Su instinto lo introdujo por el agujero en el muro del edificio en ruinas y se arrastró hasta el segundo piso por la deteriorada y polvosa escalera de cemento. Los niños a veces pueden ser muy crueles y se ensañan con los seres como él, pensó, al mismo tiempo que sobaba las partes de su cuerpo doloridas por las pedradas que le habían infligido los mocosos.