Recién llegados a España desde Perú escribimos estas líneas haciendo balance de lo fantástico que es este país y lo poco que se le conoce a este lado del charco.

Cuando planeamos este viaje nos guiamos por varios blogs que lo recomendaban. Nos pusimos manos a la obra y “devoramos” varios blogs para planificar una ruta visitando la mayor cantidad de lugares posible. Descartamos la zona norte del país por su lejanía, y en la selva elegimos Madre de Dios en vez de Iquitos porque era más fácil encontrar vuelos.

Tras casi 20 días recorriendo Perú podemos decir que es un país increíble, de gente encantadora y comida espectacular, y si planeas bien la ruta puedes ver una diversidad de paisajes y lugares pasmosa. Otra cosa a tener en cuenta es que hablan español y facilita mucho el entender a los guías y no perder detalle de los carteles.

Oasis Huacachina. Carlos Adampol Galindo.

Oasis Huacachina. Carlos Adampol Galindo.

Empezamos nuestro viaje por la zona más calurosa y desértica del país. Visitamos el oasis de Huacachina, donde hicimos la excursión de los buggys y el snow por el desierto donde vimos un atardecer de postal.

Al día siguiente visitamos Paracas, punto de partido para ver las Islas Ballestas, repletas de aves, leones marinos y pingüinos que nos dejó maravillados. También visitamos la Reserva Natural de Paracas, un lugar que hace millones de años estaba bajo el mar pero que gracias al lento movimiento de las placas tectónicas ha salido a flote.

Reserva Nacional de Paracas (Perú). El Magacín.

Reserva Nacional de Paracas (Perú). El Magacín.

Y nuestra última visita próxima al desierto y al mar fue Nazca. Un emplazamiento marcado por los enigmas que se esconden tras sus famosas Líneas de Nazca, uno de los destinos más turísticos de Perú.

Dentro del país nos trasladamos entre ciudades con los buses de Cruz del Sur, la mejor compañía de Perú y la más recomendable, por comodidad y seguridad.

Nazca. el Magacín.

Nazca. el Magacín.

Desde Nazca partimos hasta Arequipa, a 2400 sobre el nivel del mar y allí empezamos a sentir el mal de altura. Continuamos varios días entre los 3000 y 5000 metros visitando Chivay, Yanque, el Cañón del Colca o la Cruz del Cóndor, donde pudimos ver el vuelo de cóndores en libertad.



Durante nuestros los días que pasamos por encima de la cota de los 2500 metros tomamos mucho té de coca, incluso caramelos para suavizar los síntomas que podíamos tener al estar a tantos metros sobre el nivel del mar.

Seguimos visitando el Lago Titicaca en Puno, el lago navegable más alto del mundo que hace de frontera entre Bolivia y Perú. Allí visitamos las Islas Uros, donde la población vive en unas islas flotantes hechas con totora. El lugar está ya demasiado preparado y pensado para el turismo pero aun así mereció la pena. También visitamos Isla Taquile, un sitio tradicional donde no hay hoteles ni turismo pero donde encuentras alojamiento en casas de la gente local y comerte una sopa de quinua en cualquier bar.

Islas Uros. Foto: Carlos Adampol Galindo

Islas Uros. Foto: Carlos Adampol Galindo

A continuación pasamos unos días en Cuzco que para nosotros fue la ciudad más bonita de las llamadas “grandes” del país. Muy acogedora su Plaza de Armas en pleno centro del pueblo, donde se encuentra el único McDonald’s que vimos en todo Perú. Y teniendo a la ciudad como campamento base se pueden hacer visitas a las ruinas de Saqsaywamán, Moray, Salinas de Maras, Piscac y su mercado, Valle Sagrado o Ollantaytambo, la ciudad previa desde donde coger el tren camino a Aguas Calientes.

Y llegó el plato fuerte, una de las siete maravillas del mundo moderno: Machu Picchu. Un lugar mágico donde los haya. El visitante se queda prendado de su historia, de la manera en que fue descubierto su emplazamiento e imaginando cómo era en su época de apogeo inca. Allí ascendimos al Wanapicchu, tras una caminata de una hora y media. Es una de las montañas situada tras la ciudadela que permite unas vistas panorámicas de las ruinas. Nos hubiera gustado hacer el Camino del Inca de cuatro días pero no estamos preparados (¡todavía!).


La última parte de nuestro viaje la pasamos en la selva del Amazonas, concretamente en Madre de Dios – Puerto Maldonado, donde convivimos con gente local y apreciamos la naturaleza en estado puro. Allí hicimos expediciones al interior de la selva tanto de día como de noche y visitamos una reserva de animales llamada Tambopata donde ayudan y protegen a muchas especies del lugar.

Hasta Puerto Maldonado se puede llegar desde Cuzco en avión, como hicimos nosotros, o bien en bus con una duración de unas diez horas, pero hay que advertir que el trayecto tiene muchas curvas.

Como recomendaciones os sugerimos que es conveniente llevar antimosquitos, aunque a pesar de todo a nosotros nos despellejaron. También es imprescindible crema solar y gafas para las zonas de desierto, ya que nosotros el primer día de sol nos quemamos.

En definitiva, si buscas un viaje diferente y lugares que te dejarán sin aliento, Perú es tu lugar.

Saqsaywaman. Bill Daemon. El Magacín.

Saqsaywaman. Bill Daemon. El Magacín.

Nosotros siempre hemos sido de viajes más “cosmopolitas” como Estados Unidos, usando maleta de ruedas. Este ha sido nuestro primer viaje de mochileros y podemos decir que sin lugar a dudas que la experiencia ha sido positiva. Perú nos ha marcado para bien y lo pondremos muy alto en nuestra lista de destinos favoritos.

Es un país en el que puedes ir de mochilero y gastar muy poco, pero también tienes la opción de alojarte en los mejores hoteles. No tendrás problemas por si no reservas con antelación, hay centenares de empresas dedicadas al turismo ofreciéndote transporte y alojamientos a precios muy ajustados.

Nuestra recomendación es que sigáis vuestro instinto. Los recuerdos que nos llevamos de este tipo de viajes no se paga con dinero.

David Dorta

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