No importa la experiencia o la formación que se tengan, cuando se comienza a trabajar en casa hay muchas cosas que se van a aprender a partir de ese momento, y situaciones que es imposible que no te hayan ocurrido si trabajas en casa.

No me refiero solo a cálculo de tarifas, gestión del tiempo, trato con clientes similares, porque este es parte del aprendizaje común de todos los trabajadores por cuenta propia. Más bien me refiero cosas directamente relacionadas con el hecho de trabajar desde casa y a la idealización del mismo que, en muchas ocasiones, contrasta con la realidad sobre el trabajo en casa.


Conciliación, libertad horaria y comodidad de estar en el hogar son ventajas que disfruta quien trabaja desde su hogar, pero: ¿Son esas ventajas tan maravillosas?

Estas tres situaciones comunes entre quienes trabajan en casa, demuestran que no es tan sencillo disfrutar de la añorada libertar del trabajo en casa.

Decir al fontanero que estarás toda la mañana en casa

Estar trabajando en casa tiene la ventaja de que estás en casa para todo. Por ejemplo, si tienes un problema en el fregadero no hay que pensar mucho para ponerse de acuerdo con el fontanero sobre la hora para arreglarlo, puede ir por la mañana, “a cualquier hora” porque estarás en casa trabajando.

¡Error!

Creerás que llegará a primera hora, pero después de esperar un rato, empezarás tus actividades, con el 50% de la atención puesta en el trabajo y el resto en el timbre. Has dejado toda la tarea importante para la tarde, porque sabes que no vas a poder concentrarte en este rato.

Después de media hora te acuerdas de que hay un par de vasos en el fregadero, así que los lavas y, ya de paso, despejas la zona para que el fontanero llegue y lo encuentre todo listo para el arreglo.

Una hora más tarde te das cuenta de que como se olvide de algo, va a molestarte, así que dejas una caja cerca para que no te interrumpa y tarde poco tiempo en arreglar la avería. Al cabo de un rato, te pasa por la cabeza que igual lo que necesita sean papel y bolígrafo, así que lo dejas también a la vista. Y un poco después, dejas también una escalera, no vaya a ser que la necesite.

Trabajar desde casa. El Magacín.

Casi a la hora de comer comprendes que no va a venir, así que te pones “en serio” a trabajar y abres todos los programas, descargas la información, buscas datos y preparas una mise en place para concentrarte de una vez en tu trabajo y no sentirte culpable por haber desaprovechado una mañana para nada. Cinco minutos después llaman al timbre. Adiós concentración.

Indicas el problema al profesional y dejas en la cocina trabajando, mientras tú te dispones a hacer lo propio creyendo que ahora ya podrás concentrarte porque el profesional tiene todo lo necesario a mano.

¡Error!

A los 10 minutos te llama para pedirte una cinta métrica, y a los 15 tiene que bajar a por algo a la furgoneta, a los 30 dice que le falta una pieza… y ya asimilas que acabas de perder toda la mañana y que la tarde pinta parecida.

Decir al servicio de mensajería que pueden entregar a cualquier hora

Uno de los clásicos de quienes trabajamos en casa es comprar online con frecuencia con la tranquilidad de saber que estaremos en casa cuando llegue el envío. Así que es frecuente no indicar un horario de entrega preferente.

¡Error!

El día en el que el paquete aparece el reparto te prometes no moverte de casa en toda la mañana. De hecho, a partir de media mañana no te levantas de la silla bajo ningún concepto, no vaya a ser que si vas a la cocina o al baño no oigas el timbre. No importan el frío o las corrientes de aire, la puerta queda abierta para que nada impida escuchar el timbre…


A medida que las horas pasan, empiezas a prestar más atención al tráfico de la calle que al trabajo, y cualquier sonido de motor hará te podrá en alerta y esperar un timbrazo inminente. Por supuesto, las visitas a la ventana para cerciorarte de que – no – es el paquete serán frecuentes.

Ya llegando la hora de comer, te das cuentas de que no tienes pan y, comprendiendo que es improbable que el paquete llegue en los cinco minutos que tardarás en ir a la tienda de la esquina y volver con el pan, bajas intentando no perder de vista la puerta de casa…

¡Error!

Al volver ves cómo la furgoneta se aleja y te encuentras el aviso de entrega en la puerta.

Decir a tu madre que trabajas en casa

Una vez que te pones en serio a trabajar en casa, va a costar un poco que tu entorno comprenda que estás trabajando, pero con paciencia y empeño, uno por uno acabarán asimilando que: “En horario de trabajo nadie puede interrumpir salvo que sea urgente”.

Sin embargo, hay una persona que descifra esta frase de otra forma: una madre. Al oír esa frase, una madre en realidad escucha: “En horario de trabajo nadie puede interrumpir, salvo tú, que eres mi madre”.

A media mañana, entre emails, presupuestos, correcciones y demás, recibirás una llamada y, efectivamente, es de tu madre. Así que pensando que es una urgencia responderás…

¡Error!

En la conversación terminaréis, no sabes cómo, hablando de su cesta de la compra y de que fue a la carnicería para comprar ternera para una menestra, pero “¡Qué cara estaba la ternera!” acabó comprando costilla, que tenía muy buen precio, para hacerla con patatas. Mirando el reloj y elevando la vista al cielo, le dirás que estás ocupada, que ya se lo dijiste, que la llamarás luego.

¡Error!

Una madre sabe cómo revertir esta situación para no parecer culpable y dirá algo como: “Es que si no me acuerdo yo, tú no me llamas. Además, así te despejas un poco, porque seguro que no te las levantado de la silla en toda la mañana”. Así que te sentirás fatal por haber pensado mal y, lo peor de todo, es que tiene razón en lo de no levantarse de la silla…

De la mayoría de errores se aprende, pero lo más curioso de estas cosas que es imposible que no ocurran si trabajas en casa es que no son de esas de las que se aprenda una vez para siempre, son típicos errores en los que si trabajas en casa caerás una vez, y otra, y otra.

 

Un artículo de María de Sobrevivir A Trabajar en Casa


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