Puede parecer un poco duro decir que existe esclavitud en el siglo en el que vivimos, pero se trata de la pura y más dura realidad de esta sociedad. No me refiero a la esclavitud laboral, que también, y que además daría para hablar extensamente, sino a la esclavitud por tener que ser y lucir perfectos físicamente, ya seamos hombres o mujeres. En pleno siglo XXI con el auge de las redes sociales el ser natural, salir “feo” en una foto, el no lucir delgado, se considera un sacrilegio, es decir, es la época del “antes muert@ que sencill@ “.


Por ello nos volvemos esclavos de dietas, horas inmensas de deporte, miles de potingues, operaciones estéticas, a veces innecesarias y peligrosas, etc. ¡Ojo! Que conste que una servidora no esta en contra de todo esto, solo que considero que todo debe ser en su justa medida y no impuesto por los cánones de belleza estipulados actualmente.

Para que os hagáis una idea, en época renacentista, la belleza era ser “gorda o entrada en carnes” puesto que era síntoma de gran estatus social, y ahora, el canon es el contrario, cuanto más delgada o más músculos mejor.

Decir también, que los medios de comunicación son cómplices de toda esta vorágine alrededor de dietas y supuesta belleza, ya que todos los anuncios, tanto en prensa como en televisión, se encuentran sexualizados y exhiben una belleza que resulta muchas veces irreal e inalcanzable. Yo se que resulta atractivo ver un cuerpo “griego” pero no todos pueden o quieren tenerlo, y el obligar a que sea lo “normal” me parece de lo más deleznable y no ayuda a que la gente llegue a quererse tal y como es. Se que suena tópica la frase dicha anteriormente, pero si dejáramos de vanagloriar el culto a la imagen e incentivaramos el “cada uno es perfecto como es”, podríamos dejar de ver tantos casos de enfermedades relacionadas con el querer ser perfecto físicamente.

Yo por ejemplo, viví esta obsesión por ser perfecta o lo que consideran perfecta, es decir, estar delgada por encima de todo. Y eso me llevó a pesar 41 kg y a un ingreso hospitalario. Por eso ahora después de tanto sufrimiento, cuando me peso y veo que engordé me digo a mi misma: “Tienes el cuerpo perfecto, solo que vives en la sociedad equivocada”. Porque el no pesar lo estipulado no significa que no te cuides o que no practiques deporte, sino que puede deberse a muchos factores y muchos de ellos son genéticos o debidos a medicación. Por eso, mantengo firmemente la premisa de que los estereotipos actuales no son viables, factibles, ni reales.

Una pregunta que me hago continuamente es ¿quién estipula los parámetros de belleza? La verdad es que la única respuesta que encuentro son las grandes marcas de moda y cosmética, además de los medios de comunicación. Porque detrás de todos estos mensajes que la sociedad actual nos envía sobre los cánones de belleza adecuados, el cuerpo y peso ideal, se esconde un mercado que factura al año miles de millones.


Los medios de comunicación y la cultura nos enseñan cómo debemos ser, y las empresas del mercado de la belleza nos ofrecen los medios para que consigamos ser así, nos suministran numerosos productos y servicios para que intentemos adecuarnos al canon de belleza que ellos mismos crean, eso sí, pasando antes por caja y no resulta nada barato, y sobre todo que nunca tiene fin, porque siempre querrán que seamos más jóvenes, más delgadas, más musculosos…

Lo que me de la más pena de todo esto, es que si no remediamos esta situación y inculcamos unos valores a nuestros hijos e hijas, es decir a la juventud en general, e incluso a nosotros mismos, toda esta propaganda de belleza irreal crecerá según pasen los años y con el tiempo formará parte de su “ADN”, y discriminar a cualquiera que sea distinto será el pan de cada día y lo veremos normal porque es lo que manda la sociedad y no se puede ir contra de ella ¿verdad?.

Como conclusión diré que hace mucho me di cuenta de que puedo ser guapa aunque “ellos” digan que no. Aprendí que puedo vestirme sexy y bonita porque yo quiero y no porque ellos lo digan, aunque no tenga un cuerpo de 10; aprendí que puedo hacer deporte aunque esté “gorda”; aprendí que puedo gustar y gusto por ser yo misma y no un clon de cientos… Es decir, aprendí que el concepto de “su belleza” no se corresponde con la mía, y que prefiero ser feliz a ser esclava de esta tiranía impuesta. Por que hay una cosa que tengo muy clara, y más con el paso de los años, y no es otra que nunca podremos gustarle a todo el mundo. Por muy seguros que estemos de cómo somos física y mentalmente, de cómo hacemos las cosas o de cómo nos comportamos, siempre habrá alguien que nos menosprecie y diga que debemos mejorar porque no somos “perfectos”. Así que siempre será el cuento de nunca acabar ¿no creéis?. Para terminar los dejo una pregunta para que reflexionéis:

Y vosotr@s ¿a que belleza aspirais?

Un artículo de Zulmi Costa

 

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