Existen procesos, estados, en los que por más que se desee somos incapaces de definir. En esos momentos parecemos estar envueltos en un halo de mutis emocional, perplejos y atónitos, sin saber bien que responder ante el coctel molotov de sensaciones que experimentamos con cada respiración dada, a cada gesto, a cada mirada.

Estás ahí, en una tierra desconocida, en una especie de limbo que parece llamarse de la nada mientras los días pasan. Vives, está claro que vives o al menos eso parece indicar tu corazón que sigue latiendo. Late, sí pero ¿de qué manera? Tampoco sabes definirlo, no tienes interés en descubrirlo pues de igual manera, el mañana vendrá a ti.

“No es cuestión de apoyarte en la persona que ha sabido explicarte la realidad en el idioma de tu mundo. Se trata de dejar de ser cobarde, se trata de vivir.”

No prestas atención, ¿por qué?, ¿para qué? No resulta productivo, más bien visceral y lo que requiere demasiada energía parece darte dermatitis mental, mejor esquivar, deslizarte por los estratos de la sociedad y pasar inadvertido. Cuando quieres darte cuenta actúas por monotonía, haces lo que se supone que debes hacer porque realmente no tienes predilección por nada en concreto. El resto parece algo ajeno, permaneces cerca de la multitud, de la gente porque sino llamarás la atención y por alguna razón no te apetece, no quieres tener atención.


Poco a poco desevolucionas convirtiéndote en una especie de cavernícola sentimental, reaccionas por pura inercia y pareces inmune a la ley de Newton, al principio de acción y reacción. Te encuentras rodeado de acciones pero ninguna produce estímulo suficiente en ti, por ello, por ser precavido y para evitar el descontento pones el piloto automático auto programándote así en un stand-by emocional, actúas sin sentimiento. Te desconectas de tu medio.

El único lugar que no parece desagradable es el que se encuentra dentro de ti, es el mundo menos raro, el menos hostil, pero las exigencias de la sociedad, tu situación actual no te permite encerrarte en él. Por ello, haciendo uso de una mutación neuronal excepcional aprendes a desdoblarte mentalmente, una parte de ti vive en el mundo de las cosas que deben ser y el otro vive en tu espacio de seguridad, aquel que no te hace plantearte nada. En el que simplemente puedes divagar, aprendes a soñar con los ojos bien abiertos.

“El dolor físico parece ser tu única unión con el mundo terrenal pues ese dolor te hace sentir algo, no sabes definirlo pero es algo.”

El mundo externo es un lugar totalmente sombrío e incomprendido, no entiendes cómo funcionan los demás; cada vez reconoces menos emociones porque ya no las necesitas. Sarcasmo a sarcasmo ya no queda nada que te convenza que merezca la pena por darse por aludido. No es el sufrimiento, el que te hace ver que es mejor quedarse en la nada, simplemente no encuentras motivos para seguir ahí donde la realidad duele. Te vas, sin fecha de regreso. Te vas y aún así, sigues sin sentir nada.

Cómo superar la depresión. El Magacín.

La actuación parece convertirse en tu mayor virtud, el mundo que te rodea entiende que ya no estás con ellos pero pese a no ser como te apetece, sigues siendo un individuo apto en sociedad aunque en cada actuación deseas que llegue el descanso, para resguardarte entre bambalinas recordándote que aún sabes quién eres.

El dolor físico parece ser tu única unión con el mundo terrenal pues ese dolor te hace sentir algo, no sabes definirlo pero es algo. Te gusta, te hace recordar que alguna vez fuiste. Supones que es bonito. Estás en ese punto en el que entiendes que algo no va bien pero no sabes expresar lo que sucede, nunca has sabido decir lo que sientes o no; sientes que has sido castrado sentimentalmente y tienes miedo. Es hora de aprender.

“Tienes miedo a que te tilden de loco, a lo desconocido a compartir lo sucedido.”

¿Aprender a qué? ¿A vivir con el dolor? ¿A entender que el dolor, la risa, la desesperación o la ilusión forman parte de ti? ¿Entender la volatilidad de la confianza? ¿Arriesgarse a que te hagan daño? Llegas al punto en el que la sensatez golpea a tu corazón y decides ser precavido, quedarte en lo conocido y vivir con el problema. Porque… ¿es un problema?

No todo el proceso es rectilíneo ni sencillo, a veces aparecen personas que hacen tambalear las incógnitas más que resueltas de tus algoritmos mentales y recuerdas una sensación. El miedo. Todo lo desconocido te lleva a tenerle miedo y lógicamente lo esquivas. Vives a medias, vives de la culpa de saber que no estás dando lo mejor de ti a quién querrías dárselo pero nuevamente, no sabes cómo hacerlo. Tienes miedo a que te tilden de loco, a lo desconocido a compartir lo sucedido. Tu mundo interior, tú eso que no entiendes y que nunca has querido entender.


Todo bajo control y es por eso que acabas dejando atrás a aquello que más te gustaría tener cerca por egoísmo de perderte a ti mismo o más bien a lo que crees que queda de ti y sigues obedeciendo a las presiones que te rodean y a las peores; tus propias presiones. Dejando que te guíen, que te marquen, que te cuiden y todo parece ir bien. Ahora sí.

Pero no todo sale como se supone que debe salir, tocas fondo. La máquina principal, el circuito eléctrico de tu cerebro y tu corazón se pelean, de repente ya no hay axiomas ni normas. Sino mundo real y ganas de esconderte, te encuentras en el colapso y estás totalmente descoordinado.

“Toca no sólo ser valiente sino querer serlo, toca ser real, de carne y hueso.”

Vuelve a la rutina, solo que ya no eres esclavo de tu condición sino de tu alrededor, haciendo lo que se supone que debes hacer, sintiendo como deberías hasta que de repente, alguien. Sin más te presenta otra cara de la vida, con sus heridas y pésames alguien que podría tenerlo todo para no tener nada y lo tenía. Alguien que le gustaba vivir, alguien que amaba la vida. Te hace ver que lo que te sucede no es una rareza sino depresión.

El hacer las cosas por hacer, la necesidad de no querer también se llama depresión y eso, a veces se olvida. Se olvida demasiado pues no todo se arregla con una pastilla, sino con fuerza de voluntad. El asunto es más complicado si esas ganas de nada o poco se deben a un colapso, a un juego de presiones, has sido protagonista de la ley de Boyle pero a la inversa.

El asunto va de-presiones, de equilibrio y de búsqueda del mismo. De caminar hacia un sentido, tu sentido. No es fácil ni sencillo tener un objetivo, una razón pero lo que está claro que el estado pseudo-zombie no te lleva a nada.

No, no es cuestión de apoyarte en la persona que ha sabido explicarte la realidad en el idioma de tu mundo. Se trata de dejar de ser cobarde, se trata de vivir. De una lucha constante entre lo que quieres ser y lo que has sido mucho tiempo. Rompe la rutina.

Lo tuyo no ha sido fácil, has estado bajo los efecto de una depresión enfundada en un juego de-presiones pero ahora, no tienes motivos para seguir. Respira pues ahora es tu momento, soltar lastre, relajarte y luchar por lo que deseas. Toca no sólo ser valiente sino querer serlo, toca ser real, de carne y hueso. Repito, es tu momento. Ríete de la depresión, de las presiones, ríete de la vida porque cuando lo hagas estarás vivo y serás el mayor ganador de todas las batallas brindadas desde que el hombre es hombre… serás el conquistador de tu vida.

Un artículo de Vera López

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