Lo mismo da como me llame o apellide, lo cierto es que somos miles de ciudadanos de este país, que estando en una edad productiva, pero superados los cincuenta, esta sociedad nos ha sentenciado a muerte.

Es una edad complicada, dónde miles de vidas han sido rotas, sueños destrozados, enviándonos a un limbo virtual, en el que aun siendo persona, te ves abocado a subsistir sin esperanzas, sin ilusiones, y con miles de trabas para conseguir vivir día a día.



Este es mi caso, persona mayor de cincuenta años, con una amplia experiencia, que a lo largo de mi vida laboral he desarrollado puestos de una cierta responsabilidad, en compañías nacionales y extranjeras y que por causa de esta crisis económica, una de las más largas de la historia reciente, nos han abocado a una situación incierta.

Durante mis más de treinta años de vida laboral activa, he tenido jornadas de trabajo maratonianas, pero siempre con un horario, unos objetivos y la satisfacción de volver a casa con los deberes cumplidos.

Hoy no tengo horarios, tampoco salario, pero si miles de cosas por hacer, cosas que a veces simplemente tienen el objetivo de matar el tiempo, de hacer que las veinticuatro horas del día tengan algún sentido y no volverme loco.

Desde hace casi dos años, no he tenido ninguna respuesta, ya casi he perdido la esperanza

Desde hace varios años, después de un café, cada día enciendo el ordenador, el objetivo es buscar con ansiedad los correos, esperando una buena noticia, una entrevista de trabajo, un paso adelante en alguna de las candidaturas, a las que he enviado mi currículum en los últimos días, es rara la semana en la que no haya aplicado por un par de oferta, sin embargo, desde hace casi dos años, no he tenido ninguna respuesta, ya casi he perdido la esperanza, pero cada mañana insisto, dedico horas a rastrear web de trabajo, aplicaciones para móvil, páginas oficiales y a pesar de que cada día me llevo una nueva decepción, no cejo de seguir en mi lucha, la lucha de muchos miles de ciudadanos de este país, que necesitamos hasta la edad de jubilación, traer un salario a casa, para poder cumplir con nuestras facturas, con nuestros impuesto y poder seguir viviendo el día a día con dignidad.

Lo cierto y real es que nos encontramos en un callejón sin salida, incapaces de conseguir un trabajo, incapaces de cubrir nuestras necesidades más primarias, luchando entre la desesperanza y esa necesidad más primaria de continuar hacia adelante. Nos encontramos desorientados, abandonados por esta sociedad, que nos declara pese a nuestras capacidades y nuestras ganas de contribuir, con nuestro granito de arena a este mundo, que nos ha tocado vivir “cadáveres sociales”.

No tengo muy claro que soluciones se pueden ofrecer, necesitamos ilusionarnos por una continuidad en nuestras vidas, no reclamo limosna, no necesito generar lastima, reclamo una solución que haga viable mi existencia, la existencia de miles de ciudadanos en situación similar a la mía, con muchísimos años de cotización, en mi caso más de treinta y que nos vemos arrastrados a una situación cada día, más complicada de llevar.

Sin embargo, cada día en las noticias oímos cosas que nos ponen los pelos de punta, robos cometidos por gente, que en lugar de estar al servicio de la sociedad, gente que fue elegida por el pueblo democráticamente para velar por el bienestar social, han utilizado este mandato, para desviar fondos que obviamente debían de cumplir un objetivo social a sus propios bolsillos, llenando sus cuentas en paraísos fiscales o Suiza de millones de euros.

Todos hemos visto, como se ayudaban a bancos, a concesionarias de autopistas, con grandísimas ventajas fiscales a grandes compañías multinacionales, que lejos de cooperar en la creación de empleo y a pesar de tener beneficios millonarios, cada año, reducen sus plantillas para seguir obteniendo más y más ganancias.

Hace cuatro meses, los ciudadanos a pesar de estar en estas circunstancias agónicas, acudimos ilusionados a las urnas con la esperanza de que por fin, los políticos hicieran algo por los sectores más desesperanzados de esta sociedad.


Hoy en día, una vez disuelto el parlamento, los políticos por tan solo cuatro meses de trabajo, vuelven a tener prebendas negadas al resto de ciudadanos y de nuevo un gran gasto ante la inmediata campaña electoral, en la que los políticos se han mostrado incapaces de llegar a un acuerdo en algo tan elemental como la reducción de estos gastos.

Obviamente, cada cual tiene sus intereses, lo que unos consideran viable, a otros les parece perjudicial para sus formaciones y así con todo, mientras el ciudadano de a pie, el pobre ciudadano con miles de problemas cotidianos, ve estos acontecimientos perplejo y sin perspectivas de que el futuro sea más positivo y esperanzador.

Yo pienso simplemente en lo mucho que se podía haber conseguido socialmente con este dinero, mientras medito en que puedo hacer yo por resolver mi situación, la situación de miles de compatriotas de mi generación, para que cada día nos podamos levantar con una ilusión, con una actitud positiva, para afrontar el futuro.

Pienso en las personas mayores, con sus ridículas pensiones tratando de parchear las complicadas economías de los hijos afectados por la crisis.

Observo a cada una de las formaciones políticas que confluyen en estas elecciones, sigo sus trayectorias, las promesas, los compromisos y trato a partir de la información, optar por una papeleta de cara a los próximos comicios.

Pienso en los jóvenes, con todas las energías, toda las ganas de comerse el mundo, de entrar a formar parte activa de esta sociedad.

Pienso en las personas mayores, con sus ridículas pensiones tratando de parchear las complicadas economías de los hijos afectados por la crisis.

Pienso en mí, en los miles de “cadáveres sociales” que como zombis, andamos por pueblos y ciudades, avergonzados en muchos casos de nuestra propia situación, temerosos de que suene el teléfono y nos reclamen una factura a la que no hemos podido hacer frente o llegar a la caja del supermercado después de realizar la mermada compra, con los más imprescindible y nuestra tarjeta sea denegada por la falta de fondos.

No tengo motivos para sentirme orgulloso en este momento de ser miembro de esta sociedad enferma, no me siento orgulloso de ser español, no me siento para nada satisfecho de la injusticia social, de lo complicado que muchas familias lo tiene para mantenerse bajo un techo, sin que los desalojen de sus casas y sin embargo, tengo la sensación que la clase política vive por encima del bien y del mal.

¿En quién debo confiar en las próximas elecciones?

¿Algún grupo político me ayudará a mí y los miles de personas en circunstancias similares a que dejemos de ser “cadáveres sociales”

¿Se resolverá esto en las próximas elecciones?

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