Ruletas que giran, partidas de póker, mesas de juegos con numerosas personas alrededor o el sonido inconfundible de las máquinas tragaperras. Un ambiente elegante y seductor con personajes muy característicos, desde mafiosos hasta simples soñadores. Ésta es la imagen de los casinos que el cine proyecta en el imaginario colectivo. Una visión adulterada del ambiente habitual en los casinos y salas de juegos repartidos por la geografía española. Sin embargo, hay ocasiones en las que la propia realidad supera a la ficción, con historias reales que dan el salto a la gran pantalla, como es el caso de Los Pelayo.

Los casinos son espacios donde la gente acude a divertirse, aunque también en busca de la suerte necesaria para ganar dinero. Un éxito que siempre está relacionado con el azar, aunque muchos jugadores a lo largo de historia han intentado dominar el destino buscando estrategias y trucos para aumentar lo máximo posible sus posibilidades de ganar en los diferentes juegos presentes en los casinos. Gonzalo García Pelayo fue uno de esos jugadores que intentó ganar a la banca, aunque en su caso terminó consiguiendo una importante suma de dinero durante la década de los 90. De hecho, su apellido es conocido por millones de personas aficionadas al juego y los casinos, así como por los casinos de todo el mundo, aunque especialmente los españoles. Una popularidad gracias a la cual se han elaborado libros, artículos e incluso una película, The Pelayos (2012).



El inicio de Los Pelayo

Gonzalo García Pelayo (Madrid, 25 de junio de 1947) regresó a la capital de España, después de más de treinta años viviendo en Sevilla. Jugador ocasional en los casinos, aunque nunca aprendió la lección básica de dejar de jugar cuando vas ganando, un día su mente inquieta le hizo ir más allá del puro entretenimiento y pensó que todas las máquinas, incluidas las más perfectas, tenían siempre algún tipo de error, por lo que las ruletas también tenían que tener algún desperfecto físico. Según su teoría, ninguna ruleta era perfectamente aleatoria. De esta forma, algunas podían tener casillas de diferente tamaños, flexibilidad de las placas separadoras o algún tipo de abombamiento. Unas imperfecciones físicas que generaban que una serie de número se repitieran constantemente.


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Gonzalo García Pelayo necesitaba miles de datos de diferentes tipos de ruletas de las mesas de juego de los casinos madrileños para demostrar su hipótesis sobre las ruletas. Para conseguirlos, convenció a sus hijos, Iván y Vanessa, para que fueran a los casinos durante varios meses anotando todas las jugadas de las ruletas. Al menos tenían que anotar 5.000 giros de ruleta. Mientras su familia se dedicaba a recopilar datos de forma presencial, Gonzalo creó un programa en QBasic que simulaba una ruleta perfecta. De esta forma, consiguió comparar los datos reales con aquellos que proporcionaba la simulación en el ordenador. Una comparación con la que pudo observar que existían ciertos números que se repetían en una mayor proporción que el resto en las ruletas de los casinos.

Un sistema de ruleta imparable

Un sistema de ruleta basado en conceptos matemáticos y físicos que requería de un gran proceso. En primer lugar, el objetivo era analizar una misma ruleta durante al menos 5.000 giros para determinar qué tipo de defecto podía tener, especialmente que hiciera que alguno de los números tuviera una probabilidad superior al 2,7% habitual en los casinos. Si un número aparecía más de la habitual significaba que salía más de 1/36 veces. Posteriormente, para conocer si se trataba de un defecto físico de la propia ruleta o simplemente era fruto de la fortuna se analizaban con dos tipos de límites establecidos.


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El primer límite era una simple simulación completamente aleatoria realizada en el programa informático diseñado por Gonzalo, la cual englobaba el 95% de los casos. El segundo abarcaba al 99,95% de las simulaciones. De esta forma, si algún número superaba el primer límite después de los 5.000 giros, significaba que la ruleta tenía algún tipo de defecto físico que provocaba una desviación real sobre ese número concreto. En el caso de que superaba el segundo, algo realmente improbable, la probabilidad de éxito se situaba en el 100%, siempre y cuando el casino no modificara la ruleta.

Primeros resultados reales

Con la información obtenida durante los meses anteriores, Gonzalo creó un equipo de trabajo de confianza dispuesto a conquistar los casinos más importes del país. En 1991, junto con sus hijos y sobrinos comenzó la fascinante historia de la familia Pelayo. Cada miembro de la familia se situaba en una mesa de juego distinta, en la cual se dedicaba a jugar a la ruleta durante seis horas seguidas, siempre anotando todos los resultados obtenidos. Una vez pasadas esas seis horas, se producía un relevo y otro integrante del equipo continuaba otras seis horas más. De esta forma, el grupo recopilaba información en las 12 horas que se extendía el horario del casino.


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Un sistema que permitió a la familia ganar 70.000 millones de pesetas (unos 420.000€) en tan solo un año. Una cifra realmente importante en los años noventa en España. A pesar del éxito inicial, el Casino Gran Madrid comenzó a sospechar sobre las acciones de Los Pelayo, ya que consideraba que era bastante inusual que el mismo grupo de personas ganara constantemente a la ruleta. En ese momento, el casino empezó a instalar diferentes métodos para evitar el sistema diseñado por Gonzalo García Pelayo, aunque todos terminaron fallando. Por este motivo, terminaron por prohibirle la entrada en este lugar, al considerar que hacían trampas.

Salto internacional

Después de que le cerraran las puertas de los casinos españoles, los Pelayo decidieron realizar un tour por Europa para probar su sistema en las ruletas de los casinos más importantes del continente. Holanda, Austria y Dinamarca fueron algunos de los países donde consiguieron aplicar de forma exitosa el método diseñado por Gonzalo García Pelayo. Una aventura de película que acabó en el mejor escenario posible, Las Vegas. La ciudad del juego fue testigo del final del camino de una familia que había hecho temblar al mundo de los casinos con sus conceptos matemáticos y físicos aplicados a la ruleta, consiguiendo en total 250 millones de pesetas (1.500.000€).