Estudié Ingeniería Industrial, siempre había tenido claro que quería hacerlo, lo veía una carrera que me podría abrir muchas puertas. Esto me llevó a hacer carrera profesional en el sector del Business Development farmacéutico internacional, a vivir en China durante dos años y a trabajado por América latina durante un año y medio. Todo esto acaba un lunes por la mañana, cuando me dicen que estoy en la calle porque la empresa está reestructurándose.

Siempre había dicho que a los 30 años querría tener mi propio proyecto y este momento llegó a los 28. Y así es cómo, con un acto de valor y al patio de casa mis padres, decidí emprender mi propia empresa de muebles hechos a mano. Hoy Hannun es una marca online de muebles hechos a mano que facturará más de un millón de euros en su segundo año de vida. Si queréis saber más, seguid leyendo.




VERSIÓN EXTENDED – EL CÓMO

6 de Junio de 2018, la última inversión la acabo de cerrar por Whatsapp, justo antes de comer. Acabamos de cerrar una ronda de inversión para Hannun de 220.000€ con la empresa valorada a 1 millón de euros. Esto solo significa una cosa, tenemos dinero para cumplir los sueños de este proyecto en el que nos hemos embarcado. Pero, mejor vamos atrás, hace tan solo un año, no sabía ni qué era una start-up ni siquiera había conocido nunca a un inversor.

Siempre había pensado que quería ser ingeniero, ya cuando tenía once o doce años lo tenía claro. Durante la ESO lo tenía claro y durante el bachillerato todavía más claro, era una carrera multidisciplinar que veía que me abría muchas puertas. «Hay altos directivos del sector de la banca que lo son», pensaba. En aquel momento lo veía clarísimo, acabar trabajando para una gran empresa con un rol importante.

Hannun en China

 

Entonces empezó la universidad y, cuando cumplí 18 años, mi padre me regaló algo que nunca olvidaré: me regaló el hecho de pagarme yo mismo la cuota del teléfono móvil. Obviamente primero lo recibí fatal, pero con los días lo fui viendo como una oportunidad, la oportunidad de tener mi propia economía.

Desde muy pequeño había vivido en una familia de emprendedores, pero no es una cosa de la que  seas consciente cuando tienes 5 años. Para ti, aquel mundo es normal, es dónde has nacido. Mi padre tiene su propia ingeniería, mi madre su despacho de psicología. Mis abuelos por parte de padre tenían su propia carnicería y los abuelos por parte de madre su propia joyería. Nadie les regaló nada, ellos se forjaron su propio futuro. Pero, como os decía, me he dado cuenta hace relativamente poco, y esto que ya tengo 30 años.

Pagarme la cuota del teléfono era sinónimo de dar la bienvenida a gastos en mi ignorante vida donde las cosas, hasta entonces, las pagaban otros…

«Trabajar solo es muy duro, sobre todo anímica y mentalmente.»

Decía que nunca olvidaré aquel regalo porque fue la primera motivación que tuve para buscar ingresos, para empezar a exprimirme la cabeza y pensar como hacía el resto de la gente para ganar dinero. Y, fue en aquel momento donde también vi la primera gran diferencia en el mundo laboral: hay gente que trabaja para otra gente, y hay gente para la que trabajan los otros. En aquel momento, haciendo ingeniería, no veía muy claro lo de trabajar para otros con un horario fijo. A pesar de que te aseguraba un sueldo, no tenías la libertad de hacerte tus horarios y era algo que necesitaba.


Y así es cómo empecé a buscarme mis ingresos por primera vez en la vida, así es como decidí que buscaría alumnas para dar clases particulares. Todavía recuerdo mi primer alumno, el hijo de unos amigos de mis padres, que necesitaba refuerzo en química. También recuerdo que yo estaba más nervioso de lo que aquel chico podía haber estado en toda su vida y, aquí es donde descubrí los “actos de valor”, momentos en los que te tiras a la piscina, en los que eres más valiente de lo que te pensabas y que incluso contemplas que te puedes llegar a salir. Y así fue, hice mi primera clase de química y fue un éxito. Aquello sería el principio de una época universitaria donde compaginaría los estudios con las clases particulares y empezaría a ver de qué era capaz si lo daba todo por un sueño o proyecto. Con esfuerzo y dedicación acabé dando clases a grupos de 4 y 5 personas, preparándolos para la selectividad, haciendo flyers promocionales que iba yo mismo a entregar en las escuelas e incluso preparando a personas más mayores que yo para hacer la prueba de acceso a la universidad (Recuerdo que esto último lo encontraba muy fuerte, dar clase en personas mayores que yo).

Pero como todo en la vida, aquella época llegó a su final, acabé la carrera y era el momento de mover ficha. Podía decidir seguir con los alumnos y seguir dando clases particulares pero pensaba que si aquello había salido tan bien, también podría salir bien alguna otra cosa que intentara. Aquel momento coincide con el momento en que los negocios empiezan a ver que necesitan páginas web, empiezan a ver que es necesaria cierta presencia en internet si quieren seguir con su negocio y decido investigar sobre el tema. Aquella investigación me lleva a testar el mundo de las páginas web y descubro que dedicándole horas, podía sacar cosas que non quedaban nada mal. Así que, un “segundo acto de valor” me lleva a presentarme a las oficinas de la asociación del comercio de Terrassa y hacerles una propuesta, diseñar las webs de los comercios asociados.

Fabricación de muebles Hannun

Efectivamente, en esta reunión consigo que me den permiso para ir en nombre de la asociación a ofrecer estos servicios a los diferentes comercios. Más tarde, me he dado cuenta que esta época me permitió aprender muchísimas cosas, como la tarea de ser comercial o autodidacta, la facturación de una actividad económica y sus costes, etc. Pero, también me enseñó otra que no olvidaría, trabajar solo es muy duro, sobre todo anímica y mentalmente. Es por este motivo, sobretodo, que decido que si algún día quiero emprender un proyecto tendrá que ser después de tener cierta experiencia laboral trabajando en alguna empresa. Y, así es como empiezo a enviar currículums a las diferentes empresas que consideraba relacionadas con el mundo de la ingeniería hasta que consigo pasar adelante en las fases de selección de una multinacional que fabrica componentes por maquinaria farmacéutica.

«En 2018 cerramos la primera ronda de inversión en la que recogimos 220.000€»

Allí  hice mil y una cosas pero, si me pregunto el que más me gustaba, tengo que reconocer que era aceptar siempre ir a hacer inventarios de stock a las diferentes delegaciones que la empresa tenía por el mundo. Encontraba genial poder viajar por trabajo. Y, así es como apenas después de trabajar 9 meses, vendría el tercero y, quizás, más gran acto de valor que considero que he hecho nunca, aceptar la oportunidad de ir a China a trabajar en la fábrica que  tenían. Recuerdo cosas como que tenían que ser 3 meses y justo una semana antes de marchar nos dijeron que seria 1 año; o también recuerdo que justo cuando aterrizamos y cogimos el taxi para ir a la fábrica, mirando por la ventana no me lo podía creer, parecía que estuvieras dentro de un documental.


Esta aventura me llevó a estar 2 años viviendo en China, el primero viviendo una experiencia alucinante, viviendo dentro de la propia fábrica, como las antiguas colonias textiles aquí en Cataluña. Cada noche teníamos que salir fuera a las calles del polígono industrial donde vivíamos a comprar “street-food” en las diferentes carretillas de comida que había desplegadas por todo el polígono. Era muy gracioso, cogías unas verduras picantes a una señora, después un muslo de pollo a la otra y finalmente ibas al lugar de los noodels a comértelo todo. El segundo año, en cambio, fue todo lo contrario. Todavía recuerdo las palabras del director general cuando nos vino a ver. “Ahora ya habéis hecho el máster. Tú Mauri irás a Shanghai y tú Pere a Estambul. Fui destinado a Shanghai a dirigir la oficina comercial y aquello era una realidad totalmente diferente, era cómo la Nueva York de Asia. A pesar de que durante el día seguía trabajando en un polígono industrial a las afueras de la ciudad, casi cada noche quedaba con otros expatriados, para cenar en algún restaurante de moda de la ciudad, donde  iba con Uber.

Esta época la recuerdo y creo que la recordaré como una de las mejores de mi vida. La famosa frase de “encontrarse a un mismo” se hace realidad en una experiencia así. Aun así, dos años comiendo arroz blanco y noodles, luchando para coger taxis e intentando aprender chino para poderme comunicar, fueron suficientes para volver a buscar un proyecto cerca de casa. Y, así es como volví a casa y empezar a trabajar como área manager de América Latina para una empresa de biotecnología.

Aquí estuve 1 año y medio, trabajando en Sant Cugat y viajando por toda América Latina, abriendo el mercado para conseguir contratos para licenciar los productos que teníamos en las grandes farmacéuticas de allí. Recuerdo que uno de los viajes eran 12 días, 4 países, 6 ciudades, 8 vuelos, 24 reuniones. Esta aventura acaba cuando la empresa decide reestructurarse y cierran el laboratorio, echan al director general y las áreas comerciales más prescindibles, entre las que se encontraba la mía. Un lunes por la mañana, a las 11:00h aproximadamente, mi carrera profesional se paraba de golpe, estaba en la calle.

Mueble Hannun

Me gusta pensar que todo pasa por algo y, justo hacía 3 días que me había inscrito a un concurso de emprendedores de Barcelona y, si no recuerdo mal, aquel mismo lunes me llamaban diciendo que había llegado a la final y que ésta tendría lugar aquel mismo viernes. Por lo tanto, solo podía hacer una cosa, darlo todo aquel viernes en el concurso de emprendedores, el cual no tenía ni idea en qué consistiría.

Aquel viernes llegó y resulta que el concurso consistía en hacer un equipo de 3 personas con otros participantes y crear, durante todo el fin de semana, una propuesta de negocio que se presentaría el domingo ante un jurado. Si el jurado consideraba que durante el fin de semana habías demostrado calidades de emprendedor, estabas dentro. Y, así fue como entré dentro de una incubadora de startups. Aquí parece que el siguiente paso natural sea crear Hannun y trabajar para llegar donde estamos hoy, pero no es así, todavía no.

Una vez empecé dentro de la incubadora, los primeros días eran de formaciones, tanto de negocio, como de validación de ideas, marketing, etc. Después vendría la parte de formar tu equipo y decidir qué idea llevaríais a cabo, donde acabamos juntándonos 3 emprendedores para crear una start-up que vendería coches on-line.

«La situación era diferente, empezaba a saber qué quería y que no quería»

Habíamos visto que Amazon lo empezaba a hacer a UK y creíamos que era una buena oportunidad empezarlo aquí y venderle la empresa en unos años a Amazon, lo veíamos clarísimo en aquel momento. Durante aquellos días me di cuenta que emprender era algo que requería el 150% de un mismo y que si la idea no te motivaba muchísimo, mejor dejarlo. Me  di cuenta porqué la idea no me hacía vibrar como para despertarme cada día con la energía que requería un proyecto así. Finalmente, tomé la decisión de apartarme del proyecto, con la intención de no molestar a mis compañeros y que ellos pudieran seguir. Esto coincidía también con que en casa no se estaba recibiendo muy bien esta decisión mía de emprender.


«¿
Con la carrera que has estudiado y todo el que habías conseguido profesionalmente ahora te pones a hacer esto?” Esta era la frase más comentada en casa aquellos días. Así pues, decidí volver a mi vida anterior del sector de desarrollo de negocio farmacéutico y aceptar una oferta laboral económicamente buenísima.

Volvía a verme con el traje, un lunes a primera hora, en una oficina, reportando a unos superiores y trabajando por los sueños que otro había tenido hacía tiempo. Gracias a los días que había pasado en la incubadora, me di cuenta que esta lectura que estaba haciendo era diferente a la que hacía antes, me daba cuenta que había gente que años atrás había tenido un sueño, una ilusión, una idea y lo había llevado a cabo.

El resto de las personas de aquel edificio trabajábamos para ayudarle a conseguirlo. Y, así fue cómo decidí que no podía seguir por aquel camino, yo también quería ser aquel hombre. A las 5 de la tarde, fui a la persona de recursos humanos y le intenté explicar la situación, diciéndole que me sabía muy mal, que sabía que les había hecho perder el tiempo pero que no me esperaran al día siguiente. La chica, como era de esperar, no entendía nada.

Esto me vuelve a llevar a un punto que ya había vivido unas semanas antes, volvía a estar en la calle. Pero la situación era diferente, empezaba a saber qué quería y que no quería. También sabía que si quería ir por el camino de emprender requeriría de mi 150%, por lo tanto, más me valía encontrar una idea motivadora.

Mueble Hannun

Todo esto coincide que con mi compañera de piso, vivíamos en un dúplex y solo ocupábamos dos de las tres habitaciones. Como que no teníamos la intención de tener un tercer compañero decidimos poner la habitación em Airbnb. Para poder poner un precio alto, hicimos algún mueble en plan DIY (Do it yourself), hicimos buenas fotos y lo colgamos e la plataforma. Todo salió rodado, empezaron a alquilar la habitación y nos pagaba la mitad del alquiler del piso entero. De hecho, el piso había quedado tan bonito que agencias de publicidad intentaban reservar el piso para rodar anuncios y, fue en aquel momento, cuando lo vi claro. Aquel tipo de mueble DIY de madera maciza gustaba y realmente no había ninguna marca o empresa que los vendiera.

Y así fue como me tiré a validar la idea del que hoy seria Hannun. Cogí fotos de Pinterest, de aquel tipo de mueble que personas se habían hecho en su casa y las colgué directamente en Wallapop; si había pedidos sería la señal que a la gente no solo les gustaba sino que estaban dispuestos a pagar por aquel mueble. Sinceramente, para mí era una prueba más dentro de todas las veces que había intentado validar ideas como aquella. Una vez hube colgado unas 20 fotos a Wallapop, me  desentendí unos cuántos días. Aproveché aquellos días para descansar puesto que hacía años, desde que había empezado a trabajar el primer día después de la Universidad que no había estado sin trabajo y quería disfrutarlo. Al cabo de unos días, recordé que había colgado unas fotos en Wallapop, y como quien mira si tiene mensajes a Whatsapp, miré si alguien me había preguntado por alguno de aquellos muebles. Mi sorpresa vino cuando no solo tenía mensajes sino también personas que me estaban confirmando la compra y que esperaban que los enviara el producto. En aquel momento salté del sofá, cogí el coche y fui directo al Leroy Merlin a comprar la madera y aperos para empezar a fabricar las primeras estanterías. En aquel momento, como estaba solo, pues todo lo hacía yo, también la entrega a domicilio del producto, fueron unos días muy divertidos.

Ya tenía la idea validada, había encontrado personas dispuestas a pagar por aquello que hacía. Ahora vendía la segunda fase, hacer una empresa de aquella idea. En mi casa alucinaban, no entendían nada. Su hijo o su hermano que, que había estudiado ingeniería y que tenía una carrera profesional prometedora, estaba fabricando muebles y entregándolos con su coche.


Mi hermana me ayudó a crear la marca y la comunicación. Abrimos una cuenta de Instagram y empezamos a colgar las mismas fotos mientras hacíamos cada día stories de cómo fabricaba los productos y hacíamos bromas con los followers. Además, siempre he pensado que la gente quiere lo que tienen sus ídolos y este era el momento perfecto para comprobarlo. Decidimos regalar un par de muebles a influencers para que hicieran difusión de la marca. En aquel momento no imaginábamos el poder que podría tener aquella acción, pero pronto lo vimos. De golpe, centenares y miles de nuevos followers empezaban a seguirnos. Nos hacían preguntas sobre los muebles, los acabados y los colores y los plazos de entrega y, si les convencía, al final hacían el pedido por el mismo chat de Instagram. Era sencillamente bestial.

«Decidimos regalar un par de muebles a influencers para que hicieran difusión de la marca. En aquel momento no imaginábamos el poder que podría tener aquella acción»

Ya tenía la idea validada, había encontrado personas dispuestas a pagar por aquello que hacía. Ahora vendía la segunda fase, hacer una empresa de aquella idea. En mi casa alucinaban, no entendían nada. Su hijo o su hermano que, que había estudiado ingeniería y que tenía una carrera profesional prometedora, estaba fabricando muebles y entregándolos con su coche.

Mi hermana me ayudó a crear la marca y la comunicación. Abrimos una cuenta de Instagram y empezamos a colgar las mismas fotos mientras hacíamos cada día stories de cómo fabricaba los productos y hacíamos bromas con los followers. Además, siempre he pensado que la gente quiere lo que tienen sus ídolos y este era el momento perfecto para comprobarlo. Decidimos regalar un par de muebles a influencers para que hicieran difusión de la marca. En aquel momento no imaginábamos el poder que podría tener aquella acción, pero pronto lo vimos. De golpe, centenares y miles de nuevos followers empezaban a seguirnos. Nos hacían preguntas sobre los muebles, los acabados y los colores y los plazos de entrega y, si les convencía, al final hacían el pedido por el mismo chat de Instagram. Era sencillamente bestial.

Justo en el momento que la marca empezaba a hacer ruido, Demium Startups, la incubadora de startups donde había estado, me llamó para decirme que estaba haciendo una marca muy interesante y, que si yo quería, ellos estaban interesados al incubar el proyecto en la sede de Barcelona y, así fue. Durante los próximos meses y con la incorporación de mi hermano, llevamos el proyecto dentro de la incubadora donde nos aconsejaron día a día, nos formaron y nos pusieron los primeros 25.000€ para poder invertir en publicidad y profesionalización de la empresa. El siguiente paso sería presentarnos a inversores, con los cuales en 2018 cerramos la primera ronda de inversión en la que recogimos 220.000€.

A día de hoy Hannun ha crecido muchísimo, en los últimos 6 meses hemos pasado de ser 6 a 26 trabajadores y de enviar solo a España a tener pedidos de toda Europa. Aun así, la esencia es la misma, muebles de madera maciza hechos a mano con mucho de amor y comunicándolo a la comunidad de la manera más amigable posible. Ahora estamos cerrando la segunda ronda de Hannun, donde recaudaremos 500.000€ y donde la empresa ya está valorada en 3 millones de euros.

 

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