Mi madre que siempre ha sido una mujer que derrocha positividad por los cuatro costados y que vive llenando las paredes de casa con frases afirmativas, me enseñó a no odiar nada en la vida, o por lo menos a no a decirlo en voz alta; por atraer la negatividad y eso. Así que ahora, con 32 años y mi propia capacidad de raciocinio (lo siento mamá) he decido odiar las comparaciones.

¿Acaso me equivoco y no son de lo peor? Sobre todo, cuando uno personalmente es el objetivo de dicha comparación. Me pregunto cuánto tiempo al día pasamos equiparando y juzgando, ¡menudo gasto de energía! Siempre andamos comparando todo en nuestras vidas: las relaciones personales, Javier era mucho mejor novio que David; la comida; qué es mejor el Burger King o el McDonald’s; los lugares, en Barcelona se vive mejor que en Madrid; el cine, ¿quién es mejor director: Coppola o Scorsese? Y así hasta el infinito. Digo yo: ¡qué necesidad, Madre de Dios! No se salva absolutamente nada, todo es susceptible de ser comparado, inclusive la literatura. Por lo que yo como escritora, y deduzco que, como el resto de mis colegas del gremio, cargamos con ese lastre o bueno, dependiendo de cómo se mire puede ser hasta una bendición, hay que tener en cuenta que no todas las comparaciones son negativas, igualmente va subordinado a cómo decida tomárselo cada uno. El hecho es que nos encontramos en una encrucijada en la que ser único y genuino parece convertirse en una utopía.



Hace poco asistí a un taller de escritura impartido por el escritor Víctor Conde (autor de Mystes, El teatro secreto o Crónicas del Multiverso) en el que hablamos sobre el temido tema de los clichés a la hora de escribir, y lo complicado que es tratar de huir de ellos; pero también lo arriesgado que supone si decides usarlos. Sobre todo, cuando te dedicas a escribir romántica y/o romántica erótica, dónde parece que todo está inventado y qué es difícil escapar en un género en el que por norma general la lectora (o lector) desean encontrar a un príncipe atractivo, de cuerpo escultural, y con un gen único que les haga suspirar, y no a un Sheldon Cooper que les aburra con la Teoría de Cuerdas.

«El hecho es que nos encontramos en una encrucijada en la que ser único y genuino parece convertirse en una utopía»

Por ello, si escribes sobre un multimillonario estás copiando al atormentado Christian Grey y es un calco de la novela de E.L. James. No será porque no hay libros con multimillonarios protagonistas; pero ya se hace una película y todo pasa a ser un antes de Grey o un después de Grey (como en la Biblia) y en eso se convertirá tu libro si osas escribir sobre un guapo adinerado, en fin… Y en el tema de la literatura este patrón se repite constantemente, vayámonos ahora a los vampiros, por ejemplo, en este caso tu novela será una mera imitación de «Crepúsculo» y sus chupasangres vegetarianos luminiscentes; porque claro, antes de los Cullen nadie había escrito sobre ellos. ¿Me pregunto qué pensaría John Polidori si viera a los vampiros Gusiluz de Stephenie Meyer?


Así que yo, que me gusta el riesgo (o eso es lo que prefiero pensar) me lancé a escribir una historia sobre un multimillonario imponente apodado con el nombre de La Bestia, así, para despertar a todos esos haters que esperaban hambrientos por algo de carnaza. En realidad, todo tiene una razón, y escribir una novela con un tema tan manido no fue casualidad, obviamente era algo premeditado. Siempre he sido una devoradora de libros de literatura romántica y en los últimos tiempos empezaba a chirriarme sobremanera que en el género y como norma, se representara a una protagonista femenina con menos personalidad que una polilla atraída por la luz. Así que me dije: ¿y sí reescribo esa historia, pero desde otro ángulo? Eso fue lo que hice y de ese sentimiento nació la trilogía Tiger Rose, convirtiéndose en un retelling del clásico de «La Bella y La Bestia».

La Bella y la Bestia. Rachel Bels. El Magacín.

Me empeñé por representar a una mujer real, de verdad, de esas con las que me siento identificada y de las que me han acompañado durante toda mi vida: independientes, valientes y luchadoras. Decidida a mostrar que mi protagonista con nombre de princesa de cuento, incluso habiendo sufrido un trauma, sería alguien como tú o como yo, de carne y hueso; no obstante, representada entre líneas de papel. Con miedos e inseguridades; pero con las ideas claras. Y repito, no lo niego para nada, partí de la manida historia del atractivo multimillonario; pero así es como quería mostrar que no todo es «Cincuenta sombras de Grey» y que se puede romper con los tópicos. Una historia en la que se logra descubrir en pocas páginas como la historia cambia, y no hay perfectos príncipes, ni princesas que necesiten ser rescatados por estos. De hecho, todos necesitamos ser salvados, pero es un proceso que se forja dentro de cada uno.

«Al principio puede dar la sensación de que es una historia repetitiva, hombre rico y mujer de clase normal, pero no nos engañemos, esta historia tiene mucho más».

Patricia Navas (Amazon)

«Sé que muchos dirán es la típica historia romántica del millonario y la mujer normal. Nada más lejos de la realidad».

Luz Herrera (Amazon)

«Parece ser una historia similar a otras con el multimillonario y la chica humilde… pero aquí la historia de verdad es diferente y mucho más intensa».

Cecilia V. Sullivan (Amazon)

«…me imaginé que sería la típica historia del chico rico que seduce a la chica pobre hasta conseguirla, pero de verdad que estaba muy equivocada, esta historia es tan intensa y real…»

Yenny Masea De Cardozo (Amazon)

A partir de aquí y una vez publicada «Bella al desnudo» la primera parte de la trilogía, tan solo tuve que sentarme a esperar al ansiado día La Comparación; aunque admito que tardó más de lo que pensaba. Y siendo sincera creo que, si no hubiese llegado, probablemente mi lado morboso se hubiese sentido hasta decepcionado.

Lo que está bastante claro es que movámonos en el campo que nos vamos (incluido el personal) siempre seremos comparados, no sabría decir si es por envidia, rabia o por instinto de supervivencia; pero siempre formara parte de nosotros, del ser humano.

Así que a la conclusión que ha llegado esta escritora vulnerable a las comparaciones, es que esperaré a que algún día, alguien escriba algo y otro alguien se le acerque con la única intención de advertirle que, eso que ha escrito es claramente una copia de Rachel Bels; porque yo a mi manera (como cualquier otro), también me considero genuina.


Si quieres saber más de Rachel Bels puedes visitar su blog

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