lloret de Mar fue el primero en abrir en tierras catalanas, también en 1978. Lloret ya era un destino masivo de sol y playa, y la incorporación del casino buscaba elevar el perfil del turista.

Fue un éxito rotundo que demostró que el modelo de «sol, playa y juego» funcionaba a la perfección, atrayendo a turistas franceses e italianos que cruzaban la frontera buscando la emoción de los tapetes verdes.

La expansión de los años 80

Tras el pistoletazo de salida de 1978, la lista de los primeros casinos en abrir en España se fue ampliando rápidamente entre 1979 y 1981. Fue en este periodo cuando se inauguraron algunos de los establecimientos más icónicos que, por volumen de negocio y fama, acabaron eclipsando a los pioneros más pequeños.

Casino Gran Madrid (Torrelodones)

Inaugurado en octubre de 1981, el Casino Gran Madrid de Torrelodones merece un capítulo aparte. Aunque no fue el primero cronológicamente, sí fue el más importante en términos de escala e impacto mediático.

Al estar situado cerca de la capital, pero respetando la distancia legal obligatoria, se convirtió en el centro de reunión de la «jet set» madrileña, políticos, empresarios y farándula de la época. Su arquitectura, sus inmensas salas y su oferta gastronómica marcaron un antes y un después. Durante décadas, ha sido uno de los casinos con mayor volumen de visitas de Europa. Su apertura simbolizó la consolidación definitiva del sector: el juego ya no era una curiosidad turística de la costa, sino una industria potente instalada en el corazón de España.

Casino de Marbella

En la Costa del Sol, el Casino de Marbella, situado en el hotel Andalucía Plaza (Nueva Andalucía), se convirtió en el epicentro del glamour estival. Inaugurado también en esta primera oleada, su historia va ligada a la transformación de Marbella en un destino de lujo internacional.

Por sus salas pasaron actores de Hollywood, jeques árabes y la nobleza europea. A diferencia de los casinos del norte, más sobrios y tradicionales, el de Marbella importó un estilo más festivo y ostentoso, vital para entender la imagen de España en el exterior durante los años 80 y 90.

La estética y las normas de etiqueta

Recordar los primeros casinos en abrir en España implica también recordar una estética muy particular. En aquellos años finales de los 70 y principios de los 80, ir al casino era un evento social de primer orden. No se trataba solo de apostar, sino de ver y ser visto.

Las normas de etiqueta eran estrictas. Era impensable entrar en las salas de juego sin chaqueta y corbata para los caballeros, y traje de noche para las señoras. Los vaqueros y las zapatillas deportivas estaban terminantemente prohibidos. Existía un control de entrada riguroso donde se exigía el DNI o pasaporte, una práctica que se mantiene hoy en día por ley, pero que entonces tenía también una función de filtro social.

El ambiente interior intentaba emular a las películas de James Bond. Moquetas espesas, iluminación tenue, el sonido constante de las fichas y el humo del tabaco (entonces permitido y omnipresente) creaban una atmósfera densa y cargada de adrenalina. Los juegos predominantes eran la Ruleta Francesa (con tres croupiers), el Black Jack, el Punto y Banca y el Boule. Las máquinas tragaperras, que hoy ocupan gran parte de la superficie de cualquier casino, tenían entonces una presencia testimonial o estaban relegadas a salas separadas, consideradas un juego «menor».

Impacto económico y social

La apertura de estas salas tuvo un impacto económico inmediato. Generaron miles de puestos de trabajo directos. La figura del croupier se convirtió en una profesión codiciada, bien pagada y que requería una formación técnica y manual muy específica. Se crearon escuelas de croupiers en las propias instalaciones de los casinos, formando a una generación de profesionales que, en muchos casos, acabaron trabajando en casinos de todo el mundo.

Además, los ayuntamientos donde se ubicaron los primeros casinos en abrir en España vieron cómo sus arcas se llenaban gracias a los impuestos especiales sobre el juego. Parte de la recaudación revertía en mejoras locales, lo que ayudó a vencer las reticencias morales de ciertos sectores de la población que veían con malos ojos la llegada del juego a sus municipios.

Socialmente, los casinos contribuyeron a la normalización del ocio nocturno y a la secularización de las costumbres. Fueron espacios de libertad donde se mezclaban clases altas, nuevos ricos y turistas, rompiendo con la rigidez de la sociedad franquista.

La evolución: del centro a la periferia y viceversa

Es interesante notar cómo la historia de los primeros casinos en abrir en España es también la historia de un viaje de ida y vuelta. Como mencionamos, la ley de 1977 los expulsó a la periferia (Torrelodones, Sant Pere de Ribes, Puzol en Valencia). Sin embargo, con el paso de las décadas, la normativa se relajó al comprobarse que los temores sobre el desorden público eran infundados.

A partir de la década de 2010, muchas comunidades autónomas modificaron sus leyes del juego para permitir la apertura de salas apéndice o traslados al centro de las ciudades. Así, vimos cómo el Casino de Madrid abría una sucursal en Colón, o cómo el Casino de Barcelona se trasladaba al Puerto Olímpico. Este movimiento buscaba acercar el juego al turista urbano y al cliente casual, adaptándose a los nuevos tiempos donde el desplazamiento de 30 kilómetros se veía como una barrera insalvable.

Diferencia entre casinos culturales y casinos de juego

Es vital hacer una distinción terminológica para no confundir al lector interesado en la historia. Antes de 1977, España estaba llena de «Casinos». El Casino de Madrid (calle Alcalá), el Casino de Agricultura de Valencia, o los cientos de casinos culturales en pueblos de toda la geografía.

Estos establecimientos, nacidos en el siglo XIX, eran clubes sociales, ateneos culturales o lugares de reunión para la burguesía o los agricultores. Aunque en ellos se jugaba a las cartas o al dominó de forma recreativa, no eran casinos de juego bancado. Cuando hablamos de los primeros casinos en abrir en España, nos referimos exclusivamente a las empresas autorizadas tras la ley de 1977 para explotar juegos de azar comercialmente. Esta distinción es importante porque, arquitectónicamente, muchos de esos antiguos clubes culturales tienen la palabra «Casino» en su fachada, generando confusión histórica.

El legado de los pioneros

Hoy en día, el panorama del juego en España es radicalmente distinto. El juego online domina el mercado, las apuestas deportivas están en cada esquina y los casinos físicos han tenido que reinventarse, ofreciendo gastronomía gourmet, espectáculos y torneos de póker internacionales para sobrevivir.

Sin embargo, aquellos establecimientos que abrieron a finales de los 70 pusieron los cimientos de una industria que hoy es parte integral del sector servicios español. El Gran Casino de La Toja, el de San Sebastián, el de Lloret o el de Torrelodones no solo fueron negocios; fueron escuelas de hostelería, motores de turismo y símbolos de una España que quería ser moderna y libre.

Visitar hoy en día alguno de estos casinos históricos es hacer un viaje en el tiempo. Aunque las tragaperras de última generación con pantallas 4K hayan sustituido a muchas mesas de paño verde, y aunque el código de vestimenta sea mucho más relajado, todavía se respira en sus paredes el eco de aquella época dorada.

Nuestra opinión personal sobre los primeros casinos en España

La llegada de los casinos a España fue un fenómeno tardío comparado con otros países europeos, pero su implantación fue fulgurante y exitosa. La lista de los primeros casinos en abrir en España es la lista de los visionarios que supieron ver en el turismo y el ocio el futuro del país.

Desde la elegancia insular de La Toja hasta el bullicio cosmopolita de Marbella, pasando por la monumentalidad de Torrelodones, estos lugares transformaron el paisaje nocturno español. Entender su origen en 1977 y su desarrollo posterior nos ayuda a comprender mejor la evolución de la sociedad española en las últimas cuatro décadas: de la prohibición y el recato, a la libertad y el disfrute lúdico.

Para el entusiasta de la historia o el aficionado al juego, recordar estos inicios es fundamental. No solo porque establecieron las reglas del juego (literal y figuradamente), sino porque demostraron que España estaba preparada para gestionar el azar con madurez y profesionalidad, convirtiéndose en uno de los mercados de juego más seguros y regulados del mundo.

Los juegos de azar han tenido desde tiempos ancestrales una relevancia ostensible en la vida social de nuestro país. Muestras de ello son, por ejemplo, los relatos sobre establecimientos destinados a las apuestas desde tiempos medievales o la particularidad de la baraja española, cuyas figuras, diferentes de las de la francesa, tienen su origen en los naipes árabes. Actualmente, casi un 3% del PIB nacional pertenece a actividades relacionadas con el juego, si bien la mayoría de las apuestas se hacen a través de portales.

¿Cuándo nacen los casinos en España?

Los casinos nacen en España a principios del siglo XIX, en concordancia con las tendencias coetáneas dadas en Inglaterra, Francia o Italia: son, en un primer momento, clubes sociales, destinados a los miembros de signo ilustrado de las clases medias y altas, que sirven como sede a eventos, conferencias, bailes, debates… o como escenario de lecturas de periódicos y libros o de partidas de los juegos entonces permitidos por la ley tales como ajedrez, naipes, billar y dominó.

Bajo la dictadura de Primo de Rivera, los casinos son declarados ilegales y clausurados en territorio español. Su actividad no se volverá a reanudar hasta 1977, cuando se legalizan los juegos de azar y los casinos asumen el albergue de los mismos.

Los tres casinos de España más antiguos

El casino de Castellón: Hasta donde se conoce, se trata del primer casino español. Fue fundado en 1814 por D. Francisco Giner y Feliu, Barón de Benicassim, como asociación destinada a promover eventos y debates culturales. Su afiliación experimentaría un fuerte crecimiento durante los cincuenta años posteriores a su fundación, lo que motivaría su establecimiento en la sede emplazada en la Puerta del Sol, el conocido como Palacio de Francisco Tirado. El palacio sería remodelado en 1923 por el arquitecto castellonense Francisco Maristany y Casajuana, resultando el célebre edificio que hoy se conoce como Casino Antiguo de Castellón.

El casino de Madrid: Fue fundado en 1836 por un grupo de habituales del Café de Sólito como asociación cultural y de debate. El número de socios creció, ocasionando sucesivos cambios de sede, hasta que, en 1903, se decide la edificación de una sede propia, para la que se convoca un concurso de arquitectos. Finalmente, la construcción se adjudicaría a José López Sallaberry, socio del casino responsable del edificio hoy emplazado en la calle de Alcalá, que es inaugurado al alcanzar la asociación el millar de miembros en 1910. 

El casino de Murcia: Fundado en 1847 y situado en la calle Trapería, cerca de la catedral, destaca sobre la mayoría de casinos españoles por sus méritos arquitectónicos. La fachada, diseñada por Pedro Cerdán, presenta influencias modernistas e historicistas y, tras un vestíbulo neobarroco, recibe al visitante el espectacular Patio Árabe, de estilo neonazarí. El denominado patio pompeyano, de estilo neoclásico, también ostenta una belleza extraordinaria.

1 COMENTARIO

  1. La Sociedad “CASINO DE LA UNIÓN” de Segovia fue fundada en 1835 y DECLARADA de UTILIDAD PÚBLICA mediante DECRETO del CONSEJO DE MINISTROS con fecha 22 de febrero de 1979

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