Siempre he sido una inconformista. Considero que uno merece vivir la vida como realmente quiere, sin trampas ni cartón, sin hacer las cosas porque lo dicta la sociedad o por presión, en definitiva ser sincero con uno mismo, y sea lo que sea lo que se tenga en mente, ir a por ello.

Por eso hace 4 meses me metí en un avión rumbo al otro lado del mundo, la parte más alejada de mi tierra, España, dejando atrás toda mi vida hasta ese momento; amigos, familia, trabajo, cosas materiales, zona de confort, etc.


Escribo este artículo, precisamente pensando que pueda ayudar, motivar o dar el empujón a aquellos que estáis pensando hacer un gran cambio en vuestra vida como el de ir a vivir al extranjero. El proceso hasta llegar a tomar una decisión determinante puede ser difícil; algunas personas a tu alrededor te toman de ”loco”, te invaden las dudas un día sí y otro también, dudas del tipo: ¿Por qué no me conformo con lo que tengo? ¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Tomé la mejor elección? Creedme sé lo que se siente, y por eso mismo creo que contaros mi experiencia desde que decidí irme a vivir y trabajar a Nueva Zelanda puede ayudaros. Quiero contaros todo lo que he descubierto desde el minuto 1 cuando pisé este maravilloso y desconocido país para mí, lo que me ha aportado, todo lo que estoy aprendiendo y cómo toda esta experiencia puede cambiar radicalmente la vida de uno, todas las cosas que nadie me contó y que me hubieran venido muy bien escuchar en ese momento en que estaba tomando una de las decisiones más importantes de mi vida.

1. Todo se ve más fácil una vez allí

Tienes la idea en la cabeza y llega el día que decides verbalizarla, hacerla realidad y empiezas a enfocarte en ella. Sea donde sea donde decidas irte, empiezas a informarte de todo acerca del destino; visados, oportunidades de trabajo, billetes de avión, información general del país, dónde llegar, qué hacer al principio, cómo moverse, convirtiéndote en todo un estratega para que todo salga ”perfecto”. Empiezas a ahorrar como si no hubiera un mañana, vendes o te deshaces de tus cosas materiales, informas a todos de tu decisión, te despides de los tuyos, compras cosas que crees que te van a ser útiles allí: lo tienes todo controlado pero al final te llegas a dar cuenta que los mejores planes son los “no planes”

Muchas cosas de las que planeé antes de irme no salieron como yo pensaba y no lo planteo como algo negativo, sino todo lo contrario. La conclusión es que pensamos demasiado, le damos demasiadas vueltas a todo y luego yo he descubierto que lo mejor es dejar que las cosas fluyan por sí solas. Puede que no encuentres productos que antes podías comprar en España como Cacaolat, aceite de oliva o mi marca de gafas de sol Deraway, pero no importa. Mi consejo es que no te preocupes más de lo necesario, confía en que tienes la capacidad para hacer y resolver todo aquello que se te presente por el camino, una vez llegues allí déjate sorprender y no lo lleves todo tan organizado. Sé que puede dar algo de vértigo, pero piensa que empiezas en un país nuevo con un sinfín de posibilidades.

Tongariro Esmerald lakes

Tongariro Esmerald lakes

2. Aprendes a vivir el momento de verdad. Cambias la preocupación por la ocupación y el vivir

Te atreviste a dejarlo todo e irte, en mi caso a la otra punta del mundo, empezaste de cero, un país entero por descubrir, personas por conocer, planes por hacer, así que ¿para qué preocuparse?

Cuando vivía en mi ciudad no me daba cuenta de la facilidad con la que ponemos el automático en nuestras vidas: de casa al trabajo, del trabajo a casa, los fines de semana salir, quedar con los amigos o cine, la misma rutina, las mismas conversaciones y, además en mi caso, ver como tu país va cayendo económicamente y mantener una vida digna y llegar a fin de mes se convierte en algo cada vez más difícil.

Si llegas hasta este punto es porque buscas algo más, buscas un ”nuevo comienzo”, así que aprovecha, explora, siente, vive, construye y reconstruye tu camino.

Ahora siento que vivo el momento y me fijo en los pequeños detalles, las pequeñas cosas, y el ritmo lo pongo yo. Dejas de preocuparte, te das cuenta de la cantidad de tiempo que solemos perder preocupándonos de temas que no son realmente importantes o en “problemas” que solo existen en nuestra mente.

3. Te sorprendes de la capacidad de adaptación que tiene el ser humano

O como dice la expresión: ”aprendes a sacarte la castañas del fuego”. Ya viví en otras ciudades españolas pero Nueva Zelanda me puso a prueba. Con todas las personas que he conocido en este tiempo que llevo en el país, coincidimos en que Nueva Zelanda tiene algo, un punto de locura, todo puede cambiar en cuestión de “cero coma” así que no existe plan alguno y todo va surgiendo solo. Esto creo que se puede aplicar a cualquier país extranjero al que uno se traslada a vivir.

Yo llegué a la isla sur después de pasar unas semanas en un Homestay con una familia kiwi en la isla norte y donde fui directa a la recogida de cherries (cerezas), algo que explicaré más adelante en mi blog y con lo que leí que se ganaba mucho dinero en poco tiempo. La experiencia fue muy dura, además tuve problemas para conseguir el IRD (número que necesitas para trabajar). El caso es que no duré más de 1 semana. Tenía planeado irme con un amigo, después de la cherrie season (temporada de recogida de cerezas), a viajar por la isla sur y luego buscar otro trabajo en una granja. Nada de esto salió como yo esperaba, así que tuve que pensar y decidir rápido, abandoné las cherries y con mi mochila me fui a vivir Queenstown, donde vivo actualmente. Aquí he trabajado en un hotel, un restaurante y he vivido en un una habitación de muy pocos metros cuadrados y durante 2 meses en una tienda de campaña. Además he tenido que espabilarme hablando en inglés con la administración pública acerca de temas algo técnicos en el trabajo. He vivido una vida nómada hasta hace muy poco; sin rutina y sin nada fijo.

Nueva Zelanda Habitación

4. Desarrollas tu intuición al máximo

Y debido a la variabilidad, vulnerabilidad y cambios que sufres en un país extranjero desarrollas más que nunca tu intuición al máximo. No os preocupéis, ni os alarméis por lo que os he explicado en el punto anterior, cierto es que siempre habrá momentos más complicados que otros, pero ¡sigo viva! más viva que nunca y rebosante de felicidad. Recuerda que llegas a un lugar nuevo por lo que necesitarás un tiempo de adaptación, para buscar y encontrar tu sitio. No es nada más que eso, mira siempre el vaso medio lleno porque al fin y al cabo todo es experiencia y crecimiento personal. Además cuando te encuentras solo en un país extranjero, el instinto de supervivencia sale, ¡os lo aseguro!. De alguna manera la intuición sale a flote y aprendes a decidir con rapidez, a deshacer planes y empezar otros, a detectar antes en quien confiar y en quien no, a moverte, etc.

Solo hay que confiar en uno mismo, quizás la parte más difícil, dejarse llevar como antiguamente viajaban los exploradores: sin rumbo fijo y con brújula. Puede dar miedo pero una vez que te decidas y empieces a vivir de esta manera podrás solucionar y enfrentarte a cualquier tipo de situación y no lo verás como algo negativo. No hay día que no me levante sonriendo. Desafortunadamente, desde pequeños nos han enseñado a hacer las cosas y a comportarnos dejando bajo llave nuestra intuición. Se libre de dejarla salir y explorar y vivir el mundo con tus propios ojos.

Nueva Zelanda con amigos

5. Aprendes más inglés en 2 meses que en una vida entera en España.

¿Qué nivel de inglés me van a pedir? Esto es algo que todos tememos a la hora de querer hacer las maletas e irnos con lo puesto a otro país. Entonces es cuando aparecen todas nuestras inseguridades: no tengo buen nivel, no podré optar por ningún trabajo, no me voy a entender con la gente de allí, etc.

En mi caso, partía de una buena base de inglés pero he conocido gente que no se defiende tan bien en inglés, e incluso gente que venía con un nivel cero, pero al final te sorprenderías de lo que somos capaces, todos hemos mejorado muchísimo en muy poco tiempo. Yo misma me sorprendo trabajando en un restaurante de cara al público, cuando en el pasado siempre me decía a mi misma: ”no digas tonterías, ¿cómo te van a dar un trabajo sin un inglés perfecto?

Es normal sentir cierta inseguridad pero os aseguro que vayas con el nivel que vayas, y te quedes el tiempo que te quedes, aprendes un inglés que ni te lo crees, ya que es un curso intensivo acelerado. En 1 mes he visto como personas con un nivel bajísimo o que no sabían nada, han avanzado de manera desorbitada su capacidad de expresión y vocabulario.

Así que no es un tema que deba preocuparos tanto, es mucho más fácil de lo que parece. Cosa que, por otra parte, reafirma mi visión un tanto terrorífica de la educación española.

Tienda de campaña en Nueva Zelanda

6. Conoces a gente de todo el mundo

Una vez llegas al país de destino te das cuenta que no eres el único loco que llegó prácticamente con lo puesto, después de decidir irse dejándolo todo. Hay muchísima más gente que hizo lo mismo, gente de todas partes del mundo. Es una muy grata experiencia poder encontrar y conocer otras personas con las que en cuestión de unos días, o incluso unas horas, puedes tener más conexión que con tus amigos de toda la vida y,  parece que esto solo ocurre cuando te vas a vivir al extranjero. La explicación es que la mayoría de la gente a la que conoces tienen algo en común contigo; comparten tu misma manera de ver la vida y mucho más que ideas. Además uno está más abierto que nunca a conocer, a escuchar, a dejarse sorprender y por qué no, cambiar la percepción de ciertas cosas, pensamientos que antes veías de forma muy clara que eran de una manera y que de repente alguien le da un vuelco a tus esquemas mentales. Todo se vive más intenso. 

Es increíble la de amigos que he hecho, cada uno con su propia historia y su propio motivo que les trajo a vivir a Nueva Zelanda, gente de todas partes del mundo, con más o menos edad, que vino sola, en pareja o con amigos y que no puedo hacer mas que sacarme el sombrero por ellos y decir: ¡olé!

Nueva Zelanda cena con amigos

7.  Es el mejor ejercicio para encontrarse con uno mismo. Aprendes a estar solo.

Somos seres sociales por naturaleza por eso a veces forzamos el estar acompañados y evitar así estar solos. Creedme, estar solo es uno de los mejores ejercicios para conocerse uno mismo en profundidad, no hay mejor terapia, incluso me atrevo a decir que uno tiene que aprender a estar solo. Y, aunque viajas solo, en realidad nunca llegas a estarlo o al menos yo nunca tengo esa sensación, porque en tu camino se cruzan muchas personas y cada una de ellas te aporta y te enseña algo, incluso en un periodo corto de tiempo. Así que mi consejo es no tener miedo a explorar el mundo sólo, verás como por el camino te vas encontrando y conociendo a ti mismo y al final terminas compartiendo esos momentos con personas maravillosas.

8. Te das cuenta de que hasta ahora vivías en un “micromundo”

No soy una persona muy apegada a mi tierra, obviamente me siento mallorquina pero siempre me he considerado una persona demasiado inquieta como para quedarme en Mallorca toda mi vida. Creo que lo que voy a decir lo entenderán aquellas personas que vivieron o viven en el extranjero. No es que el lugar que dejas lo consideres peor lugar, simplemente que cuando vives en otro país te aporta tanto a nivel personal y un bagaje tan descomunal, que uno se llega a dar cuenta que ese lugar donde vivía antes, se queda pequeño, un ”pueblo” con costumbres demasiado establecidas, una vida demasiado rutinaria y un crecimiento muy limitado para una persona con mis inquietudes. Las mismas conversaciones con la misma gente que, aunque es gente a la que quieres con locura, están dando vueltas en un mismo bucle de rutina, donde al día siguiente va a pasar lo mismo que el día anterior. Ahora, en Nueva Zelanda, es todo tan diferente, vives en constante movimiento, con multitud de vivencias y experiencias que te nutren día tras día, con la adrenalina a flor de piel.

 Nueva Zelanda Mount Cook

Mount Cook

9. Sentimientos encontrados con lo que dejaste atrás

Otra cosa que uno se plantea es todo lo que va a dejar atrás: familia, amigos, vida anterior. La realidad es que hay momentos en que echas de menos algo de tu anterior vida, pero a la vez no tanto como pensaste. Quizás es necesario sentirlo así, porque sino, ni yo ni nadie se movería hasta la otra parte del mundo. Es muy curioso como hablando con gente en mi misma situación, coincidimos en que no llegamos a tener ese sentimiento tan fuerte de añoranza y tampoco te sientes mal por sentirlo así. En realidad, aprendes a vivir con ello.


Hay un punto de desconexión, porque realmente es como si estuvieras viviendo en otro planeta, todo es nuevo para ti, y poco a poco ya no te sientes tanto de allí; te sientes de todas partes y de ninguna a la vez. Gracias a las nuevas tecnologías, con los “Skypes”, los mensajes de voz, las fotos y vídeos que mandas a los tuyos y que ellos te mandan ti, no tienes esa percepción de que estas tan lejos de tus seres queridos. Obvio que el choque cuanto más tiempo pasa, más fuerte es pero la vida sigue y, recuerda que es tu vida y la gente que te quiere te apoyará en tu elección o al menos eso debería. Aprendes a que no puedes estar en todos los sitios al mismo tiempo ni amarrarte a algo para siempre. Te sueltas y te dejas ir.

10. Te das cuenta de lo afortunado que eres y empiezas a agradecer todo lo que te pasa

Yo tuve la suerte de conseguir un visado al que sólo podemos optar 200 españoles al año, y así pude irme a vivir a Nueva Zelanda. Desde el minuto uno que pisé este país no me ha dejado de aportar cosas buenas y sobretodo crecimiento personal y muchas experiencias inolvidables. La chica que se fue con una mochila sobre sus hombros ha cambiado, ha tenido que borrar y formatear algunos de sus esquemas para dar paso a otros; algunos los ha reafirmado y hay otros que ha tenido que aprender. Cada día que pasa, no hago más que agradecer a la vida por estar trazando y viviendo mi vida como realmente quiero, sintiéndome libre de hacer y deshacer, y sobretodo haciendo todo aquello que me hace feliz. Algunos podréis estar en desacuerdo, y pensar que lo dejé todo y que es una locura, pero ¿acaso la vida no es eso? ¿y qué mejor que poder vivirla siendo dueño de tus propias decisiones?

Nueva Zelanda Piha Beach

Piha Beach

Con este artículo, espero haber resuelto algunas de las dudas que te hayan surgido y haber sacado el valiente que hay en ti. Si aún así todavía no te has decidido, te dejo mi guía práctica para irte a vivir al extranjero y no morir en el intento. Ahora ya no hay excusas, solo te queda decidir donde quieres irte y, si decides, como yo, que Nueva Zelanda es tu lugar, aquí estoy, en Queenstown, para tomarme algo contigo 🙂

Viajera, creativa, inquieta y chica friki de pies a cabeza. Me apasiona viajar a países desconocidos, bailo claqué, soy cinéfila empedernida y me gustan los videojuegos y el manga.

Tengo un blog y un vblog en youtube donde cuento mis idas y venidas, idas de olla, reflexiones y demás cosillas mientras viajo con mi mochila y voy con mi mejor sonrisa por el mundo. Nací inquieta, que se le va a hacer. Buen rollo, energía y positivismo ante todo!

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