Siempre se ha hablado sobre las clases de “personas tóxicas” que debemos evitar lleguen o se queden en nuestro entorno y así evitar el que se vean afectados nuestros proyectos o nuestras relaciones laborales, personales, familiares etc.En el presente artículo quiero referirme a las personas egocéntricas, aquellas que creen que siempre deben ser el centro de atención y nadie puede “igualar” ni mucho menos “superar” tal nivel de atención.

Por una experiencia que recientemente viví, una persona egocéntrica no siente respeto ni mucho menos afecto sincero por las personas que la rodean, que sí manifiestan un respeto y afecto sincero.

“Las personas egocéntricas se vuelven más tóxicas cuando se encuentran con alguien que consideran que las pueden superar a nivel afectivo, laboral, etc.”

Para vanagloriarse delante de otras personas, a las personas egocéntricas no les importa descalificar a quienes llaman amigos y burlarse de los sentimientos “amorosos” que alguien pudo en algún momento manifestarle; tales descalificativos son dichos hasta en presencia de esas personas con tal “gracia” que para algunos podría pasar como un simple chiste y siempre están averiguando todo sobre su entorno, así no sea de su incumbencia.

Para las personas egocéntricas, sus descalificativos y comentarios malintencionados los toman como “expresiones o comentarios cotidianos” y no caen en cuenta del daño que pueden causar, por simplemente mantener la “atención del mundo” sobre ellas.


Las personas egocéntricas se vuelven más tóxicas cuando se encuentran con alguien que consideran que las pueden superar a nivel afectivo, laboral, etc. y combinan el egocentrismo con la envidia.

Siempre se ha pensado que la envidia es desear lo que otro tiene, yo pienso que no es así, la envidia es querer que lo que la otra persona tiene, no lo tenga.

Yo fui “víctima” de una persona egocéntrica, una persona que le decía a todo el mundo que yo no era solamente su abogada sino que también era su amiga.

Bastó que yo empezara a “llamar la atención” en su ámbito laboral (un medio de comunicación), recibir halagos e incentivos para entrar en ese medio, para que esta “amiga” empezara a decir comentarios despectivos, intentar hacerme quedar mal y no respetar el compartir que yo podría tener con las personas de ese medio.

Su envidia fue tal, que no disimuló su molestia cuando le dije que iba a hacer un curso relacionado con el medio de comunicación e intentó sabotear mis estudios, diciendo que era aburridísimo el curso que quería hacer; es decir, intentó desmotivarme.

Es tal el “desespero” de las personas egocéntricas por no perder en ningún momento la “atención del mundo” sobre ellas, que no piensan en las consecuencias que pueden traer sus palabras y sus acciones. En mi caso particular, yo hubiese podido y todavía puedo ejercer acciones legales en contra de la persona egocéntrica que tuvo hacia mi persona comentarios despectivos, intentar hacerme quedar mal y no respetar el compartir que yo podría tener con las personas de ese medio.

Si no tomé nunca la decisión de ejercer acciones legales es porque yo conocí el pasado de esa persona y el momento en su vida personal por el que estaba pasando, y comprendí que es una persona “emocionalmente perturbada” y por lo tanto no valía la pena tales acciones, esa persona solamente es digna de lástima por no saber enfrentar sus “duelos” como dirían los psicólogos y en consecuencia, desperdiciar los talentos y virtudes que posee.


Lo insólito de todo esto, es que esa persona reconoce que es egocéntrica y siendo de conocimiento público que el tener esa “cualidad” no es sano para la persona ni para su entorno, no hace nada para mejorar como persona y eliminar esa cualidad, sino todo lo contrario, se alimenta de ella.

Después de que pasaron varios momentos desagradables, yo me alejé de esta persona y cuando hubo un “reencuentro”, fue tal el descaro de esta persona, que me saludó como si nunca hubiese pasado nada; como dije anteriormente, para las personas egocéntricas, sus descalificativos y comentarios malintencionados los toman como “expresiones o comentarios cotidianos” y no caen en cuenta del daño que pueden causar, por simplemente mantener la “atención del mundo” sobre ellas.

El descalificar, decir comentarios malintencionados y mentir se vuelve algo “natural” para las personas egocéntricas, por lo que pareciera que les cuesta entender el por qué una persona se aleja de ellas.

Tal “incomprensión” les causa una inmensa molestia a las personas egocéntricas y es allí cuando sí actúan (hablando en términos legales) con premeditación y alevosía, diciendo mentiras, olvidando que entre el cielo y la tierra no hay nada oculto y lo que no se supo hoy, se sabrá mañana.

Esta clase de personas creen que su entorno no se da cuenta de su gran falsedad, ya que se muestran como personas “exageradamente buenas” y siempre dispuestas a ayudar y salvar al prójimo… Las mentiras tienen patas cortas.

No todas las personas se darán cuenta de inmediato, pero en algún momento lo harán. Esta persona en particular ignora que ya muchos se dieron cuenta de su falsedad e hipocresía y que simplemente le “siguen la corriente”, cree que todos han caído en su juego.



Para concluir, si bien es cierto que no podemos estar desconfiando de todo el mundo, debemos estar “alertas” sobre esas personas que se muestran “exageradamente buenas” y siempre dispuestas a ayudar y salvar al prójimo… Estad atentos a sus comentarios hacia uno y hacia su entorno.

Lamentablemente ¡siempre habrá un lobo disfrazado de cordero!

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Abogada Especialista en Derecho Administrativo (UCV). Libre Ejercicio. Docente Universitario. Asesora Externa. Locutora. Caracas. Venezuela.