¿Quién no ha tenido sueños de astronauta? Para toda una generación las series como Star Trek, La guerra de las galaxias o Superman invitan a imaginar cómo podría ser la vida si pudiéramos viajar libremente por otros planetas. Estos dos personajes debieron pensar algo parecido, pero con una diferencia: ellos se propusieron hacer realidad este sueño espacial. Lo que pasó fue que, cuando ese prodigio tecnológico empezaba a ser alcanzable, el mundo estaba en guerra y, por encima de ensoñaciones infantiles, se impuso la dura realidad de vencer al enemigo.


Los dos ingenieros nacieron en lugares que les obligaron a luchar en bandos opuestos. Si la humanidad hubiera tenido la posibilidad de hacerles colaborar, de formar equipo compartiendo sus conocimientos y sus ambiciones exploratorias, ¿hasta dónde habríamos llegado?

Ambos tenían rasgos de carácter extrañamente coincidentes. Aunque nunca pudieron conocerse en persona, los dos empezaron a interesarse por la aviación como si fuese un síntoma de su locura espacial. Sergei Pavlovich Koroliov había nacido en Zhytomyr, una capital de provincias de Ucrania poco importante. Cinco años después llegó al mundo Wernher von Braun en otra ciudad poco importante llamada Wyrzysk, a poco más de 1.000 kilómetros de distancia. Entonces, ese territorio pertenecía al Imperio alemán; ahora, queda dentro de Polonia.

“Al terminar la Segunda Guerra Mundial, los dos acabaron como prisioneros”

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, los dos acabaron como prisioneros. Von Braun, por colaborar con los nazis; Koroliov, por la traición de uno de sus colaboradores y el afán frenético de Stalin de purgar a los contrarrevolucionarios. Sin embargo, el mundo quedó dividido en dos bloques que resolvieron sus diferencias ideológicas tratando de seducir al resto de mundo con su superioridad científico tecnológica. En el momento en que se demostró que el espacio exterior era la nueva frontera y, a la vez, el nuevo campo de batalla, ambos fueron llamados a colaborar con los dos contendientes: Von Braun, para la Nasa; Koroliov, para el Ejército Rojo.

Von Braun y Adolf Hitler. El Magacín.

A partir de ese momento tuvieron que dar la mejor versión de cada uno, mostrando tanto capacidad técnica como dotes de liderazgo. El reto de adaptar los cohetes para fines militares, la necesidad de dotarles de más potencia y las dificultades de entrada y salida del campo magnético de la tierra, requerían la colaboración de científicos, técnicos y especialistas de diferentes materias. Este personal altamente cualificado solo podía trabajar en equipo si confiaba en un líder capaz de guiar sus esfuerzos hacia la consecución de un fin, una meta que exigiera lo mejor de todos ellos, aun a costa de cometer costosísimos errores para que, algún día, toda la especie humana nos pudiéramos sentir orgullosos de lo alcanzado por unos y otros.

El último de sus paralelismos se produjo en el momento de su temprana muerte (59 años Koroliov, 65 Von Braun), ambos de cáncer. El primero, en un oprobioso anonimato que duró tantos años como quisieron las autoridades soviéticas. El otro, con el reconocimiento público que se reserva a unos pocos escogidos.


LAS BIOGRAFÍAS DE AMBOS PERSONAJES

En el caso de Koroliov, destaca su solitaria infancia, en la que pronto despuntó como lector precoz, rasgo que le ayudó a sobreponerse a las penurias de la época. Pese a que fue sentenciado a 10 años de cárcel por Stalin, nunca le tuvo rencor; más bien le admiraba y le exculpaba de toda responsabilidad por su injusto caso. Este rasgo bien pudo deberse a la necesidad de reconciliarse con su padre (a quien creyó muerto cuando, en realidad, les había abandonado a él y a su madre por razones económicas).

En el trabajo era muy meticuloso y concienzudo con los detalles, llegando a aglutinar una gran cantidad de información para canalizarla en un proyecto viable. Tenía un gran carisma para lograr recursos ante los políticos. En palabras de Jrushchov: «podías ver su pasión ardiendo en sus ojos». Sin embargo, era cercano con los trabajadores de a pie, a los que visitaba con frecuencia para recompensar adecuadamente sus esfuerzos. Sabía escuchar todas las opiniones hasta forjarse la suya propia, siempre asumiendo toda la responsabilidad de los resultados, fueran buenos o malos. También desarrolló una faceta como divulgador, escribiendo con el seudónimo de «Profesor K. Sergeev» en programas de televisión y guiones de cine.

Fue enterrado en la muralla del Kremlin. Sin embargo, su tumba no destaca tanto como otras, por ejemplo, la de su mentor Andrei Tupolev (que pude visitar en el cementerio de Novodevichi).

El pionero aeronáutico ruso Korolev. El Magacín.

La infancia de Von Braun fue radicalmente distinta porque vino al mundo en una familia aristocrática que pronto le facilitó una educación relevante. Él también fue un lector precoz que con cuatro años podía leer, según su padre, un periódico de cabo a rabo. La relación con su madre fue especialmente estrecha, lo que probablemente tuvo que ver con el desarrollo de unas dotes de seductor que le acompañaron toda su vida.

Con 21 años manifestó su deseo de entrar en las SS, pero no ingresó hasta los 28. Esta faceta pone de manifiesto un lado oscuro de su pasado que ha sido convenientemente puesto en segundo término por las autoridades estadounidenses, aunque ¿quién está libre de veleidades nazis en la Alemania de Hitler? Alcanzó el grado de coronel y, probablemente, fue testigo de algunas atrocidades, como la explotación del trabajo esclavo. Fue director del Centro de cohetes de Peenemünde hasta el final de la guerra, donde logró lanzar las bombas V-1 y V-2, que a punto estuvieron de causar un vuelco en el resultado final.


Se entregó al ejército de Estados Unidos en mayo de 1945 y fue enviado a América como parte de la «Operación Paperclip». También desarrolló, como su homólogo soviético, una faceta de divulgador, colaborando como asesor técnico de Walt Disney en la serie de televisión Man in space. En 1955, se convirtió en ciudadano estadounidense y, en 1958, fue trasferido a la NASA, donde desarrolló el cohete más potente y fiable que se haya construido hasta la fecha: el Saturno V, con el que se pudo enviar y traer con vida a los primeros astronautas que pisaron la Luna. Obtuvo un amplio reconocimiento público y estuvo cerca de volar al espacio cuando, en 1968, participó con gran deleite en una prueba de gravedad cero.

Murió en Washington pocos meses después de jubilarse, en 1977. En su lápida hay una mención bíblica: «Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos».

Von Braun pionero espacial de Estados Unidos. El Magacín.

La historia aún tiene que poner algunas cosas en su justo sitio. Pese a que los Estados Unidos se proclamaron ganadores de la carrera espacial, los soviéticos fueron los que se apuntaron los primeros tantos, como la puesta en órbita del Sputnik (el primer satélite espacial) y la salida del primer cosmonauta fuera del campo gravitacional (Yuri Gagarin).

Sus personalidades merecen nuestra atención porque, gracias al espíritu de estos dos soñadores, los pobladores de este planeta hemos tomado conciencia del espacio que realmente ocupamos en el universo y lo importante que es cuidar de nuestra casa común hasta que podamos abandonarla por otro proyecto de humanidad, en algún lejano lugar.

 

Que ambos descansen en paz

Un artículo de Alejandro Mora
Psicólogo y bloguero
Guerrafria.eu

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