Si uno desea emplear sabiamente el tiempo en la ciudad de Sevilla, no tiene más que dejarse caer por su Museo Arqueológico para entrar a descubrir un documento fundamental para entender Roma y como la República dejó paso al Imperio inmortalizado en multitud de películas, series y novelas: el Senadoconsulto de Gneo Pisón Padre, todo un paradigma procesal romano que es representativo tanto de la compleja personalidad del emperador Tiberio, sucesor de Augusto, como de las intrigas y de la adulteración por poderes (fácticos y expresos) externos a la pura consideración jurídica del proceso judicial en el que interviene el Senado y de la importancia que cobra este durante el Principado. La cuestión que vertebra el presente ensayo. No se trata de un análisis forense del mismo, ni de un estudio concienzudo, sino de un análisis somero de los hechos relativos a él y que son imprescindibles para entender su contenido. Algo, por otra parte, extremadamente útil para entender cómo funcionaba la sociedad romana durante el Principado, cuando todavía el Imperio tal y como se concibe en el imaginario colectivo con un régimen total al servicio de la voluntad absoluta del emperador no existía y se hallaba en una época de transición en la que se conservaban, si bien en muchos casos tan sólo formalmente, los ropajes de la República. 


TIBERIO Y EL SENADO: UNA RELACIÓN AMOR-ODIO

El complejo carácter del emperador Tiberio al que se ha aludido ha sido estudiado, entre otros, por Gregorio Marañón en su formidable ensayo Tiberio. Historia de un resentimiento [1]. La amplia sombre de su predecesor, Augusto, siempre planeó sobre él. Tan reticente había sido él en tomar el Poder como Augusto en nombrarle sucesor, cosa que sólo hizo persuadido por su esposa, Livia, madre de Tiberio, una vez hubieron fallecido los dos jóvenes nietos de Augusto, Cayo y Lucio César. No fue gratis. Tiberio tuvo que adoptar a su sobrino Germánico, hijo de su hermano Druso el Mayor. Poco dado a interactuar con el Senado, a pesar de que la Historia le ha acreditado como un eficaz administrador de la cosa pública, sus intervenciones eran a menudo erráticas e incoherentes, según la apreciación del propio Senado. Se combinaba una ausencia y una dejación verdaderamente pasmosas en algunas cuestiones con una dura intervención en otras. Ello no le impidió tener un ascendiente cada vez mayor sobre los senadores y sobre el Senado como tal. Carente de la habilidad política de Augusto, que lo manejó a base de sus intervenciones, Tiberio lo controló con sus ausencias y silencios, que en cualquier momento podían convertirse en intervenciones desmedidas y en deseos explícitos. [2] Por sorprendente que ello pueda parecer, esto favoreció una actitud cada vez más servil del Senado hacia el emperador, edificando una cultura de proceder que se basó cada vez menos en Ley y cada vez más en el capricho, las voluntades y el tráfico de influencias, si bien estos ya son rasgos que estaban presentes desde antes del mandato de Tiberio, y que contribuyeron, junto a otros aspectos, a la progresiva desnaturalización de la República Romana. [3]

Habitación de la antigua Roma. El Magacín.

GERMÁNICO: FIGURA TRÁGICA

Germánico, joven y dinámico, hijo, como se ha dicho, del hermano de Tiberio, murió en Dafne (Antioquía) el año 19 d.C. Militar impetuoso y enérgico, a diferencia de Tiberio, había traído a Roma sus primeras victorias significativas desde Augusto en Germania. Ello le había colocado a la cabeza de la línea sucesoria, si bien las relaciones con Tiberio nunca fueron fáciles [4]. El emperador no se inclinó por facilitarle las cosas, de manera que cuando el joven líder fue enviado a pacificar Asia, Gneo Calpurnio Pisón, de familia de tradición republicana, fue nombrado gobernador, con toda probabilidad, con el encargo por parte de Tiberio de vigilar estrechamente a su sobrino. Hombre altivo, duro y ambicioso, Pisón en seguida desarrolló una fuerte rivalidad con Germánico, a la que no fue ajena la esposa de este, Agripina la Mayor, que a su vez fue incubando una rivalidad cada vez más intensa con el mismo Tiberio. Así estaban las cosas cuando Germánico enfermó. Rápidamente, la batalla política se recrudeció en vistas de la gravedad de su estado.

Agripina maniobró para crear un relato que pusiese en evidencia lo que a todas luces se trataba de una muerte natural. Y lo consiguió. [5] Sus partidarios, bien organizados, eligieron un nuevo gobernador para Siria en ausencia de Pisón, Gneo Sencio. La reacción de Gneo Pisón de tratar de recuperar la plaza por la fuerza, junto con la actitud abiertamente alegre por la enfermedad de Germánico, jugaron fatalmente en su contra. En Roma se formó una opinión pública y política a favor de la tesis del envenenamiento con una rapidez abrumadora.


GNEO PISÓN PADRE: UN JUICIO MEDIÁTICO

Las piezas estaban dispuestas sobre el tablero. Tanto Tiberio como quienes apoyaban a Pisón hubieran preferido mirar hacia otro lado, hasta que la cuestión se calmara. Pero con el telón de fondo de las manipulaciones de Agripina, había dos factores a tener en cuenta. El primero, que Pisón había intentado recuperar Siria por la fuerza, lo que le valió ser acusado de alta traición, un tipo de juicio que fue permitido por Tiberio desde el principio de su reinado [6]. El segundo, la decidida intención de Druso, hijo de Tiberio, de hacer justicia con la muerte de su hermano [7]. Ello colocó al emperador en una difícil tesitura, la que se añadían sus ya comentadas difíciles relaciones con el Senado, a saber: efectivamente había encomendado a Pisón el cometido de vigilar estrechamente Germánico, lo que de salir a la luz pública podía acarrearle imprevisibles complicaciones, y en el momento en que Druso explicitó su deseo de hacer justicia en un ambiente caldeado en el que esa misma opinión pública había asumido una visión de Pisón como un asesino y como un traidor que había estado a punto de desatar otra guerra civil, debió asumir que no le quedaba más remedio que permitir que el Senado le condenase y, desde ese momento, eliminar en la medida de lo posible los lazos que les unían. Agripina, sin duda, presa de una gran ambición, emplearía cualquier error que en el transcurso del proceso pudiera cometer para utilizarlo contra él.

SOLDADOS ROMANOS INTRIGANDO A CABALLO. EL MAGACÍN.

La suerte en este caso -y no cuando César cruzó el Rubicón- sí estaba echada. El Senado iba a condenar a Pisón a pesar de lo endeble de las pruebas presentadas en su contra, en muchos casos, circunstanciales o totalmente falsas [8], la opinión pública estaba en contra, Tiberio iba a permitir -cuando no a impulsar- que todo ello ocurriera y, para evitar que precisamente la debilidad de la causa por envenenamiento se interpusiera en una condena que estaba decidida de antemano, fue la Alta Traición en lo que el Senado se apoyó principalmente para sacar adelante el proceso. Cuando su mujer maniobró para desmarcarse de él, comprendió que estaba perdido.

No obstante su suicidio no paralizó el curso de los acontecimientos. Previamente, Pisón había escrito al emperador pidiendo clemencia para sus hijos. Tiberio decidió interceder, una vez desaparecido Pisón. El Senado obedeció: condena a Pisón y a sus aliados Alta Traición y Lesa Majestad, que implicaba damnatio memoriae (eliminación de su nombre de cualquier inscripción) absolución de su mujer e hijos, que pudieron conservar gran parte de su patrimonio anterior, glorias al emperador y a Germánico [9]. Es preciso destacar que el senadoconsulto se centra prácticamente en su totalidad en la Alta Traición y en la Lesa Majestad. Muestra de la politización del proceso, precedente que se amplió en el futuro, es que apenas se tocasen cuestiones relacionadas con el envenenamiento o la hechicería, no se hiciese una adecuada ponderación de las pruebas y no se ahondase en la implicación de Tiberio en todo el asunto. Este se despachó a voluntad del emperador, demostrando así, para quien quisiera verlo, que el autoengaño en que el Senado se había sumido durante la época de Augusto, que le había hecho partícipe de la ficción de que tenía poder y era independiente, había llegado a su fin [10]. El camino hacia el Dominado estaba expedito.


CONCLUSIONES

Podemos extraer de todo esto una conclusión fundamental muy importante de cara a nuestros días. La excesiva idealización de las épocas pasadas, de las civilizaciones antiguas, ya sea Egipto, Grecia o Roma, no debe impedirnos contemplar que sus vicios, en gran parte, han seguido presentes hasta hoy. Roma es, junto con Grecia, el cemento que une las diferentes particularidades de esa gran generalización que se ha dado en llamar Civilización occidental. Pero de la misma forma que somos hijos de su República y de su Imperio, también lo somos de su práctica diaria, de su sociedad y de sus complejos. El caso analizado nos muestra que la politización, el abuso de poder, las maniobras oscuras en los pasillos de la política cotidiana, la perversión de las instituciones, el amiguismo y el personalismo pero, sobretodo, el juicio paralelo instigado por los grupos de presión inspirados por motivaciones la mayor de las veces espurias, no son nada nuevo de hoy. Es algo que ha estado presente desde siempre y que, desde luego, lo estaba en Roma. Ese es el peligro, quizá el mayor de todos, que corren las instituciones pretendidamente democráticas, tal y como le sucedió al Senado romano, esto es, el sacrificar el imperio de la Ley por los caprichos de quienes son los encargados de crearla y de aplicarla, atendiendo, no a las garantías, sino a lo que los poderes fácticos o la opinión pública demandan, con razón o sin ella. Una lección que en tiempos de la dictadura de lo políticamente correcto no debemos olvidar.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BALMACEDA E, B; “El emperador Tiberio en los Annales de Tácito”, Onomázein, núm. 6, 2001, pp. 281-295, Pontificia Universidad Católica de Chile.

BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J.M; Tiberio emperador, 2004.

FERNÁNDEZ DE BUJÁN, A; Historia del Derecho Romano, 2010.

GARCÍA TEIJERIRO, M; “Maleficio y veneno en la muerte de Germánico” en POTESTAS. Revista del Grupo Europeo de Investigación Histórica, Nº 2 2009 ISSN: 1888-9867 – pp. 57-71.

MARAÑÓN, G; Tiberio. Historia de un resentimiento, 1991.

SÁNCHEZ GALERA, J., SÁNCHEZ GALERA, J.M; Vamos a contar mentiras. Un repaso por nuestros complejos históricos, 2012.

SEGURA RAMOS, B; “El juicio de Gneo Calpurnio Pisón”, EMERITA. Revista de Lingüística y Filología Clásica (EM) – LXVIII 2, 2000, pp. 243-267.

 

[1] Aunque el ensayo fue realizado en 1939, emplearemos aquí la edición de abril de 1991. Marañón, G; Tiberio. Historia de un resentimiento, 1991.

[2] Blázquez Martínez, J.M; Tiberio emperador, 2004, pp.6-8.

[3] Fernández de Buján, A; Historia del Derecho Romano, 2010, pp. 115 y ss.

[4] Marañón, G; op.cit, pp. 256-9.

[5] García Teijeriro, M; Maleficio y veneno en la muerte de Germánico en POTESTAS. Revista del Grupo Europeo de Investigación Histórica, Nº 2 2009 ISSN: 1888-9867 – pp. 57-71, pp. 62 y ss.

[6] Blázquez Martínez, J.M; op. cit, p.8.

[7] Segura Ramos, B; El juicio de Gneo Calpurnio Pisón en EMERITA. Revista de Lingüística y Filología Clásica (EM) – LXVIII 2, 2000, pp. 243-267, pp.253-258.

[8] García Teijeriro, M; op. cit, pp. 68-69.

[9] Ibíd. p.70.

[10] Balmaceda E, B; El emperador Tiberio en los Annales de Tácito en Onomázein, núm. 6, 2001, pp. 281-295, Pontificia Universidad Católica de Chile; pp. 290-2.

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