Muchas historias no aparecen en el telediario. Masacres en el Congo, miles de niños muriendo de hambre en Sierra Leona… son noticias que ya no caben en la primera página: ha salido otro IPhone.


¿Por qué? es por la llamada agenda-setting.

¿Qué es la agenda-setting?

La agenda-setting es un invento de occidente para que la población se sienta mejor y se olvide de cuáles son los problemas reales. La teoría de la agenda-setting establece que los medios de comunicación de masas eligen sus portadas en función de aquello que consideran más importante para construir una agenda de la que debemos de ser conscientes.

Y ¿qué hacen los medios con todo aquello que les sobra, que no cabe en las páginas centrales? ¿Qué criterio siguen para decidir cuáles son las noticias más importantes? Al final los medios de comunicación son empresas y la finalidad de cualquier empresa es conseguir más ingresosPara ganar dinero con un medio este tiene que tener claro su target, su audiencia, para poder enfocar sus contenidos de manera que sean interesantes y, de esta manera, se vendan más ejemplares y ampliar su audiencia.

“El problema pasa por engañarnos día tras día diciendo que el problema no es nuestro, que las mujeres violadas no son nuestras mujeres”

Según una investigación de la Universidad Jaume I de Castellón, tan sólo un 28.8% por ciento de los jóvenes entre 16 y 30 años consume prensa escrita. En el mismo sentido, otros estudios apuntan que el 25% de los jóvenes de edades comprimidas entre los 25 y los 34 años prefieren leer las llamadas soft news, que se caracterizan básicamente porque son noticias que no afectan profundamente al lector. También se conocen como cat news (noticias de gatos), así que la temática de estas piezas informativas es fácil de adivinar.

La oferta se basa en la demanda y el público pide evasión, así que la única estrategia de mercado posible es el de las soft news, dejando en el exilio a noticias como las de las violaciones masivas en Sudán del SurLo conocido es la nueva verdad absoluta. Aquello que nos rodea se ha convertido en aquello que nos importa. Y ¿por qué va a interesarse la población por algo que no le importa ni a sus líderes?


Parecía que los líderes de opinión habían desaparecido del panorama, pero en realidad, todavía queda quien confía ciegamente en los medios y en sus políticos. Esto, en realidad, no debería de ser un problema, ya que tanto políticos como periodistas trabajan por el bienestar de los ciudadanos. Los primeros tomando decisiones de gobierno que nos permitan vivir más cómodamente y haciendo de nuestro mundo un lugar mejor, y los segundos trabajando como vigilantes del poder y transmisores de información.

“En occidente las palabras se nos dan bien, pero somos todavía mejores apartando la mirada”

La información debería ayudar a la sociedad a elegir mejor, a vivir mejor, a formarse una opinión que les permita moverse por el mundo. Sin embargo, actualmente, “vivir cómodamente” se ha convertido en una excusa. “Primero ayudamos a los de casa y después nos ocupamos de los de fuera” y, bajo este lema egoísta, no se cumplen las políticas de refugiados y se margina a comunidades de inmigrantes enteras porque “nos vienen a robar los puestos de trabajo”, entre otros motivos. Una vez más, hay que mirar hacia la actualidad con una mirada reflexiva y con la absoluta certeza de que todo lo que está sucediendo ahora probablemente tiene un precedente en la historia. Pero claro, hemos dejado de estudiar la historia como algo que se puede repetir y la hemos relegado a la categoría de cuento sobre épocas peores.

Mirando hacia el pasado, los movimientos migratorios se han dado con tanta asiduidad que sería imposible enumerarlos todos. Nuestros ancestros dejaron su tierra africana para buscar otros lugares donde establecerse o donde viajar en busca de oportunidades de cultivo y de caza o en busca de un tiempo más agradable. Una vez estos llegaron a Asia, más tarde decidieron seguir avanzando hasta la actual Europa. No eran extraños. No eran africanos, ni asiáticos, ni europeos. Eran humanos en busca de la tierra prometida.

El problema pasa por engañarnos día tras día diciendo que el problema no es nuestro, que las mujeres violadas no son nuestras mujeres, que los hombres asesinados a sangre fría no son nuestros hombres, que los refugiados víctimas de guerras terribles no son nuestros hermanos y hermanas.

La tierra prometida se ha convertido en un lugar hostil en apariencia amigable, porque en occidente las palabras se nos dan bien, pero somos todavía mejores apartando la mirada.



Para poner un ejemplo claro, no hay nada más sencillo que mirar hacia España, que se comprometió a acoger a 17.387 refugiados pero que, finalmente, sólo ha acogido a 1.212, poco más del 11%.

Decir que a nadie le importa es estúpido, porque sí hay gente muy preocupada por este tipo de situaciones. Gente que se va a Grecia a ayudar en campos de refugiados, gente que organiza manifestaciones masivas, grupos de música que donan parte del beneficio de su trabajo a causas solidarias, gente que se va a África para explicar lo que pasa desde allí, porque para comprender algo, hay que vivirlo.

Todavía hay gente a quien le importa.

Sí, todavía hay gente a quién le importa, pero todavía hay muchos que no saben o que no quieren saber o que están tan metidos dentro de su burbuja de información que tienen miedo de salir de ella.

Hay que explotar la burbuja y, no sólo eso, hay que romper el pote que contiene el jabón. En una época donde el poder es tan aparentemente inamovible no basta con zarandear el barco, hay que estrellarlo sobre las rocas y bailar sobre la cubierta en llamas. Y no hablo de disturbios, no hablo de golpe contra el poder, hablo sobre cuestionar las estructuras establecidas. Es como aquello de que el capitalismo es un buen modelo para una sociedad, pero sólo porque no se conoce uno mejor. Pues de la misma manera, los medios no pueden basar su oferta simplemente en la demanda, no podemos vivir de evasión o acabaremos por necesitar un rescate de verdad. Tenemos que vivir con la certeza de que todo lo que estamos haciendo hoy, tendremos que explicárselo mañana a nuestros descendientes y espero que el día de mañana tengamos una buena historia que contar.

 

 

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