En el mundo literario los fantasmas existen, hablamos de los de carne y hueso: escritores fantasmas, más conocidos como ghostwriters. En este artículo, explicaremos los límites y la ética. Es decir, hablaremos sobre las personas que tienen un gran manejo de las palabras: narradores, cronistas, periodistas, estudiantes de Letras que, a cambio de dinero, escriben libros para otros.

El escritor fantasma o ghostwriter es una persona física que escribe un libro que saldrá publicado con el nombre de otra persona. No usa seudónimos, no aparece en el copyright, no firma ejemplares. O sea, solo necesita contar con los recursos materiales para realizar el trabajo para quien lo contrata. Los géneros más recurrentes en el que se desenvuelve son el autobiográfico y la ficción.

Vale aclarar de arranque que el trabajo del escritor fantasma se trata de una tarea como cualquier otro: que tenga el nombre de otro autor no se considera una especie de fraude. Es decir, es una cuestión ética, porque se trabaja con la persona que va a aparecer como autora del libro. A esta persona se le pregunta cómo habla y expone, cómo narra, qué es lo que necesita comunicar.


Asimismo, no es algo denigrante. Es decir, es un trabajo con presupuesto porque se puede investigar la temática a tratar. La relación entre el fantasma y el producto de su trabajo necesariamente es particular. De la boca para afuera todos dicen lo mismo: una vez entregado el texto, si te he visto no me acuerdo.

El primer paso del ghostwriter una vez asumido el trabajo es la de ejercitar la escucha. El desafío por el que se les paga es ser el otro por escrito. Para eso, cuanto más tiempo pase con él, mejor. A su vez, quieren saber todo sobre el protagonista porque cuanto mejor conozcan su mundo, su lenguaje, más verosímil será la escritura.

Un segundo paso sería el momento de engordar la historia, de sumar caracteres, que es otra parte fundamental del trabajo. Antes que eso, el desafío será hacerse pasar por el otro. Un gran ejercicio para ello es ver entrevistas y adivinar cuál será la respuesta. Así se va metiendo en la cabeza del fantasmeado.

Existen distintas alternativas para el ghostwriter: un editor le propone escribir sobre temáticas con aceptación en el mercado o libros con los manuscritos mal escritos que trae alguien y que saldrán firmados por esa persona. En la mayoría de los casos, es un paso previo antes de ser un autor.

Mencionamos “autor” pero no su definición. En ¿Qué es un autor?Michael Foucault [1] explica que la palabra “autor” es una idea moderna. A Foucault no le interesan los autores, como lugar de autoridad y origen, pero es importante el autor y las prácticas que hacen que se dé el discurso. Sobre el discurso menciona que tiene marcas que dan cuenta de que hubo un autor. Ahí es donde aparece el ghostwriter y rompe la figura de autor como género.

Pierre Bourdieu [2] (2016) saca a flote el papel del autor como mero medio productor y reproductor de los bienes simbólicos de las esferas de poder. Estas son reducidas por las reglas del arte de cada dominio artístico, intelectual o comercial. Es decir, el autor es un vehículo de las expresiones sociales, construido por ellas, y que circulan con independencia de él.


Para desenmascarar esta postura, Bourdieu reubica la categoría de autor en las condiciones materiales y discursivas de su producción. El actuar del autor solo se coordina con la esfera o campo de poder a través del habitus. En esta estructuración, el autor es un elemento más de los bienes que se negocian en el mercado y su función es reproducirlo para reproducirse en él, para seguir existiendo.

El problema de estos trabajos surge cuando en la profesión se encuentran personas dispuestas a hacer el trabajo de escritura sin cobrar. Esto desvaloriza la actividad y el cliente se malacostumbra a que todo se haga “de onda”.

Dicho lo anterior, y más allá de las diferentes posturas sobre el tema, los ghostwriters coinciden en considerar la escritura como un trabajo remunerado. Esto rompe con la idea romántica de una literatura independiente del mercado. Es una labor digna para un escritor que no puede vivir de los ingresos que le da lo que escribe por convicción.

La cuestión principal es tener la técnica para saber escribir varios géneros y en poco tiempo. Existen páginas que aparecen avisos clasificados en los que escritores ofrecen sus servicios para escribir un libro. Además, hay otros beneficios, como pueden ser el ejercicio de la escritura, adquirir oficio o incorporar vocabulario de los temas que van solicitando.

Al pensar los límites del ghostwriter, podemos pensar en una restricción acordada, pero dentro de eso puede que existan muchas libertades si el escritor logra ejercer de guía y delimita bien su margen de acción. Lo que quizás coarte esa libertad es que muchas veces tiene que cumplir los anhelos de gente que, equivocada en casi todos los casos, supone que tiene algo interesante para contar.

El trabajo está bien hecho cuando el escritor fantasma se puede meter en distintos personajes y en los zapatos del empleador que le paga. O sea, se transforma en una especie de psicoanalista, tiene que ayudar a que el autor (oficial) arme el relato.

Otro de los trabajos del fantasma es la de coching literario. Cada día utiliza más los servicios de la autoedición de crear el libro propio de la mano de profesionales de la literatura. A estas personases les es difícil enfrentar la frustración de la página en blanco, porque escribir un libro requiere mucho tiempo y esfuerzo.

Por último, la lista de famosos que en los últimos tiempos contrataron escritores fantasmas es enorme, pero ahí aparece la ética de la persona para no divulgar dicho contrato. Es decir, no hay manera de acceder a esos nombres. Son secretos encadenados a estrictos contratos de confidencialidad.

En conclusión, el ghostwriter se va a encarga de la historia que tenemos que contar y de inventar una estructura que facilite la lectura y despierte interés. Su mano invisible ampliará las ideas del protagonista, pulirá sus sensaciones, generará tensiones en el relato y, cuando haga falta, inventará algo. A su vez, los detalles, las vivencias, las confesiones que le cuenta el empleador se guardarán de por vida.


Referencias

 

[1] Michel Foucault (Poitiers, Francia, 15 de octubre de 1926 – París, 25 de junio de 1984) fue un filósofo, historiador de las ideas, psicólogo y teórico social francés.

[2] Pierre Bourdieu (Denguin, 15 de agosto de 1930 – París, 23 de enero de 2002) fue uno de los más destacados representantes de la sociología contemporánea.

 

Bibliografía

 

Bourdieu, P (2016) La distinción, Buenos Aires, Editorial Siglo XXI.

Foucault, M (2016) ¿Qué es un autor?, Buenos Aires, Editorial Siglo XXI.

 

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