¿Por qué nos solemos sentir más atraídos por los personajes turbios y amorales que por los héroes impolutos y sin tacha? Esa es una pregunta que me he hecho muchas veces y la respuesta creo que está en cómo somos en realidad y en la propia naturaleza del héroe como figura literaria. Y no me estoy refiriendo a los héroes reales ni a la demonización que a veces hacen los medios de determinados personajes públicos (personas admiradas o rechazadas a partir de sus acciones, comportamientos o declaraciones), sino que en este artículo quiero hablar de la naturaleza de nuestros protagonistas preferidos en cine, series o literatura. Hoy vamos a hablar de la atracción que ejercen sobre nosotros.



En sentido estricto un héroe o heroína es alguien que encarna la quintaesencia de los valores éticos y morales de una sociedad concreta. La figura del héroe es universal pero no estática, ya que cambia con la manera de ver el mundo de la sociedad en la que nace, aunque en líneas generales siempre se trata de alguien que se sobrepone a la adversidad y que es capaz incluso de sacrificarse de manera altruista por una causa que considera justa. Y aunque en ocasiones los héroes no son perfectos, pues muchos poseen defectos que los humanizan, en la literatura más clásica sus virtudes trascienden a su exterior al ser definidos como personajes hermosos de grandes cualidades físicas además de morales. Esta imagen, que acaba por reforzar la mitificación del héroe como figura que en ocasiones roza lo divino, para mí es la que está detrás de que en las culturas clásicas muchos de los héroes mitológicos fueran semidioses, como es el caso de Heracles/Hércules como hijo de Zeus/Júpiter. Héroes en la literatura hay miles (Ulises, El Cid, Sherlock Holmes, Aragorn, Superman…) pero para buscar heroínas es más fácil encontrarlas en la historia (Cleopatra, Boudica, Mata Hari…), donde tenemos grandes mujeres que por desgracia en muchos casos han sufrido una especie de demonización histórica que nos recuerda lo muy machista que ha sido siempre la sociedad.

“La maldad del villano también es habitual que trascienda a su exterior, de manera que muchas veces estos personajes aparecen con algún tipo de deformidad física…”

¿Pero qué es un héroe sin un rival a su altura? Si el héroe representa todos los valores positivos o deseables por la sociedad, el villano es su antítesis. Este tipo de personaje encarna todos los aspectos negativos del ser humano y sus acciones siempre van enfocadas a hacer el mal, muchas veces sin otra motivación que esa. Los villanos son personajes egoístas y malvados que son capaces de hacer cualquier cosa con el único fin de alcanzar sus objetivos, que nunca son éticamente correctos. Y al igual que pasa con el héroe y sus virtudes, la maldad del villano también es habitual que trascienda a su exterior, de manera que muchas veces estos personajes aparecen con algún tipo de deformidad física que sirve para recordarnos que son los malos de la historia. Esto lo vemos muy bien en Voldemort, en Drácula e incluso en Darth Vader, si bien no es un rasgo indispensable para el villano porque también tenemos el caso del apuesto emperador Cómodo, de Gladiator.

El héroe y el villano son dos figuras que se complementan, de manera que la primera no puede existir sin la segunda, aunque sí podemos encontrar villanos sin héroes que se enfrenten a ellos. Pero a parte de estas dos figuras tenemos un tercer tipo de personaje muy importante en la literatura por ser una especie de híbrido entre ellos: el antihéroe. Porque los antihéroes también acaban haciendo hazañas o actos heroicos, como los héroes, pero sus métodos y sus motivaciones suelen ser egoístas e incluso antiéticas, lo que los acerca más a la figura del villano. Y aunque el concepto de antihéroe es relativamente moderno, en realidad estamos hablando de una figura que existe en la literatura desde el siglo XVI, ya que al parecer el antihéroe nació en España durante el Siglo de Oro como respuesta a las narraciones idealizadoras propias del Renacimiento. De hecho es en España donde tenemos dos de las obras más importantes de la literatura universal que son protagonizadas por lo que podríamos definir sin problemas como antihéroes: El Lazarillo de Tormes (1554) y Don Quijote de La Mancha (1605). Pero como os imagináis son muchos otros los antihéroes de ficción famosos, tales como Batman o The Punisher en el mundo de los cómics, Tony Soprano y Walter White en las series o Jack Sparrow y Mad Max en el cine.


Ahora que hemos analizado los tres tipos de personajes volvamos al por qué de esa fascinación que despiertan en nosotros tanto los antihéroes como los villanos. Y para ello curiosamente debemos volver a hablar de los héroes. Porque a pesar de que el héroe es la figura más positiva de las tres, su idealización juega en su contra. El héroe siempre es consciente del riesgo que corre y a pesar de ello nunca tiene dudas de qué debe hacer. Los héroes no vacilan a la hora de actuar, no se cuestionan su posición ni sus actos porque tienen un imperativo moral que les conduce. El héroe es héroe porque ha de serlo. Por el contrario el villano, cuando protagoniza su propia historia (si tiene el rol de enemigo del héroe no es muy diferente a él), es más próximo al antihéroe. En ese caso necesitamos empatizar con él de alguna manera, que nos justifiquen por qué es como es para así poder entender sus motivaciones.

Los héroes son un reflejo no de lo que somos sino de lo que nos gustaría ser, lo que es un arma de doble filo al ser también un recuerdo de cuáles son nuestros propios defectos. Porque las personas de a pie sí vacilamos, en ocasiones nos sobreponemos pero también somos egoístas. Por ese motivo los héroes a veces nos resultan demasiado irreales, lo que hace que nos refugiemos más en los antihéroes, que son más cercanos a nosotros, cuestionables pero capaces también de grandes hazañas con las que identificar nuestros anhelos. Las historias protagonizadas por villanos y antihéroes nos gustan porque nos dan el placer de disfrutar de cosas que por nuestra idea de moralidad no nos atreveríamos a hacer ni a disfrutar, pero también porque muchas veces nos hacen reflexionar sobre cuestiones complejas que están alejadas de la simple lucha del bien contra el mal. Porque en realidad todos nosotros somos antihéroes, capaces de lo peor y de lo mejor a la vez. Por eso nos fascina tanto el mal, porque queramos o no forma parte de nuestra naturaleza.

 

Un artículo de Daniel Hernández Barreña, autor de la novela La decadencia de un mundo: el comienzo del fin.

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