Hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre la película de moda de las pasadas navidades Rogue One. Las expectativas cuando esperaba pacientemente a que el batiburrillo de anuncios con los que ahora nos abrasan (echo de menos los tráilers de antes) no eran muy halagüeñas respecto al anterior precedente. Aunque me condenen por estas palabras, la séptima entrega de la saga galáctica por excelencia (que me perdonen los trekkies) no me dejo con buen sabor de boca.El argumento está más trillado que las películas que echan en Semana Santa. Pero con este largometraje, desde el principio, deja clara una cosa: esto no es una película más de la saga Star Wars. Para empezar, no hay las típicas letras amarillas perdiéndose en el horizonte en la introducción. La cinta nos sumerge de lleno en la trama sin previo aviso, algo que me llamó mucho la atención. Y a partir de ese instante, todo fue mejor. Para empezar, la película ha dejado ese tufillo de largometraje para todos los públicos con personajes graciosillos que entretenían a los niños y hacían reír a los adultos. Hay humor, sí; pero todo con sobriedad y sin adornos. Los personajes son más oscuros, incluso el robot (siempre tiene que haber uno) no es un mayordomo servicial y cortés, sino que tiene una personalidad más propia de un sparring de boxeo, ese del que si no estás atento te llevas un buen golpe. Me ha encantado el personaje interpretado por Felicity Jones, su pasado, una mujer decidida a llevar a cabo su misión sin importar las consecuencias. También es destacable el papel de Diego Luna interpretando a un rebelde sin escrúpulos y muy creíble. El único que flojea un poco es Forest Whitaker, soberbio en sus anteriores trabajos (The Butler). Creo que en este andaba un poco perdido y no me acaba de encajar en el universo de Star Wars.


Respecto a la trama no va muy allá, pues no abandonamos a la Estrella de la Muerte ni por asomo. Pero la novedad está en cómo se desarrolla. Me recuerda a lo que hicieron los norteamericanos con el ingeniero Von Braun (el artífice del cohete Saturno de la NASA y los cohetes V2 de los nazis) y en esto voy a explicarme con claridad para no dar lugar a malentendidos. Nadie duda del enorme talento de este ingeniero alemán en la fabricación de cohetes, pero al igual que pasó con la dinamita de Alfred Novel, un buen invento en las manos adecuadas puede ser una bendición, pero en manos de un loco eso es otro cantar. Eso fue lo que le sucedió a Von Braun. En el bando americano consiguió llevar al hombre a la Luna, pero trabajando para los nazis sus cohetes mataron a miles de personas. Algo similar pasa con el padre de la protagonista, Galen Erso (Mads Mikkelsen). Seguro que cuando estudiaba ciencias en alguna galaxia muy, muy lejana no pensaba en construir armas de destrucción masiva. Pero cuando El Imperio llama a tu puerta, o abres o estás muerto.

Actores de Rogue One de Star Wars. El Magacín.

Los efectos especiales son los que se esperan de una cinta de este calibre y amplían si cabe aún más todo este fantástico universo creado por el genio de George Lucas. Estoy seguro de que la película ha sido de su agrado y también de que le hubiera gustado a él haberla escrito, mucho antes de que un simpático ratoncillo cargado de bolsas de billetes llamara a su puerta.


Volviéndome a ganar la antipatía y el ostracismo de los Warsies (seguidores de Star Wars) he de reconocer que es la película que más me ha gustado de todas las que he visto, con permiso del “Imperio Contrataca” y su apoteósica revelación tantas veces oídas ¿Por qué? Porque no hace falta ser un fanático de la saga para disfrutar de la película y eso es digno de reseñar. Lo malo de los fans, en los que yo me incluyo, es que pasamos por alto todas las meteduras de pata; ya sea del director, guionista o productor. Que repiten el argumento hasta la saciedad, da igual, llenamos las salas. Que venden su idea a una empresa de dibujos animados, no importa siempre que copen nuestras ansias con más películas, sean buena, malas o pésimas. Pero esta vez no han hecho eso, han dado la oportunidad a los guionistas de trabajar con una hoja casi en blanco, de plasmar todo lo que han querido con una única misión: entretener al espectador neófito. Dejar a un lado lo de vender muñequitos para adornar estanterías y centrarse en dar profundidad a los personajes, ahondar en sus miedos, en sus anhelos. Aunque algún despistado hubiera entrado en la sala pensando en que solo iría a ver una película de ciencia-ficción sin más, no hubiera salido decepcionado. Un fanático de la serie sería diferente. Entraría ilusionado con solo saber que sumaría otra muesca más a su cinturón sin preocuparse del resultado, eso es lo que tiene ser un fan: siempre tienes la esperanza de que, aunque la cinta no ha sido buena, la próxima copará tus expectativas, o sino la siguiente, o la siguiente…

Disney ha conseguido lanzar un producto novedoso y fresco al no estar encorsetado por el pasado. Tan solo sabían cómo debía de terminar, pero trazar el camino eso era cosa suya. Por cierto, el final ha sido de diez al enlazar de modo sublime con la cinta que la precede en el tiempo.

En fin, si alguien a estas alturas no ha visto la cinta y tampoco es un fanático de Star Wars puede que esta sea su oportunidad de introducirse en materia.

Un artículo de Julián. P. M.

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