Vivimos unos tiempos muy extraños. La gente está crispada y salta a la mínima. El uso de la violencia en diversos entornos es palpable. Vemos a diario casos de homofobia, de agresiones a personas por su creencia religiosa, sus inclinaciones políticas o por su sexualidad. Pretendemos ser respetados, hablando en general, pero no terminamos de respetar a los demás. Cada vez hay más casos de violencia de género y acoso escolar. Es hora de abogar por la concordia, por el llevarse bien, por el amor a los demás. Es por todo esto que un grupo de escritores, a mi no me gusta denominarme así… yo prefiero considerarme creador de historias, nos hemos unido para ceder gratuitamente un relato y conformar entre todos un libro, cuyos beneficios de venta van a ir a parar a la Fundación Amigos de Miranda. Esta fundación colabora en muchos entornos, tan diversos como lo son los casos de violencia en la vida cotidiana, y es por eso que son los destinatarios de los beneficios (para ayudar a investigar enfermedades raras, inclusión social de personas, a la tercera edad, etc.).


Creemos firmemente que la vida es un océano lleno de mares que a su vez están formados por pequeñas gotitas, y gotita a gotita entre todos tenemos que poner de nuestra parte para erradicar, cosa difícil pero no imposible, las actitudes violentas de la gente. Nosotros, autores más o menos conocidos, desde la literatura queremos dar un grito diciendo: NO A LA VIOLENCIA EN CUALQUIERA DE SUS FORMAS.

David López Rodríguez. El Magacín.Paulette Maestre, Álex Celi, Isabel Serrano, Mayte Martínez, Emma H. Fer, Laura Picurelli, Jose A. Flores Vera, Fina Lucas, Miriam Ramos, Jose Luis Nogales, Silvia Cálinquer, María Gámez, Adolfo Pascual, Ana González, Sergio Carrascal, Fifth Capricorn, Paula Guzmán, Luis Endrino, Leticia Baños, Noemí Martínez, Vanessa González, Leticia Baños, Pili Sánchez, Salvador Mery Peris, Érica Canovas, Maika Sánchez y un servidor, somos los autores que hemos hecho posible este libro. Con una portada chulísima de la ilustradora Verónica Gallego. Y con el impulso de Lorena Sampedro que con su editorial Leibros ha lanzado la publicación del libro. Todos unidos contra la violencia pedimos que los lectores se unan a nosotros adquiriendo la obra, que va a servir mucho más que para mostrar nuestro rechazo a la violencia en sí, que va a servir para ayudar a personas que lo necesitan.

El día 27 de marzo, a las séis de la tarde, se realiza presentación en Madrid. Una puesta de largo, en donde Amigos de Miranda ha cedido el uso de sus instalaciones para ello. Algunos autores van a acompañar a la editora, junto a la fundación. Las personas que quieran asistir, directamente que se presenten en la Avd. Ramón y Cajal, en el número 111 posterior y disfrutaran de un ratito entre amigos, asistiendo al nacimiento de “Libérate, rompe la cadena”.

Luego, el día 29 de abril a las cinco y media de la tarde, yo la estaré presentando en la Feria del Libro de Granada junto con los autores granadinos que han participado en ella y arropados por la fundación. Y seguro habrá más oportunidad de llevárselo firmado durante estos meses, estamos trabajando para que haya más presentaciones en diversos puntos de España. Eso sí, el que no quiera ir a los eventos pero, al mismo tiempo, quiera el libro… ¡Lo tiene fácil! Se mete en la web de Leibros y lo compra sin gasto de envío o lo pide en su librería habitual. Todo son facilidades para ayudar a ayudar.


Y ahora lo que voy a hacer es dejaros un trocito de mi relato, en primicia, a ver si así os pica el gusanillo.

¡¡Abrazos a todos!! ¡¡Dí NO a todo tipo de violencia!!

<<No… no quiero –remoloneo en mi cama, tras encender mi madre la luz del cuarto– Con lo a gustito que estoy aquí –me digo para mis adentros– ¿Por qué tengo que ser el mayor? Yo quiero ser chiquitito como mis hermanos, ir a preescolar y que mi única preocupación hoy sea “como me ha salido el perrito de plastilina”.

– ¿Quieres ir con el culo calentito a clase? Vamos, que tienes la leche y la tostada en la mesa –me riñe mi madre desde el comedor, ante mi negativa a salir de mi cama.

– No quiero ir… –argumento refunfuñoso cuando llego al salón, sentándome con mala gana en la silla para desayunar– ¿Por qué no me habéis cambiado de cole? o ¿de país?

– Déjate de tonterías, vístete ya y ve al cole. Yo voy yendo, tengo que soltar a tus hermanos en el cole y luego me voy a trabajar… como me entere que llegas tarde se lo diré a tu padre para que te ponga fino. ¡Eh! ¿Has entendido?

– Si, mamá –murmuro con resignación-mientras mi madre lleva de la mano a mis hermanos y sale por la puerta.

– Puff –suspiro y digo para mis adentros, arqueando mi ceja derecha– no es justo, quiero ser otro… alguien sin gafas y guapo, también estar en el cole de mis primos u otro que no sea el que estoy. Odio ir al colegio.

Con resignación, me acabo el desayuno, me visto, me lavo los dientes y la cara, me peino, cojo la mochila, preparada anteriormente por mi madre y salgo de mi trinchera protectora (mi casa) camino hacia la batalla (el cole).

Abro la puerta del portal, después de bajar el tercero sin ascensor y me persigno, como mi padre me enseñó que había que hacer a diario a salir de casa después de despertar una mañana más, porque cada día es un regalo de Dios… aunque, en mi caso, yo pensaba que para mí era un castigo, porque tal vez en otra vida fui un mal bicho.

Ando tres calles hacia delante y giro a la derecha calle abajo hasta llegar al final, cruzo y ahí tengo la entrada al cole.

– ¡Hola!, ¿ya no me saludas?

– ¡Hola! ¿Qué tal Héc…? Dios Santo, que dolor –siento como me quedo sin respiración y me viene una presión que se mezcla con un dolor insoportable en mi abdomen. Héctor, ese dulce amiguete veraniego, me recibe a mi entrada al colegio con un puñetazo en la boca del estómago… en presencia de sus dos amigos.

– Bienvenido –mientras ríe con sus amigos– vamos chicos, es hora de ir a clase.

– Aggh…–intento recuperar la respiración, mientras Héctor y sus amigos se van y se me saltan las lágrimas, impotente. Cuando logro volver a llevar aire a mis pulmones, me tranquilizo, me seco las lágrimas y, como puedo, me recompongo para entrar en clase.

– Vaya, vaya… Gabi Gómez.

– Buenos días, Srta. Arantxa –saludo avergonzado, ante la expectación de toda la clase.

– Buenos días, ya veo que empezamos como terminamos el año pasado… mal, mal, señorito Gómez. Siéntate –me ordena con seriedad, mientras los demás compañeros esbozan unas risas, a mi costa– espero que no vengas a calentar el asiento, para eso… te podrías quedar en casa, sin molestar. 

– No, señorita –titubeo, mientras me siento en el último pupitre del aula>>.

 

Un artículo de David López Rodriguez
 Twitter e Instagram: @davidlopez_ofi




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