FRIDAY 24 NOVEMBER 2017
Mitos, bulos y rumores. El Magacín.

Mitos, bulos y noticias falsas en Google

Cuando era niño, cada cierto tiempo corría en el cole el rumor de un señor muy peligroso que se ponía en la puerta ofreciendo caramelos con droga. Había otro que te regalaba calcomanías impregnadas en LSD. Que no sabíamos bien qué era eso, pero sonaba peligroso. Así que, la salida y entrada al colegio se convertía en una aventura intentando descubrir al hombre malo.

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El placer de la escritura. El Magacín.

Tierra flotante

Voy a disgregar unas cuantas letras sueltas.
Me pongo a pensar ¿Que escribo? ¿Unas cuantas letras locas o cuerdas? O saco a las que están ya recluidas en el manicomio: mis adorables letras sinceras o de empatía.

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Lo importante es que os llevéis bien. El Magacín.

“Lo importante es que os llevéis bien”

Una mancha, alrededor de la bragueta del pantalón, parda indefinida, delataba su soledad; un suéter, desgastado por la parte de los codos, se iluminaba gracias a los lamparones provocados por las  sopa de sobre, que sobre su pecho descansaban desde hacía ya muchas cenas; la camisa desgastada por el cuello, más de tanto poner que de tanto lavar; sus zapatos, mutilados de guerra, aguantarían con seguridad sus últimas batallas. Sus días se convirtieron en monótonamente idénticos desde que llegó la inevitable y temida jubilación.

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Relato de amor. Noelia Maestre. El Magacín.

Relato: “Nos culpo”

Dicen que el amor marca, que deja huella pero no pensaba que en nuestro caso marcase tanto y para mal. También dicen que cuando acaba el amor siempre hay una persona que sufre más que la otra y como no fui yo la que se llevo la peor parte.

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Relato Coraje. El Magacín.

Relato: Coraje

Llovía a mares. Contemplando las gotas repiqueteando contra el cristal, Sara pensó que las nubes estaban descargando esa tarde todo lo que se habían guardado durante un año más seco de lo normal. El agua era zarandeada contra las ventanas por rachas de viento veloz y salvaje, y la oscuridad era tanta que parecía medianoche, paliada en el interior de su despacho gracias a la luz blanquecina que derramaban los fluorescentes.

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