Desde que el dinero interfiere en el mundo del deporte como una lógica mercantil, este último se ha visto distorsionado por diversas desviaciones. El deporte vende imagen, productos, marca, etc. que las empresas (lo clubes) utilizan como si de un acierto claramente deportivo se tratase. Imprimen toda esta distorsión dentro de un tono elitista y selectivo escondido bajo un manto llamado “deporte profesional”. Entre todo ello, es cada vez más habitual que en la práctica del deporte este se convierta, a ojos de los grandes, como una ventana que los guía hacia una vía de futuro socio-profesional, en el cual tiene como producto expositor -sus jugadores-, para de este modo engrosar las arcas de lo que a día de hoy conocemos como entidades deportivas.

Hoy algunos clubes convierten la afición del deporte en una vía puramente de inversión y rentabilidad donde no tienen como presente la mera práctica del deporte como eje esencial de su eclosión a nivel de entidad. Convierten la práctica deportiva en una mera vía de escala profesional donde prevalece el deseo de triunfar y de ser reconocido en el mundo del deporte, lo que les conduce a abusos no siempre justificados.



Más que la carrera deportiva de sus atletas, lo que en el fondo se desea es el éxito mercantil, resaltar el nombre de la entidad como marca y no como cuna de valores reflejados en los éxitos que sus chicos/chicas le proporcionan, más allá de ganar o perder en los mercados.

Esta práctica los clubes la disfrazan bajo esa cortina de humo que siempre hemos oído en que “solo unos cuantos” lo practican, ya que el deporte de alto nivel es totalmente selectivo. Solo unos pocos, muy pocos, llegarán a destacar. Esta “violencia”, tanto física y psicológica, lleva a muchos a no suportar la presión, y finaliza con que muchos de estos jugadores decidan abandonar el deporte; siendo poseedores de excelentes cualidades y pudiendo ser excelentes profesionales en esta práctica, perdiendo la ilusión por aquello en que habían estado soñando desde bien “chicos”.

Sinceramente, somos amantes del deporte y seguidores acérrimos de aquellos que ven en su práctica una herramienta útil para la formación integral de la persona. Pero la lógica mercantil en la que las entidades deportivas elevan el concepto del deporte, hace que seamos detractores del deporte por el deporte considerando a la persona como una máquina y no como un ser humano, contribuyendo a la búsqueda del rendimiento (beneficio) y la victoria (líder de mercado), sea al precio que sea. Estamos apoyando a la causa siendo detractores, porque no creo que sepamos que el beneplácito de las ganancias está reñido con la salud y la formación, porque nos infunden que la prisa en obtener resultados no genera la mayoría de los problemas antes citados.



>El deporte, más allá de las grandes ligas, los grandes clubes y los grandes fichajes encarna ideas y valores saludables, que nos empujan a alcanzar metas y sueños en los que nos veíamos reflejados desde muy pequeños.

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