Mi nombre es…, y qué más da cómo me llame, solo en la imaginación de una niña hay cabida para poner nombre a una muñequita de trapo, que ni siente ni padece. Pero estoy viva, mi corazón herido late y mi viejo cuerpo achaca el peso del paso de los años. Años que no he vivido, he malvivido como me han dejado, he podido o he sabido. Y no soy la única, muchos se encuentran en la misma situación que yo y muchos más que se encontrarán.

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