Quatro paredes caiadas, um cheirinho à alecrim, um cacho de uvas doiradas, duas rosas num jardín… sobre lo entrañable de una típica “casa portuguesa” (que así se titula esta bonita canción) escribió en 1953 Artur Fonseca y se convirtió en una de las tonadas más reconocibles -y bonitas- de la historia de la música lusa.

Y es que acerca de la belleza, hospitalidad y riqueza cultural de Portugal quedan pocas cosas por escribirse, salvo quizá que un pedacito de la misma sorprende a los viajeros desde nada menos que la República Popular de China. Si la fusión cultural de Kuala Lumpur, de la que ya os hablamos hace algún tiempo, os hizo valorar la seria posibilidad de hacer la maleta y viajar a Asia, preparaos para sumergiros -aunque sea a través de estas palabras- en una de las ciudades más mágicas que se pueden visitar, Macao.

Por ubicarnos: hablamos de una península y dos islas situadas frente a Hong Kong que desde 1956 fueron territorio portugués, puerto próspero y la puerta de entrada de influencias europeas en China. Hoy en día ostenta un régimen administrativo un tanto peculiar: es China, pero con matices.

Esta “Región administrativa especial” es todo un oasis para el ocio en medio de la estricta China, con excepciones legales que han permitido el florecimiento de una -en ocasiones literal- réplica de la ciudad de Las Vegas. Así es, en la anciana China, Macao es la ciudad del juego. Y los edificios más enormes, lujosos y extravagantes ofrecen diversiones de lo más variado a los asombrados visitantes.


Pero Macao es mucho más que sus resorts de alta gama con casino: es una ciudad llena de rincones mágicos, una gastronomía sorprendente y mil enclaves desde los que tomar la foto perfecta. Os vamos a preparar un breve recorrido con el que podréis disfrutar de sus monumentos.

A Macao os podéis desplazar en ferry desde la propia Hong Kong, de hecho, desde allí podéis contratar una visita organizada. Pero la extensión de la ciudad y el transporte público os pueden facilitar una visita por vuestra cuenta.

Una vez allí os recomendamos empezar vuestro paseo por todo lo alto, para disfrutar de una vista única y de un museo que os adelantará mucha información sobre la historia de la ciudad: empezamos subiendo a la Fortaleza Do Monte. A unos 400 metros de altura podréis visitar esta edificación construida por los jesuitas entre el 1617 y 1626 y armada con cañones en todo su perímetro.

Allí arriba las vistas y el museo deben ser vuestra prioridad: las primeras para dejaros sorprender por la belleza que os rodea y el segundo porque os hará entender dónde estáis y qué ha ocurrido a lo largo de los siglos para que Macao sea lo que es hoy en día.

Cañón portugués en Macao. El Magacín.

Desde allí iremos encaminándonos hacia el centro histórico de la ciudad. Os avisamos antes de empezar: Macao es una ciudad muy densamente poblada y un auténtico laberinto, pero es perfectamente posible disfrutarla por vuestra cuenta y encontrar los lugares emblemáticos.

Podemos empezar por las ruinas de la Iglesia de San Pablo, lugar de fotografía obligada y una joya de la arquitectura local.

Ruinas de la Iglesia de San Pablo en Macao. El Magacín.

Junto a ésta, no os perdáis un templo budista muy interesante (Na Tcha). Las ruinas de San Pablo mantienen erigida una magnífica fachada en lo alto de una escalinata y constituyen el corazón de la ciudad antigua. Desde allí también tenéis cerca una de las puertas de la vieja muralla jesuita (ya que la Compañía de Jesús fue clave en la construcción de lo que hoy es Macao).

Vuestra siguiente parada será la Plaza del Senado, patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro para turistas y locales. Se trata de una plaza adoquinada rodeada de bonitas fachadas restauradas y desde allí se abren mil posibilidades de callejeo y también de degustación de la increíble cocina macaense.

Y si hay una calle que merezca la pena recorrer ésta es la Rúa da Felicidade (justo a las espaldas de la plaza): decenas de puertas rojas en una callejuela estrecha que alberga multitud de tiendas y pequeños restaurantes. Hubo un tiempo en que estaba menos transitada que el resto del centro y proporcionaba unos instantes de paz en los que dejarse llevar por la belleza de la arquitectura. Hoy en día está incluida en cualquier ruta a pie por Macao así que armaos de paciencia o iniciad la visita muy temprano.

Rúa da Felicidade en Macao. El Magacín.(Imagen: www.macaulifestyle.com)

Vale la pena que os paréis a comprar en alguna de las pastelerías de esta calle, y empezar a conectar con los sabores locales.

El siguiente tesoro arquitectónico es el primero no portugués de la lista, se trata del templo de A-Ma, una deidad taoísta muy relevante. Junto con la Casa del Mandarín, el templo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura típicamente china y en muy buen grado de conservación. Ambos merecen la visita y un buen número de fotos.

Templo de A-Ma en Macao. El Magacín.

Si tras vuestro recorrido sentís hambre, podéis decantaros por probar platos de pescado con marcada tradición lusa o probar en puestos callejeros fideos y camarones al más puro estilo chino. En cualquier caso estamos seguros de que quedaréis gratamente sorprendidos. Encontraréis locales que podrían exisiter en la mismísima Oporto, con mucho sabor atlántico, y en casi todos ellos podréis culminar vuestro día por Macao con un pastelito de nata.

Si queréis incluir la ruta de los casinos en vuestro viaje os recomendamos permanecer algún día más en Macao, para poder sacar el máximo partido tanto a sus salones de juego como a sus múltiples atracciones. Y quizá la última noche en la ciudad podáis volver al punto de partida, subir a la Fortaleza do Monte y ver la puesta de sol sobre las abigarradas callejas, las iglesias coloniales y los locos rascacielos de los casinos (en especial el del Grand Lisboa). Estamos seguros de que os cautivará.

Puesta de sol desde la fortaleza de Macao. El Magacín.(Imagen: www.teacherjennie.com)