Cuando era niño, cada cierto tiempo corría en el cole el rumor de un señor muy peligroso que se ponía en la puerta ofreciendo caramelos con droga. Había otro que te regalaba calcomanías impregnadas en LSD. Que no sabíamos bien qué era eso, pero sonaba peligroso. Así que, la salida y entrada al colegio se convertía en una aventura intentando descubrir al hombre malo.


También estaban esos remedios caseros que tu madre utilizaba con una seguridad aplastante. ¿Cómo desconfiar si te pasa una llave por el ojo cuando te ha salido un orzuelo? Si lo hace mamá, funciona seguro.

Leyendas urbanas, bulos y mitos como estos, viajan en el tiempo, generación tras generación. Esta transmisión, tradicionalmente de forma oral, va mutando con el tiempo. Se añaden o eliminan detalles, se inventan nuevos datos inferidos de la información recibida, como en el juego de el “teléfono estropeado”. Se adapta la narración a la realidad de la época.

Su transmisión y pervivencia en la época “pre-Internet” podía tener su explicación: la información era difícil de contrastar y, si te lo cuenta alguien de confianza, no hay razón para dudar. Muchos mitos actuales tienen su origen en supersticiones y tradiciones folclóricas que varían dependiendo de la región en la que nos encontremos. No dejan de ser parte del legado cultural de un territorio y de una sociedad. No hay que olvidar que, cuando nos queremos referir a métodos curativos caseros, artesanales, nos seguimos refiriendo a los “remedios de la abuela”. Y de hecho algunos funcionan realmente, pero la mayoría no dejan de ser unos excelentes placebos.

“Google está trabajando en un algoritmo que identifique los enlaces a noticias falsas”

En la actualidad tenemos Internet, tenemos los medios para comprobar y filtrar la información. Pero, en unos casos, solemos quedarnos solo con el titular de una noticia y su impacto emocional. En otros, el afán por ser los primeros en dar la información (y eso incluye a muchos medios de comunicación serios) favorecen que mitos, bulos y noticias satíricas se propaguen como la pólvora dando por incuestionable una información que no tiene ninguna base de realidad.

Dos ejemplos:

– El año pasado se extendió la triste noticia del fallecimiento del actor Will Smith. Evidentemente, el actor no ha fallecido. El origen de este bulo estuvo en Twitter y, como he comentado antes, la urgencia de algunos por dar una noticia sin comprobar la información. La noticia real era que un exjugador de Fútbol Americano, llamado también Will Smith, había sido asesinado en Nueva Orleans por una discusión de tráfico. En el transcurso de la pelea recibió un mortal disparo. El hashtag #RipWillSmith se convirtió en trending topic, y todo el mundo dio por hecho que el fallecido había sido el actor. La noticia explotó en todo el mundo y su difusión fue imparable. Y no ha sido la única vez que han “matado” a este y otros personajes famosos.

– “Albert Rivera propone la vuelta del servicio militar obligatorio para ninis”. Este titular obtuvo casi 300.000 interacciones en Facebook. Procedía de una revista digital satírica dedicada a publicar noticias inventadas. Una breve visita a su web es suficiente para comprobar que el tono de las noticias vertidas en este medio no es muy serio que digamos. Es una web divertida, para pasar el rato leyendo noticias de una “realidad alternativa”. El problema es el ya comentado: nos quedamos con el titular e inmediatamente compartimos la información sin saber, en muchos casos, de qué se trata realmente.


Muchas de ellas no dejan de ser simpáticas, simples bromas. Pero otras hacen referencia a cuestiones que pueden causar alarma social injustificada o poner en peligro la salud. Recuerdo el mensaje que circula por Whatsapp de vez en cuando (porque los bulos regresan con el tiempo) sobre unos secuestradores de niños en centros comerciales que cortan el pelo a sus víctimas para que no puedan ser reconocidos. O milagrosos remedios contra graves enfermedades que, aunque suelen ser inocuos por si mismos, se convierten en muy peligrosos cuando alguien, en su desesperación y engañada por una embaucadora falsa información que promete solucionar su problema, abandona el tratamiento terapéutico, científico, para probar con esos “infalibles” remedios. Son temas demasiado serios como para pasarlos por alto y, en algunos casos, en mi opinión, rozan lo delictivo. Con esto pocas bromas.

De hecho, Google está trabajando en un algoritmo que identifique los enlaces a noticias falsas en los resultados de sus búsquedas. Y Facebook, en un proyecto piloto, está incluyendo un botón para que los usuarios marquen los bulos (hoax en terminología inglesa) o falsas informaciones que encuentren en su muro. La finalidad sería castigar a las páginas que crean o distribuyen noticias falsas, impidiendo que puedan comprar anuncios para publicitarse en la red social.

Internet y los medios de comunicación son una fuente de información sumamente valiosa. Pero no debemos creer ciegamente todo lo que leemos. Entre todo ese inmenso mar de información navegan, por un lado, los medios de comunicación serios, que son la mayoría y que ofrecen noticias bien contrastadas y veraces. A su lado están las webs que ofrecen noticias, generalmente sensacionalistas, que buscan la inmediatez informativa con informaciones de dudosa credibilidad intentando con ello aumentar las visitas a su web, lo que facilita sus ingresos en publicidad. Tenemos también las publicaciones satíricas que, intencionalmente y sin esconderlo, ofrecen noticias falsas, inventadas, con finalidad humorística pero que, como ya hemos comentado, hay lectores que las dan por buenas y se viralizan como verídicas de forma vertiginosa. Y por último los bulos acerca de desapariciones, secuestros, productos tóxicos, alertas terroristas…que circulan por las redes sociales y por Whatsapp, y que llegan a través de un familiar o una persona de confianza, aunque su origen real es totalmente anónimo.


¿Y qué hacer para no naufragar en este océano digital? Podemos seguir estos consejos que pueden ayudarnos a identificar bulos:

  1. – Comprueba si la noticia aparece en otros medios de prensa reconocidos. Los bulos suelen aparecer en algunas webs concretas y no suelen saltar a medios de gran ámbito de difusión.
  2. – Nunca te quedes en la lectura del titular. El cuerpo de la noticia te puede dar pistas sobre la veracidad de la información.
  3. – Desconfía de los mensajes en cadena que te piden su reenvío.
  4. – Un buen método es hacer una búsqueda con la primera frase del bulo añadiendo el término “hoax”. Si es un bulo, el buscador te ofrecerá información al respecto.

En definitiva, intenta siempre contrastar la información por tu cuenta ya que no siempre es de fiar.

Víctor Sánchez Infantes

mitosybulos.blogspot.com

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