El Colegio de Manila, posteriormente conocido como la Universidad de San Ignacio, fue una institución educativa fundada en 1590 en Manila durante la época colonial española en Filipinas y la primera universidad de Asia. Establecida por los jesuitas españoles liderados por el padre Antonio Sedeño, fue una de las primeras universidades construidas por europeos en el este de Asia. La escuela dejó de existir en 1768 tras la expulsión de los jesuitas del archipiélago.
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Historia del Colegio de Manila en Filipinas
Los primeros jesuitas españoles en Filipinas, Alonzo Sánchez y Antonio Sedeño, llegaron en 1581 como misioneros. Fueron los responsables de preservar la ratio studiorum, el sistema de educación jesuita desarrollado alrededor de 1559. Diez años después de su llegada, la Compañía de Jesús, bajo el liderazgo de Antonio Sedeño, fundó la Universidad de San Ignacio en 1590. Originalmente, la universidad fue concebida como un colegio para formar a jóvenes aspirantes al sacerdocio. Sin embargo, fue formalmente inaugurada en 1595, ofreciendo cursos de gramática latina y casos de conciencia para sacerdotes y candidatos al sacerdocio. El Capitán Esteban Rodríguez de Figueroa contribuyó con una donación para la construcción del colegio.

La universidad se ubicaba inicialmente en la esquina sur de Calle Real de Palacio (hoy Calle General Luna) y Calle Escuela (hoy Calle Victoria) en el distrito de Intramuros. En sus inicios, se llamaba Colegio de Manila, pero en 1626 fue rebautizada como Colegio de San Ignacio en honor a San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
En 1601, se estableció un colegio de extensión llamado Colegio de San José, destinado a los estudiantes residenciales del Colegio de Manila. Entre sus rectores se destacó el jesuita checo Paul Klein, autor del primer diccionario tagalo y el primer mapa de Palau.
El Colegio de Manila, también conocido como Colegio Seminario de San Ignacio, Colegio Máximo de San Ignacio, o simplemente Colegio de San Ignacio, fue autorizado en 1621 por el Papa Gregorio XV, a través del Arzobispo de Manila, para otorgar grados en teología y artes. Dos años después, el rey Felipe IV de España ratificó esta autorización, elevando el colegio a la categoría de universidad. Así, la Universidad de San Ignacio se convirtió en la primera universidad real y pontificia de Filipinas y de Asia.
Cierre de la Universidad de San Ignacio en Manila

El 17 de mayo de 1768, se recibió en Manila el decreto real que ordenaba la expulsión de la Compañía de Jesús de España y de sus territorios. Entre 1769 y 1771, los jesuitas en Filipinas fueron deportados a España y posteriormente a Italia. En 1768, los jesuitas entregaron la Universidad de San Ignacio a las autoridades civiles españolas, marcando así el cierre definitivo de la institución.
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Historia posterior del espacio e instalaciones del Colegio de Manila
Tras la expulsión de los jesuitas, los edificios de la Universidad de San Ignacio se convirtieron en un seminario diocesano y, más tarde, en un colegio de artes liberales bajo administración secular. En 1784, el lugar pasó a ser la sede del Real Seminario Conciliar de San Carlos hasta 1880, cuando la universidad se fusionó con la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de Santo Tomás. El Colegio de San José se convirtió en el Seminario San José del Ateneo Municipal de Manila. Algunos de los edificios fueron transformados en el Cuartel de España, lugar donde José Rizal fue juzgado por sedición el 26 de diciembre de 1896.
Durante la ocupación estadounidense, los edificios sirvieron como cuartel general del 31.º Regimiento de Infantería del Ejército de los Estados Unidos hasta 1941. El Gimnasio Quonset acogió uno de los primeros partidos de la Asociación Nacional de Atletismo Universitario de Filipinas. En la Segunda Guerra Mundial, el general Douglas MacArthur usó el lugar como puesto de mando, aunque la zona fue destruida por el conflicto militar.
A principios de la década de 1960, el sitio fue rehabilitado por el gobierno de la ciudad, y en 1965 el presidente Diosdado Macapagal promulgó la Ley de la República 4196, que estableció formalmente el Pamantasan ng Lungsod ng Maynila (PLM). Esta universidad abrió sus puertas el 17 de julio de 1967, ocupando el antiguo emplazamiento de la Universidad de San Ignacio.
¿Cuál es entonces la universidad más antigua de Asia?
La primera universidad de Asia fue la Universidad de Santo Tomás en Manila, Filipinas, fundada en 1611. A menudo se le reconoce como la universidad más antigua de Asia, en funcionamiento continuo hasta la actualidad. como hemos comentado anteriormente la Universidad de San Ignacio, fundada en 1590 también en Manila por los jesuitas, fue anterior, pero cerró en 1768 tras la expulsión de los jesuitas de Filipinas, lo que hace que la Universidad de Santo Tomás sea la institución educativa más antigua en activo en Asia.
La definición de «primera universidad de Asia» varía dependiendo de los criterios; la Universidad de Nalanda en India, fundada alrededor del siglo V, es una de las universidades más antiguas de Asia, aunque se considera un centro de aprendizaje y no una universidad en el sentido moderno.
El gran legado español en Filipinas
La presencia española en Filipinas, que se extendió desde 1565 hasta 1898, dejó una huella profunda en la arquitectura y la cultura del archipiélago. Durante estos siglos, los españoles fundaron numerosos centros educativos, templos, palacios, edificios administrativos y otras instalaciones que definieron el paisaje urbano y rural de Filipinas. Estas construcciones no solo reflejaban el poder colonial, sino también una fusión de estilos europeos, asiáticos e indígenas, generando una identidad arquitectónica única. Entre estos edificios, destacan universidades, iglesias, fuertes y ayuntamientos, muchos de los cuales aún perduran como testimonios de la historia compartida entre Filipinas y España.
Uno de los primeros centros educativos de relevancia fue la Universidad de San Ignacio, fundada en 1590 por los jesuitas en Manila. Fue concebida como una institución para formar sacerdotes y candidatos al clero, y en sus primeras décadas se enseñaban materias como gramática latina y teología. Poco después, en 1611, se fundó la Universidad de Santo Tomás por iniciativa de los dominicos, que sería posteriormente reconocida como la primera universidad en Asia en operación continua. Esta universidad no solo se enfocó en la formación religiosa, sino que amplió su currículo para incluir derecho, medicina, filosofía y otras ciencias, contribuyendo significativamente al desarrollo intelectual de la región.
En el ámbito religioso, los españoles edificaron innumerables iglesias y conventos. Entre las más notables se encuentra la Iglesia de San Agustín en Intramuros, Manila, cuya construcción comenzó en 1586 y fue finalizada en 1607. Esta iglesia, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es famosa por su resistencia a numerosos terremotos y conflictos armados. Su diseño sigue el estilo barroco, con influencias del renacimiento español, y sus interiores están ricamente decorados con tallas en madera y frescos. Otra obra monumental es la Iglesia de Paoay en Ilocos Norte, construida entre 1694 y 1710. Esta iglesia es un ejemplo de arquitectura barroca de terremoto, diseñada específicamente para resistir los sismos frecuentes en la región. Sus muros de piedra maciza y contrafuertes oblicuos son un testamento de esta adaptación ingeniosa.
En la región de Pampanga se encuentra la Iglesia de Santa Mónica en Minalin, construida en 1721. Este templo se destaca por su ornamentación interior y la robustez de su estructura, lo cual ha permitido su preservación hasta nuestros días. En Iloilo, la Iglesia de Miagao, construida en 1797, es otra joya del barroco filipino. Con un exterior decorado con relieves que representan elementos locales, como la flora y la fauna, esta iglesia es única en su estilo y es otro sitio Patrimonio de la Humanidad.
Los españoles también levantaron numerosas fortalezas para proteger sus asentamientos de ataques piratas y de otras potencias europeas. El Fuerte de Santiago, construido en 1593 en Intramuros, es quizás la más emblemática de estas fortificaciones. Fue un centro militar y administrativo clave para los españoles y hoy en día es un sitio turístico e histórico muy popular. Otra fortaleza importante es el Fuerte de San Pedro en Cebú, cuya construcción comenzó en 1565 bajo las órdenes de Miguel López de Legazpi, primer gobernador general de las Filipinas. Aunque fue modificado varias veces, el fuerte conserva su estructura triangular original y es uno de los edificios militares más antiguos de Filipinas.
Además de los templos y fortalezas, se erigieron numerosos edificios civiles y administrativos. En el centro de Manila, la Casa Real de Intramuros fue construida en 1590 y servía como sede del gobierno colonial. Aunque fue destruida y reconstruida en varias ocasiones debido a terremotos y conflictos, la Casa Real representó el centro de la autoridad española en Filipinas. En Vigan, el Palacio Arzobispal de Nueva Segovia, construido en 1783, es otro edificio notable. Este palacio se distingue por su estilo colonial y por ser una de las residencias episcopales más antiguas de Asia.
En el ámbito de la educación básica, los españoles también contribuyeron con la fundación de escuelas y colegios. El Colegio de San Juan de Letrán, establecido en 1620 por los dominicos, se dedicaba a la educación de jóvenes filipinos en las humanidades y la filosofía. Otra institución educativa importante fue el Colegio de San José, fundado en 1601 también por los jesuitas. Este colegio fue un precursor en la enseñanza de ciencias y medicina, y en el siglo XVIII se integró a la Universidad de Santo Tomás.
En cuanto a hospitales, destaca el Hospital de San Juan de Dios, fundado en 1577 en Manila. Administrado inicialmente por los franciscanos, este hospital fue el primer centro de salud en Filipinas y proporcionaba atención tanto a los españoles como a los locales. Otro hospital relevante fue el Hospital de San Gabriel, también en Manila, dedicado principalmente a atender a la comunidad china de la ciudad y fundado por los dominicos en el siglo XVII.
Las obras de infraestructura también incluyeron puentes y caminos. El Puente de España sobre el río Pasig en Manila, construido en 1630, fue una importante vía de comunicación en la ciudad. Aunque ya no existe, su estructura fue un símbolo de la ingeniería española en Filipinas. Igualmente, los caminos reales, como el que conectaba Manila con Laguna, facilitaron el comercio y la movilidad en el archipiélago.
En el ámbito residencial, se construyeron las llamadas casas solares, residencias de piedra y madera que seguían un estilo adaptado al clima tropical de Filipinas. Estas casas, como las que se encuentran en el distrito de Vigan, representan la arquitectura filipino-española y han sido reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Estas viviendas eran caracterizadas por sus techos inclinados, grandes ventanales de capiz y espacios elevados para protegerse de las inundaciones.
Los ayuntamientos, conocidos como casas reales, también fueron importantes. La Casa Real de Iloilo, construida en el siglo XVIII, albergaba las oficinas del gobierno provincial y era el centro de la administración local. En Bacolor, Pampanga, la Casa Real de Bacolor fue otro edificio notable que sirvió como sede de las autoridades locales y se destacó por su arquitectura colonial.
Las plazas públicas, o plazas mayores, eran otro componente esencial de las ciudades coloniales. La Plaza Mayor de Intramuros en Manila, alrededor de la cual se encontraban la Catedral de Manila y otros edificios gubernamentales, era el corazón de la ciudad. En Vigan, la Plaza Salcedo, nombrada en honor al conquistador Juan de Salcedo, sigue siendo un lugar de encuentro y celebración.
Finalmente, en el ámbito de la vida cotidiana y la producción, los españoles establecieron molinos y talleres. Los molinos de arroz en Laguna y Pampanga fueron vitales para la economía, ya que permitían procesar uno de los principales productos agrícolas del país. Además, en algunos pueblos se construyeron astilleros para la construcción de barcos, como los que existían en Cavite y en el distrito de San Fernando en Pampanga, que eran parte fundamental del comercio marítimo en el sudeste asiático.
Así, a través de un amplio abanico de construcciones, los españoles influyeron de manera perdurable en la arquitectura y el urbanismo de Filipinas. La combinación de edificios religiosos, educativos, militares y civiles dio forma a un paisaje que hoy en día es testimonio de la historia colonial del país y de la rica fusión cultural que surgió de esos siglos de interacción. La mayoría de estas estructuras se han adaptado al paso del tiempo, y muchas de ellas continúan siendo elementos fundamentales de la identidad cultural y arquitectónica filipina.





























