Aprovechando de nuevo los fantásticos días en los que el cine tiene un precio razonable, había escogido la cinta del director Denis Villeneuve para entretenerme en esas dos horas y cuarenta y cuatro minutos que dura la película basada en el universo creado por Philip K. Dick. Era el primer trabajo que veía del director canadiense y por lo visto, no sé si será el último.


La película nos traslada al 2049, una época donde los coches siguen volando a través de rascacielos gigantescos y anuncios holográficos. K (Ryan Gosling), un Blade Runner, se dedica a seguir con la ardua tarea empezada por
 Rick Deckard (Harrison Ford) de cazar modelos obsoletos de replicantes (seres humanos creados a partir de bioingeniería), con la misma sangre fría que tiene un asesino en serie. En uno de estos trabajillos realiza un importante descubrimiento que le llevará a un sorprendente hallazgo que no quiero rebelar, pues es lo único que mantiene en vilo a los espectadores de la película. Ni los actores, muchos conocidos y otros debutantes, no están a la altura de una película de semejante calibre. No por ser una superproducción de más de 160 millones de dólares, sino por ser una película de culto. Muchos de los que conocíamos la precuela de esta cinta y disfrutamos con ella, salimos claramente decepcionados con el resultado final. No es que un Ryan Gosling de gesto perpetuo, una Robin Wright poco creíble o Harrison Ford en horas bajas tuvieran toda la culpa de ese fiasco. Cuando la mejor actuación del largometraje recae sobre Dave Bautista (un tipo que hace unos años iba en calzoncillos sobre el ring) la cosa no pinta bien. No estoy menospreciando con estas palabras que el ex -luchador no tenga madera de actor, pues ya ha demostrado su valía en otras cintas (Spectre, Guardianes de la Galaxia). Incluso Ana de Armas requiere una mención especial por su trabajo. Lo que estoy insinuando es que los actores que llevan una larga trayectoria en el cine, no han conseguido llevar la película a buen puerto con su interpretación.

Ana de Armas en Blade Runner 2049. El Magacín.

No ayuda nada un guion poco elaborado y un ritmo parsimonioso del largometraje que lleva al espectador al más absoluto aburrimiento. Tan solo había que echar un vistazo a la sala para darse cuenta de que el espectador estaba más pendiente de la pantalla de su móvil que la de la sala de proyección, lo que da una clara idea de hasta que punto la cinta se vuelve insufrible después de la primera hora.

Si tuviera que resaltar algo de esta cinta sería la fotografía de Roger Deakins, el único que ha sabido respetar la herencia de Blade Runner. Cada uno de los planos son impresionantes, cuidando cada detalle, la iluminación y la profundidad de los escenarios. Me haría pósteres y más pósteres con cada uno de sus planos para llenar con ellos las paredes de mi habitación, como hacían las quinceañeras con sus revistas de famosos adolescentes. Merece toda mi admiración y mi respeto.


Como de costumbre, tengo por norma mirar alguna que otra crítica para ver si hay alguien en este mundo también haya sentido esa profunda decepción por algo que había imaginado en mi cabeza de otra manera. Se que siempre peco de los mismo, las precuelas siempre suelen decepcionar, pues uno ya lleva en su cabeza un preconcepto que raras veces es superado. Mi sorpresa fue encontrar que muchos de los críticos más reputados del sector han alabado la cinta y me pregunto si he sido yo y mi preconcepto el culpable de mi desdicha. Pero pensándolo con detenimiento sin arriesgarme a pecar de presuntuoso diré que los críticos y el vulgo (entre los que me incluyo) nunca parecen estar de acuerdo. Cuando la cinta tiene un enorme tirón, la crítica la tilde de bodrio insufrible. Pero cuando la gente bosteza cuando acaba de ver una película que solo entiende el director (a mí me pasó con el Árbol de la Vida de Terrence Malik), la crítica la vitorea y la eleva a los altares.

Harrison Ford de joven y de viejo en Blade Runner 2019. El Magacín.

Con Blade Runner 2049 ha pasado lo mismo y no dejo de darle vueltas en mi cabeza, pensando en que igual no he sido bendecido con el don de ver más allá de un guion aburrido y decepcionantes escenas sin sentido. Quizás tuviera que haber nacido en la época en la que había extensas escenas manteniendo el mismo plano como muy bien hacía el maestro del cine western Sergio Leone. O quizás sea algo más sencillo, aunque más pernicioso. Puede que los críticos alaben una película porque así parecen que están hechos de otra pasta, que están por encima del mortal que disfruta con las películas de acción en vez de cintas iraníes con subtítulos en arameo. No sé. Si quieren mi humilde opinión de cateto aficionado al cine, no recomendaría ir a ver esta cinta, o al menos pagar por verla. Aprovéchense de ese amigo que quiere mostrarle su nuevo televisor de tropecientas pulgadas ultra HD con sonido envolvente y ha caído en la trampa de comprarse el Blu-Ray dejándose guiar por las críticas. Así no saldrán con un gesto de decepción en su cara, como he salido yo. También evitarán las quejas de sus amigos, a los que arrastró aquel día gracias a sus alabanzas a la precuela, donde algunas de las escenas marcaron un antes y un después en la industria del cine. Menos mal que ese día las entradas estaban baratas, sino nadie me hubiera librado de invitar a un par de rondas para pasar el mal trago.

Por suerte para mí, (durante la fiesta del cine) pude ver otra película que me dejó un buen sabor de boca, Barry Seal. Me pareció una cinta la mar de entretenida, con un ritmo trepidante, absurdas escenas de humor y un correcto trabajo de Tom Cruise.

Desde hoy seguiré un nuevo mantra: “Debo dejar a mi hermano que vea la película antes que yo”. Me fio más de su ojo crítico que el de los gurús del séptimo arte, pues desde que lo hago nunca me he llevado un fiasco.

 

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