Esta vez he escogido la película Passengers del director Morten Tyldum para intentar pasar un buen rato rodeado de palomitas, gente sorbiendo bebida y el penetrante olor a nachos de queso flotando en el ambiente.

La película reúne a dos de los actores de moda, Chris Pratt (Jurassic World) y la oscarizada Jennifer Lawrence (Los juegos del hambre). El elevado caché de los actores y un generoso presupuesto de unos 120 millones de dólares es la fórmula utilizada por Sony Pictures para atraer al espectador y llenar las butacas de las salas de cine. Con una larga y estudiada promoción (aquí en España los actores compartieron ratos con el Youtuber español por excelencia “El Rubius”) la fórmula no puede fallar. Fue estrenada el 30 de diciembre y ya lleva recaudados 126 millones en tan solo una semana, lo que parecen augurar un buen desenlace.


La película comienza a bordo de una nave de nombre artúrico en un viaje interestelar hacia una de las miles de colonias que los seres humanos poseen en la época en la que transcurre la historia. La Tierra esta hiperpoblada, y este hecho anima a muchos de nuestros congéneres a viajar hacia otros rincones de la galaxia en busca de una nueva vida. Como siempre las grandes corporaciones que flotan estas naves hacen de estos viajes un lucrativo negocio.

Cinco mil personas viajan cómodamente dormidas en la Avalon mientras cruza el espacio a una velocidad exorbitante sin que transcurra ningún incidente. Pero un pedrusco de proporciones bíblicas impacta contra la nave provocando una serie de fallos catastróficos. Esos errores en el sistema influirán, al principio, sobre uno de los ocupantes de las cápsulas de hibernación, Jim Preston (Chris Pratt), un ingeniero mecánico que viaja a bordo de la Avalon. La cápsula donde debía pasar los 120 años de trayecto hacia Homestead II se avería dejándole despierto y solo junto a miles de durmientes compañeros de viaje. Después de un año en soledad y cayendo en la cuenta de que aún le quedan otros noventa años de solitario viaje hacia ninguna parte, decide cambiar su situación de absoluta soledad y despertar de su largo letargo a una bella escritora con curioso nombre, Aurora Lane (Jennifer Lawrence). A partir de ahí, la película nos muestra las vivencias de los personajes y de cómo se van enamorando enfrascados en su “paraíso” metálico. Todo les irá viento en popa hasta que el pequeño percance con el asteroide les ponga de nuevo en comprometidas situaciones que tendrán que superar si quieren sobrevivir.

Escena de Passengers. Traje espacial. El Magacín.

La película divierte desde el principio y juguetea con un aspecto muy peligroso de tratar como son los monólogos interpretativos, un arma de doble filo donde uno puede salir victorioso (Naúfrago de Tom Hanks), o estrellarse estrepitosamente (Ultima Llamada de Colin Farrel). He de reconocer que durante el tiempo que transcurre desde el despertar de Jim hasta el de Aurora Lane no he echado de menos la introducción de más personajes en la trama. Quizás porque el director oxigena ese largo trayecto visual con inteligentes y divertidas conversaciones de Jim con un androide barman interpretado con soltura por Michael Sheen (Master of Sex), la única compañía durante su año de soledad. Sí que es verdad que cuando Jennifer Lawrence aparece en escena le aporta la frescura necesaria a la película para abordar el restante largometraje hasta el final. La cinta se aleja de películas más serías dentro del género de ciencia-ficción como Interstellar u otras de mayor carga emocional como Gravity. Si lo que buscan es un producto de aroma romántico y de impresionantes efectos visuales esta es su película. Puede que los personajes no posean demasiada profundidad, pero les ganarán desde un principio con su forma de ser y su férrea personalidad. Verán ciertas similitudes entre esta cinta y los cientos de comedias románticas que se han producido, pero eso familiaridad jugará en su favor. También reconocerán ciertas similitudes entre una película archiconocida que transcurre en el mar y que al igual que la Avalon, choca contra un trozo de materia flotante, aunque esta se halle en el espacio y no en el mar. Sí, se trata de la oscarizada Titanic como ya habrán averiguado. No digo que la cinta sea una burda copia futurista del largometraje del desastre acaecido en las heladas aguas cercanas a las costas de Terranova, pero poseen algunos de los eventos clave mostrados en la cinta de James Cameron.


La verdad es que me he divertido y el tiempo se me ha pasado volando. Posee casi todos los elementos que debe de tener una película con el objetivo claro de entretener al espectador, y las interpretaciones de los actores son muy convincentes, si llegar al extremo de mi cuñado que proponía a Jennifer Lawrence como candidata a los Óscars, dejándose encandilar más bien por ese magnetismo que envuelve a la actriz y no por la interpretación. No estoy diciendo con esto que no haya hecho méritos para estar de nuevo entre las nominadas, esa no es la cuestión. Considero que exprimiendo el papel de su personaje, como ha hecho, no da para llegar a la altura de sus otras interpretaciones como en Joyce o El lado bueno de las cosas y, en consecuencia, la petición me parece un poco desmesurada. Chris Pratt por el contrario si ha subido el listón interpretativo de sus anteriores trabajos y merece un reconocimiento de la academia al haber tenido la valentía de enfrentarse a un papel de alto riesgo. Tendremos que esperara al anuncio de los candidatos a la estatuilla para saber si ha sido suficiente. De momento la cinta navega a velocidad de crucero por las salas de todo el mundo y ningún pedrusco o crítica ácida podrá detenerla de acumular una generosa recaudación en taquilla.

J.P.Metello

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