Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras pero… ¿Y una melodía? ¿Qué valor tiene? ¿Qué siente alguien cuando escucha ese acorde, esa voz o ese punteo de guitarra?

Con la unión de una imagen y un sonido adecuado podemos dar lugar a un momento precioso, que puede hace épica la situación más normal que se te ocurra o hacerte llorar tanto de tristeza como de felicidad. Y eso, amigos, aplicado al mundo del cine, es lo que trata de conseguir una buena banda sonora: dar un buen uso de la música al cine para crear si cabe una conexión mayor entre la pantalla y el espectador.


La música es capaz de centrar nuestra atención en una imagen en concreto, indicándonos que debemos mirar, que estamos pasando por alto. Puede darnos pistas de lo que se viene y llamar nuestra atención. Puede aclarar una imagen, contradecirla e incluso dotarla de ambigüedad. Es un instrumento técnico que puede ayudar a mejorar la fluidez narrativa pero que sobretodo está ahí para emocionar. Es una forma de crear un vínculo emotivo entre lo que el espectador ve y lo que puede llegar a sentir.

La música como vehículo transmisor de sentimientos en cine

¿Os imagináis a Máximo Décimo Meridio gritando y clamando venganza en el campo de batalla, sin esa mítica melodía de fondo, que impregna el momento de una tensión o sobrecogimiento fuera de lo común? ¿Serían igual de reconocidos Batman y Superman sin sus respectivos temas clásicos, compuestos por Danny Elfman y John Williams? ¿Sería igual de aterrador Darth Vader sin su marcha imperial? ¿O es tan divertido Indiana Jones sin su clásica melodía en mitad de sus aventuras? Creo que el éxito de una película, reside en parte en su Banda Sonora, pues todos vivimos con música, la escuchamos en algún momento del día y nos ayuda a abstraernos del mundanal ruido de nuestra rutina, con lo cual es algo que, consciente o inconscientemente, tenemos muy en cuenta a la hora de sentarnos delante de una pantalla.

Música en el cine. El Magacín.

La música es uno de las expresiones artísticas que más emociones despiertan, que más sentimientos levantan y por ello su indexación en el cine sirve, ya no sólo para dar cierta estética a una imagen, sino para dotarla de vida. Una imagen cualquiera, una escena relativamente intrascendente puede ganar mucha carga dramática con una buena melodía que la acompañe, puede inspirarnos alegría, felicidad, tristeza e incluso tensión, terror o regocijo.

“Star Wars, Piratas del Caribe, Tiburón, La Noche de Halloween… todas ellas deben parte de su éxito a su banda sonora”

¿Y cómo algo tan simple como una unión de unas cuantas notas y acordes puedes ser tan relevante? La respuesta está en los compositores, cuyo trabajo es uno de los más difíciles, por no decir el que más, en el mundo del cine. Crear melodías para dotar de dramatismo, épica o tensión a un instante concreto tiene una gran dificultad, pero crear música para definir personajes, su personalidad y carácter es una de las tareas más complicadas para un compositor. Pero una vez alcanzado ese cometido, se consigue dotar de una carga emocional aún mayor al personaje y crear en el espectador un sinfín de sentimientos y emociones, lo que es, en opinión de quien escribe estas palabras, una de las funciones u objetivos del cine: hacer sentir cualquier tipo de sentimiento, ya sea alegría, tristeza, rabia o desesperación.


Pero tan importante como la banda sonora original es “la otra banda sonora”. Aquella compuesta de temas musicales con voz, cedidos por otros artistas, que pueden crear el mismo efecto en el espectador que una melodía compuesta por y para la película. Pulp Fiction, Transpoting, Guardianes de la Galaxia… son sólo algunos ejemplos de películas que nos han hecho disfrutar de sus escenas, acompañadas de canciones conocidas por todos, cantadas y bailadas alguna vez en nuestra vida y que probablemente, al escucharlas en medio de la película, nos han hecho sacar esa sonrisa cómplice de satisfacción, terminando de hacer redonda esa escena que tanto estamos disfrutando. Todos recordaremos para siempre Dirty Dancing o Titanic por canciones como Time of my life o My heart will go on”. Canciones que a día de hoy seguimos tarareando y escuchando y que han hecho eternas a ciertas películas.

Y es que una banda sonora, ya no sólo te hace disfrutar de una película o sentirla más, sino que es una forma de crear una marca, un sello propio. Star Wars, Piratas del Caribe, Tiburón, La Noche de Halloween… todas ellas y muchas más deben parte de su éxito a una composición musical única, que cala en la mente del espectador, que rápidamente la identifica con la película en cuestión y de una forma u otra, le invita a sumergirse de nuevo en ese mundo creado en la película. Es un instrumento de Marketing más, que usado de forma inteligente, puede ser una herramienta realmente útil para vender una película y su marca.

Música en el cine. El Magacín.

En definitiva, ya sea como vínculo entre la película y el espectador, como generadora de sentimientos y emociones, como forma de integrarse en la película o como mero instrumento de marketing y comercial, la importancia de la música tanto en el cine como en la vida misma está más que presente. Como dijeron los Monty Python,  “Always look at the bright side or life (“mira siempre el lado luminoso de la vida”), escucha más música, ve más cine y disfruta de la unión de ambas, pues es una de las mejores cosas que nos han pasado.

Un artículo de Carlos Carrero

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