Muchos personajes históricos ricos y poderosos, entre ellos monarcas y emperadores, han pasado a la posteridad a causa de sus diferentes patologías (sobre todo mentales) y sus excesos en vida. La enfermedad y la muerte es lo único que realmente iguala a la gente, ya que por mucho dinero que se posea, estos dos hechos acaban por alcanzar a todos los mortales más tarde o más temprano.

Esta es una lista de los 10 soberanos más chiflados de la historia:

El emperador Calígula

Gaius Julios Caesar Augustus Germanicus (12 – 41 d. C.). Conocido mundialmente como Calígula, nombre proveniente del calzado de los soldados romanos llamado caligae (“botitas”),. El apodo se lo pusieron cuando su padre le hacia acompañarlo a sus campañas militares vestido con todo un equipo de soldado en miniatura.


Lo que jamás pensó el ejército romano, curtido en cientos de batallas, es en lo que se transformaría su querido Calígula. Cuando este miembro de la familia Julio-Claudia llegó al poder sus principios fueron esperanzadores para el Imperio. Fue generoso con la plebe y la soldadesca, pero poco después de acceder al trono cayó gravemente enfermo y después de su sanación desató el infierno.

Sus episodios dementes son de sobra conocidos. El cine, la literatura y la leyenda nos han hecho llegar muchos de sus actos hasta día de hoy. Entre ellos podemos destacar algunos de los más conocidos, como su sed sangre, llegando a asesinar a personas de su familia y de sus círculos cercanos de una manera cruel y bárbara, mandar acabar con las vidas de gente pudiente para quedarse con sus riquezas sin ningún tipo de juicio ni acusación, y transformar en fenecido a cualquier persona que desagradase al César.

“Tuvo relaciones sexuales con sus hermanas, y con las mujeres de sus súbditos llegando a forzar a muchas de ellas delante de sus propios maridos.”

Sus bacanales eran conocidas por su cúmulo de excesos, donde la comida abundaba mezclada junto a oro y otros metales preciosos que eran ingeridos junto a los víveres. El sexo se practicaba en cualquier lugar y con cualquier persona.

Llegó ha hacer violar a una niña de menos de diez años, para así mandar matarla diciendo que después de la desfloración había dejado de ser una niña y ya podía recibir la pena de muerte. También forzó al suicidio a muchas personas exiliadas y a todos los que habían prometido a los dioses dar su vida si se recuperaba de su enfermedad. 

Incitatus. El caballo de Calígula

Uno de los episódicos más rocambolescos de la vida de Calígula es su relación con su caballo hispano “Incitatus”. El emperador dinamitó las arcas públicas en edificaciones megalómanas como un puente movible para poder atravesar zonas de agua a lomos de Incitatus. Construyó unas caballerizas de mármol y pesebres de marfil para su montura hispana, a la que finalmente acabó dándole una extensa villa con jardines y 18 sirvientes para su cuidado personal, y llegándola a nombrar cónsul ante la pasividad del senado romano.


Durante su mandato de aproximadamente cuatro años, la sangre y la locura corrió por el Imperio Romano, hasta que el emperador fue asesinado a manos de su guardia pretoriana y por algunos senadores, siendo apuñalado mientras se dirigía a un grupo de jóvenes actores durante el transcurso de unos festejos.

Hoy día se barajan varias posibilidades de el porqué de este comportamiento por parte de Calígula. Algunos lo achacan a que era excesivamente bebedor y que sumado a la epilepsia desencadenó un comportamiento demente. Otros dicen que simplemente era su carácter, un carácter narcisista, egoísta, envidioso, manipulador y cruel. Y por último una de las teorías explica que en aquella época la ingesta de plomo con comidas y bebidas era excesivamente alta, y eso conllevó que el emperador enloqueciese.

Para ser honestos también hay que decir, que la mayoría de lo que sabemos de este emperador nos ha llevado a través de sus detractores (por ejemplo la Iglesia Católica), y con ello podemos pensar que seguramente todas esas atrocidades tendrán parte de amarillismo.

Existen otros emperadores de los que se conoce algún tipo de disfunción física o psíquica como Nerón, Heliogábalo, Marco Aurelio o Cómodo entre otros.

La locura de Justino II

IMPERIO ROMANO DE ORIENTE. EL MAGACÍN.

En el Imperio Romano de Oriente y posterior Bizancio, podemos encontrar un caso claro de locura en el poder. Se trata del de Flavius Iustinus Iunior Augustus, nacido en 520 y fallecido en 578, mejor conocido como Justino II.

En grandes rasgos fue un mandatario pasivo y sin gran carisma. Su política fue claramente ineficaz y bélicamente no consiguió grandes triunfos sino grandes derrotas. Por lo que si llegó a la fama fue por sus actos de locura en los últimos años de mandato.

Sus episodios de locura eran incontrolables, de pronto ofrecía síntomas incontrolables de furia y agresividad, intentaba emular al futuro Superman amenazando con defenestrase, mordía con furia a sus visitantes y siervos, atacando preferiblemente a la cabeza. Escuchaba voces en su cerebro que le atormentaban y atemorizaban.

Según Juan de Éfeso la gente de palacio llegó a construirle una especie de trono con ruedas, para entretenerlo mientras lo paseaban por palacio a gran velocidad, para gran felicidad y ocio del gobernador.

No se sabe con claridad que clase de patología subyacía en la mente de Justino II, pero por lo que parece, podría ser una especie de demencia o esquizofrenia.

Carlos VI. El Rey loco

Carlos VI de Francia. El Magacín.

Entrando en el Medievo Europeo, podemos encontrar en tierras galas al Rey Carlos VI (1368-1422 d.C.). Antes de enloquecer su gobierno fue bastante eficaz y se desempeñó en las guerras contra Inglaterra de modo solvente, pero todo esto acabó cuando rondaba los 25 años de edad. Comenzó a sufrir los primeros episodios psicóticos que jamás le abandonarían en toda su existencia. La medicina actual dice que su patología pudo ser esquizofrenia o trastorno bipolar, algo que hoy día es más o menos común, pero que en aquella época era algo del todo inusual.

Su enfermedad le llevaba a huir aterrorizado de su esposa al no reconocerla, no saber que era rey de Francia, no reconocer a sus hijos o no saber siquiera cómo se llamaba. Andaba por su palacio aullando a la luna cual lobo de los bosques. Tuvo fobia al agua y no se bañaba en meses, e incluso en ocasiones afirmaba que su piel y su carne estaban hechas de vidrio.

Nunca sabremos cuál era su dolencia a ciencia cierta, pero lo que sí sabemos es que el día que falleció, la corona francesa se quedó descansando como a perro que le quitan pulgas.

Zhu Houzhao. El lodo de la dinastía Ming

En las lejanas tierras orientales de China existió un emperador un poco particular, su nombre era Zhengde de nacimiento Zhu Houzhao (1491-1521 d. C.) y fue el décimo emperador de la dinastía Ming.

Al leer el apellido de esta famosa familia imperial asiática, se puede pensar que se trataba de alguien importante, pero nada más lejos de la realidad.

Su gobierno fue un total desastre, tanto económico como político. Al emperador no le interesaba administrar su imperio, y se daba a los juegos palaciegos, a disfrazarse de plebeyo, beber como una esponja, drogarse de todas las maneras posibles y dejarse llevar por un frenesí sexual sin límites. Su reinado fue relativamente corto, pero lo suficientemente largo como para dejar las arcas del estado temblando. Seguramente los únicos que se apenaron de su muerte fueron los fabricantes de alcohol y sus camellos particulares.

Eric XIV de Suecia

Erik XIV de Suecia. El Magacín.

En este peculiar viaje ahora nos toca viajar hasta las frías tierras escandinavas de Suecia, y explicar la extraña vida del Rey Eric XIV (1533 – 1577 d. C.).

Como gobernante, fue belicoso. Anexionó territorios a la corona de Suecia como por ejemplo Estonia y mantuvo conflictos constantes con sus países vecinos para mantener sus intereses territoriales. Hasta aquí no se diferencia mucho del comportamiento de otros monarcas de su época, pero el problema se generó cuando empezó a pensar que mucha de su gente allegada intentaba atentar contra su persona. La paranoia empezó a arraigar en su cerebro, y el rey comenzó a ver fantasmas en todos los rincones, llegando al punto de encarcelar y ejecutar a cualquier persona que le pareciese sospechosa. Mandó asesinar incluso a personas por el simple hecho de sonreírle.

“La paranoia del rey era un hecho irrefutable, pero quizás Eric XIV no estaba tan equivocado ya que acabó sus días envenenado.”

Ibrahim I “El loco”

Bastantes años después y trasladándonos a la península anatolica nos encontramos un sultán con gustos muy fetichistas. Su nombre era Ibrahim I (1615-1648 d.C.), apodado “el loco” como casi todos los otros monarcas de este artículo.

Su gobierno fue una ruina, y estuvo a punto de llevar al Imperio Otomano al colapso absoluto y a un punto de no retorno.

Si Ibrahim I, es conocido por algo, es por su crueldad y sus pocos escrúpulos, por su depresión a causa de la muerte de su hermano, y por el amor y devoción a las mujeres obesas, cuanto más obesas mejor, llegando a enviar emisarios por todas sus tierras con la misión de buscar a la joya rodeada de carne que le hiciera feliz.

En una ocasión sus hombres encontraron para él una mujer desproporcionadamente obesa, en tierras de Armenia o Georgia. Nos podemos imaginar la cara radiante y exultante del Sultán.

A esta Venus (del paleolítico), le había tocado el gordo y nunca mejor dicho, ya que nuestro noble personaje la colmó de regalos y poderes, llegando incluso a regalarle una pensión gubernamental y un puesto de confianza en su gobierno.

El monarca nunca había sido aficionado a la política, pero un día empezó a encontrarle el gustillo, y se dedico a ejecutar visires sin ningún tipo de miramiento, en un momento dado declaró la guerra a Venecia, y fue derrotado estrepitosamente. Finalmente, las cúpulas de poder otomano depusieron y asesinaron al sultán para acabar con su fetichismo redomado.

Felipe V de España “El Animoso”

Felipe V(1683-1746 d. C.) es famoso por muchos motivos, entre otros por ser el primer rey de la Casa de Borbón en España, y por haber tenido el reinado más largo de la historia de España (nada menos que 45 años).

Lo más probable es que sufriera de trastorno bipolar puesto que compaginaba periodos de locura con otros de extrema lucidez. La mañana del 4 de octubre de 1717, Felipe V sufrió un ataque de histeria al salir a cabalgar: creía que el sol le atacaba. Ese fue el primer episodio de locura, a partir de entonces tuvo muchos otros a lo largo de su vida, cada vez más frecuentes hasta el punto de asegurar ¡que era una rana!

“Su estado físico se desmejoró tanto que incluso los pintores de la corte se tuvieron que reflejar su decrepitud, hinchado y torpe, con la mirada perdida y las piernas arqueadas.”

Durante la Guerra de Sucesión Española tuvo frecuentes ataques de depresión seguidos de irrefrenable euforia, lo que desconcertaba a sus generales. Al finalizar la guerra pasó largos periodos encerrado en el antiguo Alcázar de Madrid por sus frecuentes “ataques de melancolía” (así es como se llamaba en aquella época a la depresión), esto recordaba a lo que había ocurrido a su madre, María Ana Victoria de Baviera, quien había pasado muchos años encerrada en el Palacio de Versalles.

Lo único que sacó de su apatía a Felipe V fue su desaforado apetito sexual, solo calmado por su esposa Maria-Luisa Gabriela de Saboya, con quien se casó cuando ella contaba con 14 años.

Uno de los traumas que más le atormentaban era un sueño en el que un fantasma armado con una espada le perseguías por palacio. También se obsesionó con la ropa, de la que aseguraba que irradiaba una luz mágica y se negó a ponerse ninguna camisa que no se hubiera puesto antes su esposa. Según los cronistas su enfermedad hizo del él un auténtico guiñapo, “hacía muecas y se mordía a sí mismo, cantaba y gritaba desaforadamente”.

Al final de su vida (a partir de 1728) dormía durante el día y vagabundeaba despierto durante el día. En una ocasión abdicó en favor de su hijo Luis I, con la intención de coronarse rey de Francia, cosa que nunca ocurrió, pero como Luis falleció tan solo 8 meses después de alzarse como rey, Felipe V se convirtió por segunda vez en el monarca español. Cosa que solo ha ocurrido en su reinado.

Jorge III de Hannover

Jorge III de Inglaterra. El Magacín.

Los hijos de la Gran Bretaña e Irlanda, también tuvieron su parte del pastel, para no ser menos que ninguna de las otras naciones. En su caso, el monarca problemático fue un tal Jorge III (1738-1920 d.C.) de la casa “Hannover”, una familia prolífica en gente algo especial (incluso en la actualidad).

Dicho rey, aunque consiguió varios hitos para su país, siempre será recordado por la pérdida de las colonias norteamericanas, y a parte de ello por sus desequilibrios mentales, los cuales muchos estudiosos achacan a que padecía porfiria.

Su dolencia causó estragos en la mente de Jorge III. En 1811 tuvo que ser definitivamente confinado en el castillo de Windsor.

Entre sus comportamientos desequilibrados más famosos están el hablar solo durante horas, y cuando le preguntaban con quién hablaba respondía que con “seres celestiales”. En otra ocasión saludó a un roble dándole la mano diciendo que estaba saludando al rey de Prusia.

Su muerte no fue nada agradable, según cuentan los cronistas antes de morir sufrió un gran ataque de locura, y durante 58 horas seguidas habló sin parar palabras inconexas y sin sentido, después de lo cual entró en coma y falleció semanas después.

Christian VII de Dinamarca

Más o menos en la misma época que nuestro último protagonista, en la península de Jutlandia vio la luz otro monarca algo especial. Su nombre era Christian VII de Dinamarca (1749-1808 d. C.).

Su madre era alcohólica y como está demostrado científicamente eso afecta al feto. Al nacer y crecer, sus profesores fueron duros con él, y su enfermedad salió a relucir a una edad muy temprana.

“Se masturbaba continuamente, estuviese donde estuviese y estuviera con quien estuviera.”

Jamás pudo tomar realmente el mando del gobierno, y después de un matrimonio sin amor, se dio a una vida de excesos y libertinaje. Junto a varios compañeros y a su amiga la prostituta Anna Cathrine Benthagen, comenzó a visitar burdeles de Copenhague, a tomar parte en orgías inacabables y a protagonizar líos y peleas con la autoridad. Hoy día sería un personaje asiduo de las revistas del corazón.

A causa de dichos problemas la pobre Anna fue exiliada al poco tiempo para apartarla del rey, y así terminar la mala influencia que ejercía sobre él. No lo consiguieron y Christian siguió haciendo de las suyas, cuando había reuniones de la nobleza y alta sociedad en palacio, el rey disfrutaba arrojando comida a la cara de los ministros y gente pudiente u observándolos con los ojos entrecerrados hasta que el observado se ponía nervioso y se asustaba. Otro de sus divertimentos, era abofetear a gente sin ningún motivo, o saltar a sus espaldas cuando le hacían una reverencia.

Todas estas cosas, no son nada comparable a la excentricidad más conocida en su historia, y esa era la de masturbarse continuamente, estuviese donde estuviese, y estuviera con quien estuviera.


Hoy día, y después de estudiar la historia detenidamente se ha llegado a la conclusión de que el monarca danés sufría de esquizofrenia y algo del complejo de Peter Pan.

El sultán Farouk de Egipto

El último mandamás del que hablaremos es un personaje más cercano a todos los que hemos nacido en el siglo XX, y este es el sultán Farouk de Egipto (1920-1965 d.C.).

Comenzó a gobernar a la temprana edad de 16 años, y como muchos reyes niños acabó haciendo de las suyas. Se divinizó así mismo, como los antiguos faraones de Egipto, diciendo que él era descendiente directo de Mahoma. En sus celebraciones era fastuoso, gastaba grandísimas sumas de dinero mientras su pueblo pasaba dificultades para demostrar quién es el que tenía la sartén por el mango.
En una ocasión, ganó una partida de póker con un trío reyes diciendo que tenia “un poker” ya que él era el cuarto rey a lo que nadie tuvo nada que decir.

Uno de sus episodios de locura transitoria más famosos fue la noche que soñó que era atacado y masacrado por un león, a lo que el sultán al despertar respondió matando a todos los felinos posibles del zoológico a tiros.

Otro de sus problemas patológicos, es que al final de su reinado engullía la comida y la bebida como una auténtica bestia, llegando a pesar más de 135 kg.

Cuando fue derrocado en un golpe militar, se descubrió en su palacio de Egipto todo tipo de objetos por los que el sultán sentía devoción, como pueden ser colecciones de monedas, cómics de gran valor a parte de un gran extenso material pornográfico de la época.

Como resumen final, podemos decir que estos monarcas y emperadores, son solo un ejemplo de otros muchos que pasaron a la historia por sus problemas mentales y físicos, más que por su gobierno. Otros ejemplos serían, Sancho el Craso, Catalina d’Este, Ivan el Terrible y un larguísimo etc.

La enfermedad y la muerte nos llega a todos, la única diferencia es en el caso de algunos es con los bolsillos llenos, y en el de otros con los bolsillos vacíos.

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