Cada vez son más las personas que se preocupan por su salud, por ello cuidan de llevar una alimentación lo más sana y equilibrada posible. El problema surge a la hora de hacer la compra.

Habría que preguntarse si los productos con los que llenamos nuestro carro son realmente todo lo sano que pensamos, ya que muchas veces parece más importante que el envase sea bonito aunque lo que contenga sea de mala calidad, quizás en otros objetos varios no tenga demasiada importancia, pero en el caso de que vaya a ser consumido, debería importarnos lo suficiente como para planteárnoslo seriamente. Es entonces cuando nos dejamos llevar por los típicos “0%”, “sin azúcar” o “100% natural”, entre otros, que nos absorben con su encanto porque suenan tan bien, que parece que si te los comes no vas a engordar y tu salud te lo agradecerá. Pero, ¿es esto cierto?

Por ejemplo, muchos productos que dicen no tener azúcar, llevan el llamado aspartamo, que no es más que un endulzante sintético, porque si no sabe rico, la gente no compra, pero eso sí, lo de “cero azúcares” que se vea bien en la etiqueta, aunque sea tóxico. La mayoría de las veces no nos paramos a pensar en todo lo que pueden llevar ese tipo de productos ni nos ponemos a leer los envases.

-Nos dejamos llevar por los típicos “0%”, “sin azúcar” o “100% natural”-

Está comprobado que una larga jornada de trabajo laboral agota a cualquiera y si lo hacemos continuamente no nos daremos recuperado de un día para otro, porque nosotros queremos tener nuestro tiempo libre ya que la sobrecarga de trabajo no es buena ni mental, ni físicamente, pero… ¿Qué hacemos nosotros con nuestro cuerpo? A menudo lo sobrecargamos de trabajo sin darnos cuenta, hasta que empieza a dar algún que otro aviso, detalles que a veces pueden pasar desapercibidos y no lo asociamos con la alimentación.


Hoy en día estamos rodeados de multitud de enfermedades, ya sean alergias, problemas en la piel, vista, pelo, y un largo etcétera, que tienen una estrecha relación con la alimentación. El caso es que el cuerpo reacciona con cada sustancia que le aportamos, ya sea buena o mala, los órganos encargados de depurar nuestro cuerpo realizan su función hasta que no pueden más y empiezan a mostrar signos de cansancio; necesitan un tipo de alimentación más “limpia”, para que así trabajen lo justo y necesario sin sobrecargarse, cuando esto ocurre, es cuando el cuerpo empieza a manifestarse, diciendo “basta ya, necesito trabajar más relajado”.

Con el tiempo, nuestro organismo reacciona a las pequeñas dosis de pesticidas y demás químicos que consumimos diariamente en nuestras frutas, hortalizas y legumbres, igual lo hace con las hormonas o los antibióticos que se le suministran a diario a las aves de corral, de las que nos tomamos su carne y sus huevos, o a los cerdos y terneras, de los que consumimos la carne y la leche y derivados, el pescado de piscifactoría, o el del mar, algunos con altas dosis de mercurio, por culpa de la mano del ser humano, empeñado siempre en conseguir el bienestar propio, a costa de contaminar todo el planeta. Todo esto viene derivado de las abusivas prácticas agrícolas e industriales actuales, en una sociedad de consumismo descontrolado.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que estamos en un bucle y muchos de nosotros intentamos buscar una salida, una alternativa a tanto producto químico. En este punto empezamos a consumir los llamados productos ecológicos, es decir, sin las sustancias químicas ni aditivos comunes en los productos convencionales.

“Lo normal debería ser lo ecológico.”

Los productos ecológicos suponen para nosotros una mayor calidad alimentaria, ya que es lo más natural, y nos brindan mayor sabor y son más ricos en nutrientes. Este tipo de alimento no es necesario enriquecerlo con vitaminas como se viene haciendo de unos años para aquí. Cada vez más gente se anima a introducir en su dieta estos productos, ya que, además de disfrutarlos más, gracias a su sabor más natural, si se consumen de forma equilibrada, se está surtiendo al organismo con los nutrientes necesarios para el día a día sin dañar nuestros órganos.

De momento, para distinguir estos dos tipos de productos se utilizan las palabras “ecológico”, “orgánico” o “biológico” y “convencional” o “normal”, pero, pensando coherentemente, lo normal debería ser lo ecológico, ya que no es muy normal que la carne de un pollo tenga un color blanquecino y una textura exageradamente blanda y carente de sabor, o que una manzana tenga un brillo espectacular y al raspar la piel, salga una especie de cera, y si no pelamos esa fruta, nos estaremos comiendo algo más que una manzana, pero no tenemos información de qué es exactamente esa sustancia.


Los productos ecológicos, ya sean vegetales o animales, se caracterizan por ser productos libres de pesticidas, plaguicidas, transgénicos, hormonas, etc. Por lo que su producción es más costosa en tiempo y dinero, por ello sus productos son ligeramente más caros que los convencionales. A pesar de su precio, a día de hoy, este tipo de alimentación se está haciendo hueco en los hogares de las personas que se preocupan por su alimentación y el bienestar del medio ambiente. Además, hay que sumar un importante crecimiento en las alergias e intolerancias a ciertos tipos de alimentos, por ello, en estos casos, es recomendable una alimentación lo más sana y natural posible.

Por otra parte, existe una parte de la población que todavía es escéptica con este tema, ya que dicen que aunque una naranja producida por el sistema convencional contenga menos vitamina C que una ecológica, no importa, ya que aunque tenga menos, la tiene, lo que pasa que este tipo de gente no tiene una visión general de lo que esto supone, sólo ve la cantidad de vitamina C, pero no ve las dosis de químico que puede llevar esa naranja convencional.

Lo que para muchos dice ser una “moda”, para otros es una inversión en salud, porque hay que comer 5 veces al día durante 365 días al año, durante toda nuestra vida, no es una idea tan descabellada que nos preocupemos por ello un mínimo, ¿no?

Noelia Martínez

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