Reykjavík, la capital islandesa, es una de las capitales más pequeñas del mundo y una de las más bellas de Europa. Bañada por las auroras boreales en invierno y por el sol de medianoche en verano, la ciudad tiene un aire mágico.

Quizás sea esa misma esencia que inunda a todo el país, la tierra de hielo y fuego, como es popularmente conocida. Un país plagado de leyendas en el que creer en las fuerzas sobrenaturales se convierte en algo muy posible.


Reflejo de todos estos aires místicos aparece Reykjavík, que a pesar de su aislamiento geográfico, es una ciudad llena de vida tanto en verano como en invierno.

Cómo llegar a Reykjavík

Para llegar a Reykjavík la forma más rápida y económica es en avión. El aeropuerto se encuentra a unos 50 kilómetros de la ciudad, en Keflavík, pero salen autobuses continuamente uniendo ambos lugares. Si se prefiere se puede alquilar un coche en el mismo aeropuerto y conducir desde allí. También podemos llegar en barco. O bien un ferry directo o bien alguno de los cruceros que llegan hasta Islandia.

Ten en cuenta que Islandia es uno de los países más caros del mundo, preparar un presupuesto puede ayudarte a que tu viaje no suponga la ruina. El modo de transporte puede suponer una importante diferencia.

Catedral de Reikiavik. El Magacín.

Qué ver y hacer en Reykjavík

Aunque el centro es pequeño la animada vida de la ciudad te mantiene entretenido en todo momento.

La calle Laugavegur es el corazón de la actividad de la ciudad. Repleta de tiendas, bares y restaurantes, esta calle está siempre transitada por un gran número de turistas y locales. Comienza en el centro de la ciudad, donde pequeñas calles de nombres imposibles forman el centro histórico de Reykjavík. Las paredes se han convertido en bonitos murales que llenan de colores las calles y le dan una alegría especial, con un aire bohemio e innovador.

En esta zona podemos visitar el parque Pavillion que cuenta con un gran estanque donde es posible observar gran variedad de aves. En una de las esquinas del parque se encuentra la Catedral de Reykjavík y a pocos metros de este punto se encuentra el cementerio Sudurgata, repleto de vegetación y con un encanto mágico muy característico.

Sin duda uno de los lugares más famosos de la ciudad es el edificio Harpa, centro de conferencias y de conciertos, es un moderno edificio que llama la atención por su arquitectura interior y la gran cantidad de cristal con que está formado. Se encuentra al lado del antiguo puerto de pescadores.


A pocos metros de Harpa, los fines de semana, podemos acudir al mercado de productos islandeses que se encuentra en la calle Tryggvagata. Desde libros antiguos, pescado seco o huesos de ballena, todo tiene cabida en este popular mercado.

Si continuamos el paseo por la orilla del mar desde Harpa, pronto llegaremos a la famosa escultura del barco vikingo, conocida como Sólfar, el viajero del sol, uno de los lugares más espectaculares de la ciudad para ver el atardecer. Incluso observar algún pescador entre las rocas que prueba su suerte.

Sólfar. Escultura de barco vikingo. El Magacín.

Desde allí estaremos al lado de la casa Höfdi donde Reagan y Gorbachev se reunieron durante la cumbre de Reykjavík, aunque hoy solo se puede visitar el edificio por fuera.

No podemos irnos de la ciudad sin visitar su famosa iglesia Hallgrímskirkja, desde cuya torre podemos disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad.

Otro lugar desde donde disfrutar de una buena panorámica es el edificio Perlan, ahora un restaurante donde podemos subir y ver la ciudad de Reykjavík. Además el edificio está dentro de un bonito parque donde también se pueden visitar bunkers de la II Guerra Mundial o la simulación de un geysir.

Fuera del centro, y probablemente uno de los lugares menos conocidos de Reykjavík, está el parque Ellidaárdalur. Lo cierto es que cuando estás allí bien parece que has recorrido kilómetros y te has internado en el bosque. Su abundante vegetación, su precioso río, y la posibilidad de pescar salmones te transportan a lo más profundo del bosque sin abandonar la capital. Un lugar muy querido por los locales donde poder ir a descansar, pescar o simplemente pasear.

Pintada en una fachada de Reykjavík. El Magacín.

Desde Reykjavík es fácil escaparse a alguna de las múltiples cascadas del país, o acercarse a visitar en Parque Nacional de Thingvellir, donde estuvo el primer parlamento islandés. La impresionante cascada de Gullfoss o el famoso Geysir, se encuentran a pocos kilómetros de la capital, convirtiéndose en una escapada de un día perfecta.

La noche en Reykjavík

En los últimos años la ciudad ha visto incrementar el número de turistas a una velocidad de vértigo, de la misma forma que bares de todos los estilos ha ido apareciendo por el centro. Así, casi sin darse cuenta, la vida nocturna de la capital islandesa se ha convertido en uno de los mayores reclamos turísticos del país.

La buena y variada música, muchas veces en vivo, y la calidad de las cervezas artesanas que se están produciendo en los últimos años, son un perfecto aliciente para empezar la noche antes de acudir a algunos de los clubs nocturnos. Además estos cuentan con entrada gratuita y buen ambiente hasta altas horas de la madrugada ¿qué más se puede pedir?

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