Hoy tengo mi penúltima cena de empresa, y éste año han sido unas cuantas. Ese sí me parece a mí un buen indicador de la mejoría de la economía. Técnicamente de empresa lo que se dice de empresa sólo ha habido una, aunque tendemos a llamar así a todas las cenas que hacemos en navidades. Digamos más bien que son cenas de “confraternización”. Hay muchas variantes de cenas. Particularmente las he tenido con los compañeros de baile, con los de baloncesto, con los de un antiguo trabajo, con los del barrio, y con los de otro antiguo trabajo (menos mal que mi vida laboral ha sido estable). En todas ellas hay cosas en común, sobre todo una palabra: exceso. En comida y bebida especialmente.


Las diferencias empiezan con el tipo de cena a la que nos enfrentemos, y aquí influye fundamentalmente el número y el sexo de los asistentes. En empresas pequeñitas, la situación es más manejable y previsible. La gente se conoce y hay buen ambiente, y si no lo hay ¡mejor no ir! (si se puede) porque suelen ser un funeral y encima hay que pagar el taxi.

En las cenas de “todo mujeres” o “todo hombres” (suelen ser grupos con alguna afición común donde ya hay cierta camaradería) el único problema vendrá con el exceso de bebida, que suelen incluir míticos chistes sexuales tipo “despedida de soltero”… nada grave.

Realmente las interesantes y donde conviene ir preparado es a las cenas de empresa con mucha gente. Aquí sí se van a mezclar diferentes edades, sexos y alcohol. Mucho alcohol. Un cocktail explosivo. Es como una discoteca un sábado por la noche, pero dónde todo el mundo se conoce, con lo cual no hay que beber mirándose desde la barra, sino que ése tiempo está ganado y ya se puede ir directamente al grano. Y ése grano no tiene por qué ser únicamente buscando el roce, sino para criticar, para hacer el pelota con los jefes, para reforzar amistades hasta el infinito y más allá, y especialmente si uno es nuevo, hacerse una mejor idea de la fauna con la que trabajará el resto del año.

Hay dos normas básicas para poder triunfar en éstas fiestas: A) Saber dónde se cena y B) Saber qué se hace luego.

– El “dónde” incluye el dónde sentarse. ¿Mesas pequeñas? ¿largas? ¿en pie de buffer?, y si se hará en restaurante, sala de fiestas o cantina de la empresa.

– Y el “luego” saber si la fiesta continuará en el lugar de la cena, hay desplazamientos, si no hay ningún plan y sobre todo si al día siguiente se puede llegar tarde.

Con éstos datos ya sabemos el panorama que nos puede esperar: desde el estar todos sentados hablando de temas del trabajo y el gracioso del grupo dándole al drinking, hasta estar todo el mundo dándole al drinking y alguno hablando de trabajo… La emoción llegará si el nivel alcohólico y la temperatura de la fiesta alcanza niveles elevados. Empezará algún escarceo “amoroso”, habrá algunos bailes que se recordarán en los corrillos de la empresa durante los próximos 5 años, habrá algún jefe que se hará el enrollado con resultados más que discutibles, y coincidirán todos al día siguiente en una buena resaca, especialmente si la cena era en jueves.

Ante ello, según sea el objetivo, habrá que prepararse para beber más o menos, para comer más o menos, para llevarse estudiado el organigrama de la empresa… Están quienes su único objetivo es pasárselo bien un rato con los colegas del trabajo. Están los que lo ven como un sarampión que hay que pasar. Están los que quieren acercarse al superior para posibles mejoras a nivel salarial o de promoción. Están los que quieren acercarse a esa persona con la que no hablan habitualmente y le gustaría conocerla mejor (ya me entendéis…). Están los juerguistas que buscan fiesta y copas gratis (me lo pido!!). Están los aburridos de todo, que van y ni te enteras. Y están los “jefes-jefes” que buscan ser reconocidos como machos alfa y duran poco rato en el evento.

En cualquier caso, los que no están, o no deberían, son las parejas de los empleados, porque para ellos sí que éstas fiestas suponen pocas alegrías…

Tratad desde el principio y tanto tiempo como se pueda de estar junto a vuestros “aliados” con los que tenéis suficiente confianza, la cena de empresa comienza en la oficina. Cuidado con aquellos que tienen costumbre de publicarlo todo en las redes sociales, huid de ellos. Llegado el caso retirada a tiempo es una victoria.

En el tramo final, si al entrar en el baño y miraros en el espejo veis en vuestro reflejo que lleváis una corbata en la cabeza: es el momento de dejar de beber. Si vuestro jefe os invita a salir fuera a fumar un cigarro y no sois capaces de recordar cuántas copas lleváis, por favor intentad no hablar demasiado, no es vuestro colega, es vuestro jefe y todo lo que digáis podrá ser utilizado en vuestra contra.


En resumen: Siéntate lo más lejos posible de tu jefe, no ligues con compañeros, no te lleves a la pareja, no bebas demasiado, no hables de política y no te juntes con quien publica todo en redes sociales. Lo mejor es guiarte por la experiencia de años anteriores, porque suelen ser un calco una de otra, cambiando el menú y el bailarín gracioso, en cualquier caso ¡qué aproveche!

Un artículo de Fran Santos.

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