Tenemos que estar informados. Parece una letanía de los medios, hay que saber que pasa en el mundo. ¡Es importante!

Levanto una ceja, la otra un segundo después y así, con ambas levantadas me pregunto: ¿Por qué tengo que saber?

¿O es acaso la percepción de las personas que somos bombardeadas con noticias, de las que ni siquiera podemos estar seguros que sean verdad?


Encender la televisión, leer un periódico o simplemente navegar un rato en la internet, puede hacernos pensar que el día del juicio final está próximo. Sin embargo, revisando historia antigua o moderna, nos damos cuenta que la violencia entre los seres humanos fue, es y seguramente será por mucho tiempo, una forma de imponer credos, ideas y política, sin tomar en cuenta el sufrimiento.

      “El mundo parece un nido de avispas al que un demente dio una patada.”

Y la pregunta: ¿por qué tengo que saber?, toma una connotación diferente.

Defensa propia, mental al menos.

Si vemos nuestro círculo amistoso, laboral, vecinos, seguro algunos de ellos serán personas bien informadas, con lo último de CNN en la punta de la lengua. Participarán en charlas de nivel cultural medio y alto, lo que en ciertos círculos además de ser bien visto, es casi una necesidad para pertenecer.

Hay también dentro de ese mismo círculo, quienes prefieren vivir la vida sin contaminarse con noticias que les afectan, de hechos que no pueden cambiar. Se les conoce por dos cosas notables; primero, suelen ser relegadas de los grupos cultos, informados. Segundo, son o al menos parecen ser, más felices que el resto.

Estar informado es estar al día, atento al latir del planeta. Desinformado, es estar literalmente desconectado, con el riesgo de pasar por un insensible ante la problemática mundial. Saber se convierte entonces en una lápida, un pecado nuevo. Para unos es una forma de interactuar, escalar socialmente, políticamente en muchos casos. Otros lo ven como una innecesaria forma de amargarse la vida, con problemas que saben existen, pero no están preparados o capacitados para ayudar de forma alguna, a solucionar.

Como todos los días, nos levantamos con una idea muy humana, vivir ese día como si fuese el último, gozando, riendo. ¿Se puede tener un día de esa calidad, si al desayunar vemos un noticiero o leemos la prensa? Lo dudo. Entonces, suponiendo que las noticias amarillistas, ciertas o no de la prensa, afectan nuestro estado de ánimo, debemos pensar que buscar ser felices con sufrimiento y sangre ajena en la cabeza, es muy difícil. Esto hará, como consecuencia, que nuestros círculos sean influenciados por nuestro estado de ánimo.

En pocas palabras, nos levantamos, nos duchamos silbando o mal cantando, para sentarnos a la mesa con un par de huevos de desayuno, mientras la información invade nuestras neuronas.  Sin entrar en detalles, el día se va al carajo… junto al de nuestros familiares y compañeros.

Tenemos que tomar una decisión de vida, de paz mental o participación total.


Paz mental significa aislarse. Dejar de ver noticieros con gente destripada, atropellada, ametrallada; no tener acceso a cifras de gente hambrienta, enfermos o esclavizados. No tomar un periódico más que para limpiar los vidrios de las ventanas o encender fuego para una carne asada. Alejarse de las personas que parecen disfrutar temas catastróficos, para no ser contaminados por su hambre de saber, para interactuar.

Participación es estar al último grito de las noticias. Poco o nada podemos hacer para cambiar los hechos. Hechos que, pasaron por varios filtros antes de llegar a nosotros, que fueron maquillados a gusto del patrón del noticiero en turno. Este mundo está bastante desquiciado, eso no es nuevo, la ventaja hoy día es que todo llega muy rápido y muy a detalle a través de las redes. ¿Cómo podemos escapar a eso?

       “Lo primero es lo de siempre, hay que tomar una decisión, poner una meta.”

Si fue seguir la manada, medio dormido poner el noticiero o leer noticias mientras desayunamos, sabemos a qué atenernos. Por cierto, no a todos afectan igual las malas noticias. Ciertas personas son de cáscara dura. Otros se toman tan a pecho el sufrimiento humano, no importa dónde esté, que se estresa con todo.

Más, si has decidido bajarte del carrusel, tomar aire nuevo para tus pulmones y marcar una línea de defensa, déjame felicitarte en primera instancia, darte algunos consejos después. Mira atrás, tal vez de momento no te des cuenta, sin embargo, de ahora en adelante, te sentirás más solo. Dije solo, no mal. Debes evitar los catastrofistas, si alguno de ellos comienza a arreglar al mundo con su diatriba, dile que quieres pasar un buen rato, que hable de algo más alegre, o ponte de pie y aléjate. Tal vez no se vea bien, recuerda, es una cuestión de salud.

Las redes permiten filtrar la información que recibes.  Elimina todo enlace relacionado con televisión, periódico o grupos radicales de cualquier tipo. Con el tiempo tendrás muros llenos de pensamientos positivos. Esto alimenta el alma de cosas buenas, al principio puede costar un poco estar al margen del mundo, cuando el bombardeo mediático te ataca en una tienda, un súper mercado, un avión. Así como buscas buena lechuga, buen corte en una tienda, busca en redes páginas de pensamientos y frases pro positivas. Tenemos un lado oscuro y uno claro, preocúpate de alimentar el correcto y el lado oscuro morirá.

Cuándo alguien te ataque por tu insensibilidad hacia el mundo que te rodea, sonríe, deséale el mejor de los días y explícale, nada puedes cambiar por los hechos, y los hechos, te cambian la vida en forma negativa. No quieres convencerle de que piense o actúe como tú, solo que pides respeto a tu forma de vivir.

El tiempo es quién, a la larga, nos da o quita la razón. Si cuando andas por la calle sonríes a todo el mundo, en tu trabajo la gente se acerca para contagiarse de tu optimismo o tu familia te invita a todos los eventos, porque eres el alma de la fiesta, algo estás haciendo bien. Será entonces cuando empiecen, quizá, a hacerte preguntas al respecto. Porque es seguro que tú, como todos los mortales, tienes problemas, carencias, sueños sin cumplir.

Demuestra con tu actitud, que esto no cambia tu forma de ver la vida. Que esos problemas si se solucionan, serán un recuerdo del pasado. Por el contrario, si son de esos sin solución a la vista, ¿por qué perder el tiempo y el sueño, en algo que no podemos cambiar? Aprendamos a convivir con ellos, a disfrutar lo que tenemos, a aceptar lo que no podemos cambiar. Suena egoísta el blindarnos con una coraza personal; después de un tiempo razonable, en que tu espíritu se limpie, tu sonrisa sea perenne y tu actitud siempre positiva, sabrás que hiciste lo correcto.

Tenemos una vida, para vivirla como queramos. No como los demás quieran que la vivamos, saltarse una regla de vez en cuando da sabor a la existencia; eso de ser parte de la manada, seguir al líder y sus reglas, se ve viejo, anticuado. Sigue tu instinto, libera tu corazón, limpia tu alma y levanta la cabeza; instala al frente la mejor de tus sonrisas y lleva las manos limpias, para saludar a quién te dé la gana.

       “Si te equivocas asume tus errores, si esos errores te hicieron feliz, no evites repetirlos.” 

Recuerda, tu meta en adelante es vivir, vivir, solo eso.

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