Quatro paredes caiadas, um cheirinho à alecrim, um cacho de uvas doiradas, duas rosas num jardín… sobre lo entrañable de una típica “casa portuguesa” (que así se titula esta bonita canción) escribió en 1953 Artur Fonseca y se convirtió en una de las tonadas más reconocibles -y bonitas- de la historia de la música lusa.