Viajar es para unos un sueño, para otros un vicio, para todos una valiosa experiencia. Mi primer viaje no fue de turista, sino tras un sueño. Tenía 20 años en mi natal Uruguay, cuando decidí que el techo me quedaba bajo. Contra mis suposiciones, mis padres no insistieron demasiado en que me quedara, cuando les dije que, junto a un amigo, intentaríamos llegar a los Estados Unidos, la meca de los ambiciosos, la tierra prometida, el fin del arcoíris.