Carretilla en un almacén
Carretilla en un almacén

El panorama de la gestión de la cadena de suministro en España ha experimentado una transformación profunda. La sostenibilidad ha dejado de ser una mera opción de responsabilidad social corporativa para convertirse en una exigencia operativa, regulatoria y comercial de primer orden. Con la entrada en vigor a principios de este año de las obligaciones derivadas del Real Decreto 214/2025 regulador de la huella de carbono, las medianas y grandes empresas que operan en territorio español deben calcular, auditar y publicar de forma obligatoria sus planes de reducción de emisiones a cinco años vista.

Esta realidad legal se alinea estrechamente con las demandas del mercado. El reciente informe logístico internacional DHL eCommerce Trends Report revela que el 42% de los consumidores ya considera la logística sostenible como una expectativa estándar de cara a los próximos años. El gran reto actual para los directores de operaciones y responsables de la cadena de suministro se concentra en una infraestructura crítica: el almacén. Reducir el impacto medioambiental del centro de distribución sin sacrificar la rentabilidad ni la velocidad de entrega es la prioridad de la industria moderna.

El punto de partida: medición y alcances de la huella en el entorno logístico

Antes de implementar cualquier estrategia de mitigación, es fundamental comprender de dónde proceden las emisiones de gases de efecto invernadero dentro del almacén. El cálculo de la huella de carbono se divide convencionalmente en tres categorías o alcances según los protocolos internacionales oficiales vigentes en la Unión Europea:

  • Alcance 1 (Emisiones directas): Hace referencia a los gases liberados de manera inmediata por la infraestructura del almacén. Incluye la combustión de calderas de calefacción, fugas de gases refrigerantes de sistemas de climatización y el consumo de combustibles de la flota interna de vehículos de manipulación de cargas (como las carretillas térmicas de gasoil o gas licuado de petróleo).
  • Alcance 2 (Emisiones indirectas por energía): Contempla el impacto derivado de la generación de la energía eléctrica consumida en la instalación. La iluminación permanente, la automatización, las cintas transportadoras y los sistemas de carga de baterías forman parte de este grupo. Su impacto depende directamente de la mezcla energética del proveedor eléctrico contratado.
  • Alcance 3 (Otras emisiones indirectas): Engloba las emisiones de la cadena de valor que escapan al control directo del almacén pero que son consecuencia de su actividad. Un ejemplo claro es el transporte de última milla, la fabricación de los embalajes o los residuos generados. Con las normativas de reporte actuales, el Alcance 3 está cobrando una importancia crucial y obliga a auditar los procesos de los proveedores logísticos asociados.

Optimización energética de la infraestructura

La iluminación y la climatización de las grandes superficies industriales representan un porcentaje muy elevado de las emisiones de Alcance 2. El primer paso lógico para la descarbonización del almacén consiste en la modernización de los sistemas de iluminación pasándolos a tecnología LED de alta eficiencia con sensores de presencia zonificados. Estos sistemas regulan la intensidad lumínica según el tránsito real de operarios en los pasillos, evitando mantener iluminadas áreas vacías de almacenamiento.

Por otro lado, el aprovechamiento de las cubiertas de los almacenes para la instalación de plantas fotovoltaicas en régimen de autoconsumo está registrando un crecimiento récord en España. Las naves logísticas cuentan con grandes superficies planas ideales para la colocación de paneles solares. La electricidad limpia generada in situ durante las horas diurnas permite cubrir gran parte del consumo operativo del centro, reduciendo drásticamente la dependencia de la red eléctrica comercial y blindando a las compañías ante la volatilidad de los precios de la energía.

Electrificación y tecnologías de vanguardia en la manutención

La maquinaria empleada para la carga, descarga y el movimiento interno de palets es otra de las fuentes críticas de emisiones dentro del recinto. Tradicionalmente, las flotas de intralogística dependían de motores de combustión interna, altamente contaminantes y ruidosos, que perjudicaban además la calidad del aire en espacios cerrados.

La sustitución progresiva de flotas pesadas hacia soluciones de cero emisiones directas se ha consolidado como una de las decisiones estratégicas más eficientes. El uso de carretillas elevadoras eléctricas modernas permite eliminar por completo el consumo de combustibles fósiles en el interior de la nave. Al combinar el uso de estas máquinas con contratos de suministro eléctrico de origen 100% renovable o con energía fotovoltaica de autoconsumo, el Alcance 1 y el Alcance 2 asociados al movimiento de mercancías se reducen prácticamente a cero.

Además de las ventajas puramente climáticas, la transición hacia la manutención eléctrica aporta importantes retornos económicos. Los motores eléctricos tienen un desgaste mecánico sustancialmente inferior al de los motores térmicos, lo que se traduce en menores costes de mantenimiento y mayor disponibilidad operativa. La llegada de las baterías de iones de litio a los entornos industriales ha eliminado las ineficiencias de las antiguas baterías de plomo-ácido, permitiendo cargas de oportunidad rápidas durante los descansos de los operarios, suprimiendo las costosas salas de carga ventiladas y mejorando la productividad global del centro de distribución.

Automatización y digitalización como motores de sostenibilidad

La patronal logística UNO ha destacado en sus recientes previsiones que el 95% de las compañías logísticas españolas prevé acelerar sus inversiones en transformación digital durante este año para recuperar rentabilidad y ganar competitividad. Esta aceleración tecnológica ejerce un impacto directo y paralelo sobre los objetivos ambientales.

Los sistemas de gestión de almacenes (SGA) avanzados integran algoritmos de inteligencia artificial capaces de optimizar las rutas de preparación de pedidos o picking. Al trazar recorridos óptimos y sin duplicidades para los operarios y las carretillas, se disminuye la distancia recorrida por jornada de trabajo. Menos metros recorridos implican un menor consumo energético y una menor degradación de los equipos de manutención.

De igual modo, la automatización a través de transelevadores o vehículos de guiado automático (AGV y AMR) permite configurar los almacenes bajo el concepto de almacén oscuro o dark warehouse. Al ser sistemas completamente robotizados y autónomos, las zonas de almacenamiento masivo pueden operar con niveles mínimos de iluminación y climatización, logrando un ahorro energético masivo que reduce de manera inmediata la huella ecológica de la instalación.

Gestión de residuos, embalajes

El compromiso ecológico en el almacén no termina en los flujos energéticos y la maquinaria; el volumen de residuos generados diariamente requiere un enfoque riguroso de economía circular. El desembalaje de palets de proveedores introduce toneladas de film estirable plástico, cartón y madera que deben ser gestionados de forma selectiva.

La implantación de estaciones de compactación y reciclaje en el propio almacén facilita la separación en origen y maximiza la tasa de valorización de estos materiales. Paralelamente, la sustitución de embalajes de un solo uso por contenedores de plástico reutilizables o palets de plástico reciclado integrados en circuitos cerrados con proveedores (sistemas de pooling) mitiga notablemente el impacto ambiental.

Nuestra opinión

Los cambios regulatorios en España y la evolución en las preferencias de consumo penalizan a las cadenas de suministro ineficientes y contaminantes. Recomendamos hacer una auditoría precisa de las emisiones, la inversión en infraestructuras eficientes, el despliegue de flotas eléctricas limpias y el apoyo en software de gestión avanzada.