Brenda subía hacia su casa tras haberse tomado un café con sus amigas. Brenda significa “fuerte como una espada”. Así era ella. Vivía en un barrio un tanto oscuro pero ella junto a sus dos hijos, Evelyn y Jake le daban una luz resplandeciente. Eran una familia de lo más común. Su marido les había abandonado hace ya varios años por causas desconocidas. A pesar de ello Brenda era una mujer segura de sí misma, con una familia que la adoraba y siempre había salido adelante fuese como fuese.


Un día de invierno Brenda había salido de trabajar a las 21:00, un poco más tarde de lo normal. Cuando se disponía a ir hacia su casa, escuchó varios ruidos sin importancia, aunque se giró varias veces para comprobar que todo iba bien. Después de escuchar un silbido que interrumpía el silencio desgarrador de la noche, aceleró el paso hasta llegar al portal de su casa.

Abrió rápido la puerta y cerró con llave por dentro.

Brenda fue a su habitación a quitarse los tacones color granate y su vestido negro, ese día estaba preciosa. Cuando entró en el baño para quitarse el maquillaje encontró una nota en el espejo. La abrió sorprendida y casi se desmayó, en ella ponía: “Cuidado, ando cerca”. Brenda corrió hacia el salón donde estaban sus hijos con la niñera para comprobar que estaban bien. Efectivamente sus pequeños hijos tenían buen aspecto y nada fuera de lo normal. Se despidió de la niñera y acostó a sus hijos en la misma habitación donde ella dormía para mayor seguridad esa noche. Aunque ella no pegó ojo.

Las cinco de la mañana, Brenda seguía sin conciliar el sueño. Se levantó varias veces para ir al baño y refrescarse la cara, cualquier ruido por mínimo que fuese como el de la nevera, le hacían volverse loca. A las seis de la mañana decidió cerrar los ojos y pensar en que quizá lo que le había pasado era una broma o simplemente no se volvería a repetir.

A la mañana siguiente Brenda hizo su vida normal, era sábado y tenía el día libre así que por la tarde disfrutó de sus hijos jugando con ellos en un ambiente bastante tranquilo. Por la noche para despejarse salió con sus amigas de nuevo para ir a cenar. Lo pasaron estupendamente y Brenda reía.
Había olvidado por un momento lo sucedido el día anterior.
Llegó la hora de irse a casa y por la calle todo parecía tranquilo y normal, al ser sábado había más gente por la calle y se sentía más segura. Cuando entró en casa sus hijos no estaban ya que los había dejado con la abuela. Fue a quitarse la ropa y se metió en la ducha. Cuando salió, había otra nota. A Brenda le temblaban las piernas pero se armó de valor y la leyó. Ésta vez ponía: “No me gustaba como ibas hoy, enseñabas demasiado. A partir de ahora quiero que vayas más tapadita.” Brenda se echó a llorar delante del espejo, lo que llevaba puesto aquel día era su conjunto favorito. Llevaba un escote precioso que le favorecía y una falda a juego, nada corta.

Brenda con miedo cogió el coche y fue a casa de su madre junto a sus hijos para dormir. Le contó lo sucedido y las dos charlaron durante toda la noche.
Su madre le aconsejó ir a la policía pero Brenda siguió bebiendo la tila que le había preparado y no dijo palabra. Lo cierto es que pasó allí un par de días porque en su propia casa se sentía insegura. La mañana del lunes le tocaba trabajar en el turno de día así que se dirigió al trabajo con unos pantalones largos, una camiseta cerrada hasta el cuello y una bufanda. Su madre le dijo que por qué ese atuendo si a Brenda le gustaban los vestidos, las faldas, los tacones… Ella dijo que ese día no se sentía bien y que igual estaba resfriada. En realidad se había puesto lo más tapada posible porque la nota que le habían dejado le había trastornado por completo.

Estuvo así durante varios días hasta que decidió volver a casa. Pensó que todo se había pasado pero cuando entró en el baño de nuevo, se encontró el espejo lleno de notitas donde ponía: “Así me gusta, haz todo lo que yo te digo.”

Decidió ir a la policía a denunciar con las pruebas de las notas. Ellos dijeron que estarían pendientes y que vigilarían esa zona con más frecuencia.
Brenda se sentía un poco más segura. Pero una noche fría y oscura subía como de costumbre hacia su casa hasta que de repente una voz familiar le gritó comentarios desagradables durante un buen rato. Cuando Brenda se dio la vuelta se resbaló y cayó en el suelo. El hombre, el cual llevaba una navaja y una gorra negra tapándole la cara, aprovechó para correr hacia ella. Brenda se levantó y corrió hacia su casa, sacó las llaves pero le temblaban tanto las manos que apenas las pudo introducir la llave en la cerradura. Gritó y pidió ayuda a penas dos veces, cuando el hombre le tocó el hombro por detrás y le cubrió la cabeza con un trapo ensangrentado.

Brenda se asfixiaba y le quedaba poco para perder el conocimiento. Aun así pudo aguantar durante unos segundos más para ver como el hombre le había quitado la ropa en el portal de su casa. La pobre mujer sufría por si sus hijos bajaban y se encontraban con aquella escena. Sólo pensaba en ellos y en que en ese momento preferiría estar muerta. El hombre la golpeó varias veces para que perdiera el conocimiento y abusar de ella cuantas veces quisiera. Cuando Brenda recuperó el conocimiento consiguió quitarse el trapo de la cara y vio que el hombre era su ex marido. Su respiración se aceleró y se desmayó de nuevo. A las cuatro de la mañana se despertó en el portal de su casa con varias heridas y la ropa rota.


Pasaron los días y Brenda no salía de casa, no se reía, a veces no se levantaba de la cama. Sus hijos pasaron varios días con los abuelos. Pero Brenda aunque más adelante se encontrara con fuerzas para seguir adelante, siempre seguiría llorando a escondidas, siempre tendría miedo. Había dejado
de ser persona y también de ser mujer. Habían conseguido hundirla para siempre.


¡Muy buenas a tod@s! Mi nombre es Andrea soy de Zaragoza y tengo 15 años. Soy bastante alegre y divertida y me encanta escribir. Un día la revista El Magacín me dio la oportunidad de escribir un artículo, no lo dudé ni un segundo. Desde que era pequeña siempre me ha interesado éste mundo y siempre he escrito alguna que otra cosa. Tengo bastante imaginación y en el colegio siempre me inventaba historias de fantasía, me divertía bastante. Ahora conforme crezco quiero seguir viendo hasta donde puedo llegar y continuar escribiendo e inspirándome con cualquier cosa. Ahora mismo estoy escribiendo una historia en Wattpad, podéis encontrarme allí como SrtaLuna7 y mi historia se llama “¿Y ahora qué?” Trata sobre amor adolescente y muchas aventuras.

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