Las sociedades, sobre todo en momentos de crisis, necesitan establecer la generación de un enemigo, confiriéndole un trasfondo conspirativo que hace de ese determinado grupo, interno o externo, el culpable de todos los males. Los judíos, gitanos y homosexuales para la Alemania Nazi, los protestantes para los católicos y viceversa en tiempos de la Reforma y la Contrarreforma. Los comunistas para la América de la posguerra o los capitalistas para los economistas posmodernos.