Definitivamente somos mujeres aparte.
La mayoría de las otras mujeres nos dicen que ellas no podrían vivir la vida que llevamos. No entiendo cómo podemos organizarnos el día a día. A la mayoría les damos “pena” y no entienden por qué hemos escogido esta vida. La cuestión es ¿se han preguntado ellas si nosotras podríamos vivir la suya?

Seguramente lo que todas tenemos en común es que NO hemos escogido esta vida. EL AMOR NO SE ELIGE. El amor viene cuando viene y no entiende de color, ni religión, ni edad, ni frontera… ni profesión. Cuando una se enamora, todos estos elementos son detalles sin importancia… pero al final hay que vivir con ellos.


La “particularidad” de la que quiero hablar hoy es que tengo un marido militar.
Por definición, tener un marido militar es pasarse la vida sola, pero sola sola (o con los hijos). Eso es lo que a la gente le extraña. No comprende que para algunas, es cierto, es difícil acostumbrarse a la soledad, pero para otras es un estilo de vida que les conviene perfectamente ¿o quizás es que ya se han resignado? No se sabe, nunca lo dirán, quizás es una cuestión de orgullo.

Su ausencia es frecuente, tan frecuente que ya es costumbre. No ver a tu marido durante semanas o meses es “normal”. Al principio lo pasas muy mal, pero ¡no te vas a pasar la vida llorando! Hay que tirar para adelante. Es entonces cuando aprovechas para hacer todo eso que “no se puede hacer con pareja” o con familia, aprovechas para seguir viviendo. Por ejemplo pasas mucho tiempo con tus amigos de siempre, siendo tú misma, pero eso sí enganchada al teléfono esperando su llamada.

Despedida de un soldado. El Magacín.

La familia y los amigos están más presentes cuando él se ha ido y es muy reconfortante. Cuando has comprendido que eres un ser único y no simplemente una pareja, ya has hecho la mitad del camino.

Hechas de menos a tu hombre, esperas sus mensajes, sus emails, sus llamadas, pero también por otro lado sabes que tienes que aprovechar este “tiempo libre”.
Tu tiempo libre lo pasas haciendo compras para enviarle todo lo que le gusta, y que se pueda mandar por correo al país donde está haciendo la misión (porque esa es otra).

Cuando te das cuenta ya eres una profesional de hacer paquetes. Sabes que las botellas y los desodorantes no pasan la aduana, así que o te arriesgas y rezas para que pase o eliges respetar las condiciones de envío.

También te vuelves reina de la organización: Organizas la compra de la casa, tus mudanzas, vuestra boda, el nacimiento de tus hijos, los bautizos, etc. y todo tú sola (con la gran ayuda de tus amigos y familia ¡porque ellos si que están cuando lo necesitas!).

Te das cuenta que eres papá y mamá al mismo tiempo para tus hijos, y con el tiempo no es tan difícil. Vas cuidando poco a poco de todo y al final lo logras, no es tan complicado. ¡Aprovechas para ocupar toda la cama tú sola! pero… no… ese momento es duro. Al acostarte necesitas sus brazos… los brazos de tu héroe.


Y mientras todo pasa, vas contando el tiempo que falta para su vuelta y para ese día tienes un millón de cosas que hacer. Lo primero depilarte todas las zonas que has dejado crecer desde su partida (Chewbacca es menos peludo que tú), arreglar la casa, preparar su comida favorita y comprarte un traje de noche para celebrar la vuelta del guerrero.

Al final te das cuenta que los seis meses han pasado “rápido” y ahora lo más difícil es volver a aprender a vivir con el… porque sí, de eso nadie se da cuenta. Es difícil después de tanta ausencia volver a convivir el uno con el otro.

Gwladys SAEZ

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