Nota: Este relato es un hecho real narrado por su protagonista.

Amanece en Madrid y faltan pocos minutos para las ocho de la mañana del 7 de enero de 1953.

Pepito ha cumplido 7 años hace poco menos de un mes, nació el 11 de diciembre de 1946. Esta mañana está algo nervioso, como todos los años al día siguiente a la noche de Reyes, por ver los regalos. Pero esta vez además está inquieto porque de madrugada le han despertado unos extraños ruidos procedentes del comedor.


Su casa es un cuarto (en esta época aun no se utiliza la palabra apartamento) de cuatro por cuatro metros cuadrados, es decir, dieciséis metros cuadrados en los que caben dos dormitorios con la cama muy encajada, un pequeño comedor y una no menos pequeña cocina. Todo sin puertas, la única puerta del cuarto es la que comunica con un pasillo-especie de corrala que lleva a un retrete de uso común a los vecinos de otros cuatro cuartos, que conviven compartiendo un grifo en el lado opuesto del pasillo donde cogen agua para sus necesidades.

Pepito, al ser despertado por los ruidos a eso de las dos de la madrugada, se ha levantado y ha visto a su padre trabajando en un tablero con regleta, dándole nogalina.

Su padre, “el Sr. Pepe” como todos le conocen y llaman, ha tenido que traer su banco de ebanista y sus herramientas al comedor del cuarto, no podía pagar el sitio que ocupaba en el taller del Sr. Santana en la calle de Martín de Vargas. Corren malos tiempos para los autónomos en esta posguerra.

El Sr. Pepe hace mesas de comedor de patas serradas-contraserradas, faldón y tablero de nogal con moldura, barnizadas a muñequilla con piedra pómez como tapaporos y goma laca, “lo más” para las tiendas de muebles.

Al Sr. Pepe y Teresa, su mujer, todo el barrio les conoce juntos desde niños por Cascorro.
Cascorro, para quien no lo sepa, es una plaza madrileña que debe su nombre a los héroes de guerra de Cuba, la estatua de Eloy Gonzalo es conocida por el nombre  de la localidad cubana de Cascorro, y aquí nace la Ribera de Curtidores, es decir el Rastro Madrileño, que también para quien no lo sepa, es un mercadillo que se llama Rastro debido a que hace más de quinientos años había un matadero y la reses dejaban un rastro de sangre después de ser degolladas.

El Sr. Pepe como Guardia de Asalto, algo similar a la actual Guardia Civil, luchó por la República y Teresa, como muchas mujeres, siguió a su hombre al frente, esperando en retaguardia su regreso. El Sr. Pepe se dice anarquista, el pobre realmente no sabe qué es eso, de hecho se casó con Teresa por la iglesia, nada más terminar la guerra civil, ha bautizado a sus dos hijos –Pepito tiene una hermana cinco años mayor que él- y ambos han hecho su Primera Comunión.

Sigamos con nuestra historia: Pepito ya se ha levantado y busca, como todos los años, lo que le han traído Los Reyes Magos. Y “¡OH SORPRESA!” “¡CARAMBA!” que magnífica pizarra con su paquete de tizas blancas para colocar en la regleta de dicha pizarra. Cuánto le recuerda al tablero en el que trabajaba su padre al despertarse esta madrugada.

Acaba de saber, acaba de conocer a su REY MAJO.


Madrid, junio de 2016

 

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