En los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial, la URSS había acusado una gran necesidad de construir una gran flota oceánica. Fue Stalin quien dio el visto bueno a la fabricación de nuevas unidades navales como, por ejemplo, los acorazados de tipo “Sovietskii Soyuz” o los cruceros de batalla “Kronstadt”, entre otros[1]. Llegado el fin del conflicto mundial en el año 1945, el propio Stalin manifestó públicamente las siguientes palabras: “el pueblo soviético quiere ver cómo su flota se torna cada vez más fuerte y poderosa”, aunque este hecho no era tan fácil como se pintaba ya que conllevaba un sinfín de inconvenientes y limitaciones doctrinales y de naturaleza técnica.


La Segunda Guerra Mundial evidenció que tanto Estados Unidos, como el resto de potencias occidentales, habían logrado alcanzar un preeminente poderío marítimo que hasta ese momento parecía inalcanzable para otros países. Unidades como los portaaviones salieron muy reforzadas del conflicto mundial. En portaaviones precisamente la URSS no había tenido éxito hasta el momento, y es por ello que Stalin ordenaría al almirante Kusnetsov, el cual se encontraba al frente de la Marina soviética, que no le temblara el pulso a la hora de tomar decisiones para mejorar en este sentido. Era un contexto complicado al que había que sumar, además, la mala situación de la industria de la Unión Soviética sobre todo en cuanto a los astilleros se refiere, estando muchos de ellos en mal estado a causa de la guerra[2]. Durante el conflicto bélico, el principal objetivo de las fuerzas navales de la URSS era paliar los flancos del Ejército Rojo. Es por esto que se antojaba necesario un potente programa naval que velara por la fabricación de una serie de buques capaces de cumplir la función de defensa de las costas.

Las construcciones navales

En los primeros años de la década de los años 50 se prosiguió con la construcción de unidades sumergibles como los tipo “M”, “Shch” y “Stalinets”, aunque esta medida era más bien un parche a corto plazo, que una verdadera apuesta de futuro. Sin embargo, con la llegada de los submarinos de tipo “W”[3] la situación se iría revertiendo, superando a los sumergibles de la época en numerosos aspectos. El primer ejemplar de esta clase recibiría la quilla a finales de los años 40, en los astilleros Sormovo, y en la década de los años 60 un total de seis unidades “W” serían reconvertidas en unidades de descubierta radar. Al mismo tiempo, irrumpiría un nuevo submarino de gran crucero denominado “Z”[4], siendo las primeras unidades dotadas de turbinas tipo Walter y viéndose por tanto los soviéticos abocados a readaptar la solución diésel/eléctrica[5].

Submarino soviético. El Magacín.

Submarino soviético “Shch”.

Un nuevo submarino soviético, el “Quebec”, entraría en escena. Este tipo de submarino estaba dotado de un gran motor que ocupaba la parte central, aunque su resultado no fue ni mucho menos el que se esperaba de él, ya que la mayoría de estas unidades se hundieron como consecuencia de varios incendios en la sala de máquinas. Respecto a la construcción de unidades de superficie por parte de la URSS, cabe destacar la fabricación de los destructores tipo “Skoryi”, “Kotlin” y “Tallinn”. En cambio, en las denominadas unidades “de escolta”, la construcción de fragatas tipo “Kola” y “Riga” fueron las más importantes en este aspecto.

Destructor de tipo Kotlin. El Magacín.

Sea como fuere, la Unión Soviética en esta década logró cuajar un gran esfuerzo por incrementar cuantitativa y cualitativamente su Marina, encontrándose en una clara situación de expansión.

Expansión de las fuerzas antisubmarinas occidentales

Los esfuerzos de las distintas armadas de Occidente estaban destinados a la potenciación de las fuerzas antisubmarinas. En este sentido, la continua expansión de submarinos soviéticos motivó que las principales armadas occidentales se vieran obligadas a desarrollar nuevas armas y dispositivos orientados a paliar la amenaza submarina soviética. La respuesta de países como Estados Unidos o Gran Bretaña fue iniciar una etapa de modernización de distintos destructores propios[6]. Otros países como, por ejemplo, Italia también tomó alguna medida en este aspecto, y reconvertiría los destructores “Granatierre”, “Grecale” y “Carabiniere” para poder hacer frente a misiones antisubmarinas.

La modernización a través de los programas FRAM y GUPPY

Terminando la década de los años cincuenta la US Navy sentó las bases para crear un programa de modernización y adecuación, orientado a alargar la vida operativa de todos sus destructores de escuadra. Dicho programa recibió el nombre de FRAM (Fleet Rehabilitation And Modernisation) y estaba dividido en dos grupos: FRAM1 (unidades que podían prolongar su vida entre 8 y 10 años) y FRAM2 (prolongadas un quincenio). En total, el FRAM 1 albergó la conversión de un total de 79 unidades de tipo “Gearing”, mientras que el FRAM2 afectó a un total de 52 unidades, 16 de ellas de tipo “Gearing”. Los resultados, por lo general, fueron bastante aceptables, sobre todo atendiendo al gran fracaso que supuso el similar programa aprobado anteriormente, el DASH.


Al margen del programa FRAM, la US Navy llevó a cabo una profunda fase de transformación de submarinos GUPPY. La primera de ellas se denominó GUPPY IA, que englobaba a doce submarinos. La segunda fase fue la GUPYY IIA que consistió en la instalación del sonar pasivo.

Los destructores de los años cincuenta

La URSS continuaba con su idea de construir su nueva flota (que abarcaba básicamente unos setenta destructores de clase “Skoryi” y treinta “Kotlin”. En este campo, otra marinas empezaron a su vez a reforzar sus correspondientes flotas incorporando nuevos destructores. En los de la primera generación nos encontramos con los británicos de clase “Darling”, los holandeses “Holland” y “Friesland” así como con los franceses “Surcouf”, entre los más importantes y relevantes. Todos los destructores de esta década eran similares entre sí , orientados a una capacidad de defensa antiaérea.


BIBLIOGRAFÍA

MAS GODAYOL, J. La Marina Historia, 6. Barcelona: Delta, 1983.

OPINIÓN & ANÁLISIS, Los submarinos son la principal fuerza operativa de la Armada rusa

 

[1] MAS GODAYOL, J. La Marina Historia, 6. Barcelona: Delta, 1983.
[2] MAS GODAYOL, J., Op.cit, p. 1184.
[3] Los submarinos de clase “Whisky”, según OTAN, constituyeron en esta década un aspecto muy importante de la Marina de la URSS.
[4] Clase “Zulu” según OTAN.
[5] MAS GODAYOL, J., Op.cit, p. 1187.
[6] Por ejemplo, la Royal Navy convirtió una treintena de destructores de tipo “R”, “U”, “T”, “V” y “Z”, y la US Navy transformaron varios destructores de tipo “Fletcher” y “Gearing”.

Un artículo de Jorge López

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