Cuando era niño, cada cierto tiempo corría en el cole el rumor de un señor muy peligroso que se ponía en la puerta ofreciendo caramelos con droga. Había otro que te regalaba calcomanías impregnadas en LSD. Que no sabíamos bien qué era eso, pero sonaba peligroso. Así que, la salida y entrada al colegio se convertía en una aventura intentando descubrir al hombre malo.