Desde los días de Pericles de los Palotes en los que una griega espartana dejase plantada a un filósofo griego en el altar (el famoso Plantón, de ahí su apodo, ya que realmente se llamaba Federico), el mundo de las bodas (“weddings”) ha cambiado mucho. Hay toda una serie de rituales que hay que conocer en inglés por si alguien habla del tema y no queremos dar la impresión de que nos educaron bajo una lechuga.


Las “bodas” (“weddings”) y todo lo que hay que pasar para acabar casado (“married”)

Todo empieza el día que uno de ellos decide “pedirle matrimonio” (“to propose”) a la otra persona, y con ocasión de una cena romántica en un Tvpizza se hinca de rodillas y le pregunta a la otra persona (que no al pizzero) si quiere casarse con ella (a esto le llaman “to pop the question”, como si fuera sacar un corcho de la botella). Si la otra persona dice que sí, ambos pasan a estar comprometidos (“to be engaged”) y en sus perfiles de Facebook deben de cambiar su status de “novio / novia” a “prometido / prometida” (“fiancé / fiancée”, así, con acento y todo) para dejar claro que ya están fuera del mercado de la carnaza solteril (“to be off the market”). Lo normal es que le dé un anillo de compromiso (“engagement ring”) que no es el mismo que el de casados y cuya diferencia es tener un pedrusco del tamaño del amor que se profesen. El mío era de cristal de botellín de cerveza y ella lo descubrió esa misma tarde al ir a empeñarlo para comprarse una bicicleta nueva.

A partir de ahí empieza la hecatombe. Los amigos se empeñaran en organizar una despedida de soltero o de soltera (“bachelor party” o “stag party” para ellos, “bachelorette party” o “hen party” para ellas) y las amigas de ella además organizaran un “bridal shower”, que no consiste en darle una ducha a la novia por oler a castaña descompuesta sino que es una fiesta intima para darle regalitos de pequeño valor y comer bombones rellenos de atún o de garbanzos.

Cómo preparar una boda. El Magacín

Lo peor son los preparativos de la boda, que son tan estresantes que algunas novias se convierten en monstruos tiránicos capaces de destruir una ciudad de tamaño medio como Alcorcón, y por eso se les llama “bridezilla” (fusión de “bride” y “Godzilla”). En esta fase se mandan las invitaciones (“wedding invitations”) para la boda, y se indica eso de “RSVP” (viene de “répondez s’il vous plait”) que se traduce por algo así como “dime si vas a venir o te mando a un matón a que te rompa las piernas”. Si en la invitación viene algo como “+1” (leído “plus one”), significa que puedes llevarte un acompañante.

Si la familia aguanta el tirón sin deportar a la novia a Siberia, llegará un momento de organizar el ensayo de la boda, y a continuación una cena íntima con los que han ensayado que se llama “rehearsal dinner”, a la que asiste el “wedding party”, que no es la fiesta de boda sino el grupo (“party”) de gente que forma la corte de honor de la ceremonia de la boda.

Llegado el gran día (“the Big Day” como le llaman ellas a este día), desde el amanecer hasta que se casen y pasen a ser “newlyweeds” (“recién casados”), el novio y la novia son “groom” y “bride”, y según el ritual de cada país se pondrán ellos su esmoquin (“tuxedo”) y ellas su traje de bodas (“wedding dress”) y se dirigirán a la iglesia o al lugar elegido para la ceremonia de bodas.

Qué regalar original en una boda. El Magacín.

En algunos países cada uno irá por su lado y se llevan a su guardia pretoriana particular por si tienen que hacer frente a un comando que intente secuestrarles o a un ataque de musarañas venecianas antibodas. La escolta de la novia son las damas de honor (“bridesmaids”) que suelen ser las amigas solteras y suelen ir vestidas igual para no quitarle protagonismo (“to steal the thunder”) a la novia. El novio se sobra y basta con su padrino (“best man”) que es ese viejo amigo con el que intercambiaba porno canadiense antes de conocer al amor de su vida (aunque luego lo sigan haciendo pero a escondidas).

En la ceremonia se harán cosas raras como recitar los votos (“exchange their wedding wovs”) que son promesas como “nunca me comeré el último yogur de la nevera si lo guardabas para ti” y cosas así. En algún momento se preguntará si alguien conoce algún impedimento para que la boda tenga lugar (con la formula “speak now or forever hold your peace”) y luego los novios dirán eso de “I do”, que en español es el “sí, quiero”. Finalmente vendrá el “ring bearer” que no es Frodo con el anillo único (aunque se le llame igual) sino una niña con los anillos de bodas (“wedding rings”) que no tienen pedrusco como el de compromiso.


A la salida de la iglesia se les suele echar arroz (a ser posible que no esté cocido, por lo que no valen los restos de la paella del domingo anterior) y se sacrifica una cabra bizca y virgen en un volcán antes de ir al banquete de boda (“wedding reception”), donde lo fundamental es que haya barra libre (“open bar”) para que los invitados se puedan alicatar de lo lindo y aplaudir al discurso (“speech”) y brindis (“toast”) que pronunciará el padre o el padrino al final del banquete, aunque en el discurso hable de la evolución del euribor a medio plazo.

La cosa no acaba aquí, ya que al acabar el banquete lo normal es que los novios se vayan de luna de miel (“honeymoon”) a un sitio romántico como Chinchilla de Montearagón o la isla de Krakatoa en plena erupción volcánica. Sin embargo, antes de marcharse es obligatorio que la novia tire el ramo de flores (“bouquet”) a las solteras para que se despellejen entre ellas por cogerlo ya que al parecer la que lo coge será la siguiente en acabar de pagar la hipoteca, o en el caso de los solteros se lanza la liga de la novia (“the bride’s garter”), lo que es de tan buen gusto como comer turrón con chorizo.

Detalles de novios en unas bodas. El Magacín.

Lo suyo sería decir que aquí se acaba la historia y “vivieron felices y comieron perdices (o tofu si uno es vegano)” (“and they lived happy ever after”), pero aún quedan protocolos por cumplir. Uno de ellos es revisar los regalos recibidos con ocasión de la boda y que normalmente formaban parte de la lista de bodas (“gift registry”) ya que lo normal será mandar una carta de agradecimiento (“thank note”) para que el que hizo el regalo se asegure de que ha llegado y de que no se lo quedó la empresa de mensajería porque el mensajero tiene un pasión inusitada por coleccionar tostadoras de pan del todo a cien de las que se regalan en la boda.

 

Un artículo de El Clemente Inglés
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