Hoy, en mi estreno en El Magacín, me gustaría hablar sobre los horarios en España.
De horarios de trabajo, de descanso, para la participación comunitaria, para el cuidado, para el consumo cultural, para ver la televisión… En el tiempo que llevo estudiando los horarios me he dado cuenta que es aquella típica cosa de la que todo el mundo opina. Es como el fútbol. Todo el mundo “sabe” y todo el mundo lo padece de alguna manera (especialmente este año los merengues).

¿Quién no ha dicho alguna vez aquello de…?:
– “Qué suerte tiene Fulano. Los viernes no viene a trabajar.”
– “No sé de dónde sacas el tiempo para hacer tantas cosas.”
– “Tengo prisa, cariño no llego a buscar a los niños ¿puedes ir tú?

Bien, infinidad de cuestiones vinculadas con el tiempo. Pero a mí me gustaría centrarme a hablar sobre los horarios en España. La forma en la que está organizada la vida cotidiana española es única en el mundo. Somos una especie de extraterrestres que nos pasamos el día hablando con el Motorola. A parte de que somos únicos, vivimos el día encerrados en el trabajo, como si estuviéramos en una nave espacial.


La cosa es tan grave sobre las consecuencias de los horarios que en Cataluña ha surgido una iniciativa que aglutina a expertos de diferentes disciplinas e ideologías. Si intentaran ponerse de acuerdo sobre el cierre de las nucleares, los modelos familiares, el papel de la mujer o sobre la relación Cataluña-España quizás se sacarían los ojos, en cambio, cuando se trata de hablar sobre la organización del tiempo de vida cotidiana hay consenso.

Seguro que muchos de ustedes creen que los horarios que tenemos es cosa de cultura, de clima, de los países mediterráneos. Pues ¡NO! Vaya por delante que hay que sacar esa idea de su cabeza. Somos unos auténticos extraterrestres.

Nuestros abuelos y bisabuelos quizás lo han pasado peor que nosotros por las circunstancias históricas pero les aseguro que eran más europeos y más primitivos a la vez que nosotros. Me explicaré:

Europeos, en definitiva globales: comíamos a las 13:00 horas y cenábamos a las 20:00 horas, como hace el 99 % de hombres y mujeres, de los 7.000 millones de habitantes que viven en el mundo, en los 5 continentes.

Nuestros abuelos eran más parecidos en hábitos de horarios al primer homo sapiens nacido hace 200.000 años que a los españoles de la actualidad. Desayunaban con el sol, comían cuando el sol estaba bien arriba y cenaban hacia el anochecer. Es decir, que en cuanto a horarios, tenían más en común con los sapiens de hace miles de años que con nuestra generación.

Y, ¿qué ha pasado para que nosotros nos convirtamos en una especie de extraterrestres y rompamos con la tradición sapiens de los horarios de vida cotidiana?

Muy sencillo: el franquismo. Momento de autarquía, crecimiento, desarrollismo. Momento de nuevas necesidades: pisos en las ciudades, coches, hijos a la universidad, vacaciones… Y es el momento en que se modifica el horario de vida cotidiana.

Los hombres tienen que buscar un segundo empleo o hacer horas extras a la primera, para alimentar a los anhelos de unas familias más numerosas que las actuales, cuidadas por unas mujeres increíbles que trabajaban desde y para la casa. Se pasa a comer a las 15:00 horas y a cenar a partir de las 21:00 horas. Y desde los años 60 esta locura ha ido consolidándose hasta llegar a nuestros días. Y claro, con la amnesia creemos que esto que hacemos es de toda la vida. En definitiva que “Spain is different” como nos hizo creer Fraga en aquella mítica campaña para abrir España al mundo.

Las consecuencias son brutales. Sobre la productividad – sostenibilidad – capacidad exportadora, el fracaso escolar – acompañamiento de niños, la calidad del tiempo de cuidado de la gente mayor, el tiempo de participación social cívica y comunitaria, el tiempo para leer, para hacer deporte, para ir al teatro o el tiempo para descansar. Un desbarajuste considerable.

Y podemos añadir la cuestión del huso confuso. Nosotros, pero también los franceses, y el BENELUX deberíamos estar en el huso de Greenwich. Y no en el Central, el de Berlín, como estamos ahora. Todo esto viene de la II Guerra Mundial. Los portugueses y los británicos regresaron, pero el resto no. Deberíamos tener una hora menos. Miren el reloj y quítenle una hora.

O sea que en relación al homo sapiens de hace 200.000 años y todos sus herederos hasta llegar a nuestros días hemos cambiado el horario de nuestros comidas. ¡Comemos dos horas más tarde que ellos y que nuestros abuelos! La hora del sol y la hora que nos hemos inventado aquí.

El ritmo circadiano ha saltado por los aires.

Procedo de una participación intensa en el movimiento scout. Hay una imagen que de pequeño miraba a menudo en el libro de referencia Scouting for boys de BP (1.907). En aquella imagen había un scout que daba una patada al “IM” del “IMPOSIBLE”. Para el scout nada es imposible. Y del cambio que les propongo tampoco debería serlo.


Precisamente son los scouts suecos los que me hicieron interesarme por las cuestiones horarias. Tras un intercambio con ellos no entendía porque podían hacer la reunión semanal el martes por la tarde en lugar del sábado tarde, tal y como se hace aquí. Lógico, un martes por la tarde equivale a un sábado para un sueco pero no para un español.

Esta es una reforma que quiere combatir la desigualdad social que existe por culpa de los horarios. Es una reforma liberal, en un sentido social de la palabra. Nos debe ayudar a poder decidir por nosotros mismos cuándo queremos comer, cenar, hacer deporte, ir al teatro, o ir a dormir, etc. Con los horarios actuales es muy complicado.

Necesitamos un “momento cero” en que ponernos de acuerdo a los diferentes actores, que nosotros llamamos aceleradores del tiempo: trabajo, comercio, administración, educación y cultura.

Nada es imposible como decía BP. Debemos ser capaces de crear una generación de ciudadanos que crean que esto lo cambiaremos, porque necesario, ya sabemos que lo es. Depende de cada uno de nosotros. Fíjense si es fácil que lo que necesitamos es reducir el gap existente entre donde estamos y lo que hace el resto del mundo. El tiempo es oro, contamos con todos ustedes. Compartan este artículo con familiares, vecinos, compañeros de trabajo. Si volvemos a comer a la una, si volvemos a cenar a las ocho, si somos capaces de salir del trabajo a las cinco será posible porque trabajaremos por objetivos y no por ir a ocupar una silla (presencialismo), si vamos a dormir a las once para el prime time se ha equiparado al del resto del mundo, seremos más felices de lo que ya lo somos ahora.

Muchas gracias por su tiempo de lectura. Nos vemos por aquí, en El Magacín.

Fabian Mohedano, trabajólogo y activista social.
(Actualización 14 de enero de 2016: Diputado del Parlamento de Cataluña es sustitución de Artur Mas)

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