Un lector (literario) se define como alguien que lee o que tiene afición por la lectura, generalmente de libros de narrativa, ensayos, lírica o teatro.
Quedarían excluidos del concepto de lector literario las personas que solamente leen prensa o libros de texto.

En la actualidad el analfabetismo es una lacra menor y casi todo el mundo tiene acceso a material de lectura, sin embargo de las estadísticas españolas se desprende que un 35% de la población no lee “nunca” o “casi nunca”, entonces, puesto que ahora hay más personas en el mundo con acceso a la lectura, ¿cómo es posible que los lectores sean cada vez menos y la lectura, de menor calidad?


En los países desarrollados sobre todo, leer no está de moda. Leer es una actividad que se valora poco en la sociedad y que los jóvenes ven como algo “de mayores” o de gente rara e introvertida. De ahí que muchos adolescentes renieguen de la lectura y que aquellos que leen, prefieran mantenerlo en privado por vergüenza.
Los estudios muestran que al comienzo de la Educación Secundaria, los niños señalan la lectura como una de sus aficiones favoritas, pero con el avance de la adolescencia y entorno a los catorce años sólo un 30% de los alumnos, principalmente chicas, siguen leyendo habitualmente. A los dieciséis este porcentaje cae hasta el 25%. Una pena…
Leer es una actividad divertida, pero eso se nos ha olvidado.
Leer es una actividad cognitiva compleja disfrazada de pasatiempo, sin darnos cuenta y mientras nos entretenemos, ejercitamos la memoria y el pensamiento y adquirimos nuevo vocabulario y nuevas formas de interactuar con nuestro alrededor; sin embargo, leer es también una actividad voluntaria e individual, de modo que si nosotros mismos no decidimos realizarla, nada puede empujarnos a hacerlo.
Todos recordaremos, seguro, las lecturas obligatorias que nos mandaban en el colegio. En general, los alumnos no las leen como deberían leerlas. Con suerte, echan un vistazo a sus páginas, estudian la sinopsis o incluso buscan información y resúmenes en internet. No sirve. Las lecturas obligatorias tal y como se realizan ahora no son una herramienta efectiva para animar y promover la lectura en el alumnado, es evidente.
El objetivo de estas actividades de lectura en los colegios es que los alumnos desarrollen el hábito de lectura y el gusto por leer y sin embargo eso en raras ocasiones se consigue. ¿Por qué?
En general, y esta es mi opinión, es por el tipo de libros que se proponen. Son libros buenos, no lo niego, pero libros que valora bien alguien que ya es un lector literario consagrado, alguien que entiende la literatura, que siente esa atracción por la lectura que los alumnos no sienten. Por eso, considero que las lecturas obligatorias no deberían ser de un libro concreto, sino que cada alumno debería poder decidir qué libro leer.
Al haber escogido ellos mismos el libro en cuestión, el compromiso de leerlo será más fuerte y aumentan las posibilidades de que desarrollen ese gusto por la lectura, pues habrán escogido el tema que más les pueda atraer.

Y al hilo de este problema, ¿por qué la actividad lectora un lector tradicional, como sería ese profesor de colegio, no podría compararse con la de sus alumnos?

Porque hay una diferencia entre el modo de leer que tiene un lector tradicional y el que tiene un nuevo lector. Podríamos decir que además, es un cambio generacional.


Los jóvenes, los lectores novatos, se han criado ya en un mundo globalizado, tecnológico, con nuevas vías de comunicación digital, con un acceso a la información y al entretenimiento que los más mayores no hubieran podido ni imaginar cuando ellos eran jóvenes. Y este mundo tecnológico hace que una actividad como la lectura literaria tradicional se esté convirtiendo poco a poco en algo raro de ver.

¿Cuáles son las diferencias principales?

La primera es que el lector tradicional lee libros y siempre sentirá predilección por un libro físico antes que uno digital, aunque se amolde a los nuevos tiempos.
Otra es que el lector tradicional comprende la literatura, tiene la capacidad de crítica y de análisis de sus lecturas y disfruta con el hecho de leer, no de haber leído un libro. Es decir, la lectura para ellos no tendría una finalidad más allá que la de leer, porque les gusta.
Los nuevos lectores, por contra, son aquellos que intercalan la lectura literaria (generalmente digital) con la lectura de información, divulgación, juegos y comunicación (chats) a través de las nuevas tecnologías. No acaban de conformar su capacidad lectora, carecen de espíritu crítico y de análisis y en ocasiones les cuesta comprender los mensajes que prentende transmitir la literatura.
Además, los nuevos lectores usan el lenguaje oral para escribir en las redes, de modo que a la hora de escribir otro tipo de composición, más literaria, tendrán dificultades para discriminar el tipo de lenguaje que es más adecuado.
¿Esto quiere decir que las nuevas tecnologías son malas? No, para nada. Son una gran herramienta, pronto imprescindible si es que no lo son ya. El problema es saber usarlas correctamente.
¿Podemos concluir que los jóvenes son y serán siempre peores lectores que los mayores? No, por supuesto que no podemos generalizar de ese modo; pero sí considero que con cada nueva generación, nos alejamos más de la lectura literaria por afición en pos de los nuevos entretenimientos que los ahora niños utilizan a diario (tablets, juegos electrónicos, teléfonos móviles a muy temprana edad…) pero eso es otro tema.
No obstante, debo aclarar que hay muchas personas jóvenes con capacidades y competencias lectoras asombrosas que, además, compatibilizan perfectamente con su uso de las nuevas tecnologías. Es cuestión de aplicar nuestra versatilidad y adaptabilidad a los cambios, y de compatibilizar nuestra afición lectora con la sociedad. Ahora, con internet en cada casa, es mucho más fácil encontrar el camino correcto para ser, siempre, nosotros mismos.

Por último, hay un dato estadístico que me ha llamado mucho la atención y es que la mitad de la población, más del 50% de hecho, declara que sus padres raramente les leían libros y cuentos cuando eran niños. Si esto es así, ¿cómo esperamos que los niños crezcan conociendo y valorando la lectura como algo positivo y divertido?


En conclusión, promover la lectura entre los más jóvenes es tarea de padres y educadores, siempre teniendo presente que ésta es una actividad voluntaria. Debemos enseñar a los niños desde pequeños el valor de leer por diversión, que se trata de una afición tan o más satisfactoria que cualquier juego electrónico y que leer puede ser perfectamente compatible con el uso las nuevas tecnologías.

Un artículo de Tricia Ross para El Magacín.

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