Desde la óptica de un país guerracivilista como es España nos hemos encontrado con el absurdo de tratar de ideologizar descaradamente el conflicto etiquetando de forma maniquea a cada uno de los “contendientes”. El acicate principal del problema en el granero de Europa radica en la escasa sensibilidad tanto de cada una de las partes implicadas como de los autoproclamados “mediadores” como de los analistas de turno. Que haya algunos patanes minoritarios con banderas con una esvástica o con una hoz y un martillo en los bandos pro europeísta y pro ruso respectivamente no convierte a los primeros en “fascistas” o “nacional-socialistas” ni a los segundos en “comunistas”.

Para analizar adecuadamente la situación, así como cualquier evento, deben abandonarse todas las consideraciones sentimentaloides y pasionales, así como ideológicas incluso, y concentrarse en el análisis de los hechos con toda la imparcialidad de que se sea capaz. Hacer esto con la Historia y con algunos sucesos especialmente trascendentes de ella es el primer paso para superar las pasiones desplegadas en los campos de batalla de hace décadas.


La actual Ucrania formaba parte en el siglo XIX del Imperio Ruso, un Estado semejante a una monarquía absoluta que constituía cada vez más un coloso congelado en el tiempo en un mundo en que el Liberalismo, el Socialismo, el desarrollo económico y el colonialismo se abrían paso con imparable velocidad, sobretodo en una Europa que vivía en constante tensión nacida de la disputa por la hegemonía que se llevaba a cabo por el Segundo Reich alemán, la República Francesa (después de la caída de Napoleón III), el Reino Unido y, enfocados en Europa del Este y a costa de los dominios del decadente Imperio Otomano, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Ruso. Este, desde el Congreso de Viena de 1815, tras la derrota de Napoleón, mantuvo aspiraciones expansionistas que coronó en tres direcciones fundamentalmente:

  • Extremo Oriente: Amur, Ussuri, Manchuria, Mongolia, Islas Sajalín.
  • El sur: el Cáucaso y los territorios al norte del Mar Caspio, Kazajstán y Turkestán.
  • El Oeste: parte de Polonia, Besarabia y Finlandia.

Esto, junto con su otrora gran extensión, confirió al Imperio Ruso la condición de un Estado plurinacional, al igual que el Imperio austrohúngaro. Su impresionante diversidad étnica era muy variada, con un predominio de la etnia eslava (rusos, ucranianos, bielorrusos y polacos), que superaban el 80% de la población, los caucásicos (georgianos, armenios, azerbaijanos), uralo-altaicos, turcos, tártaros, bálticos (mayoritarios es Estonia, Letonia y Lituania. Dos tendencias principales coexistían en el Imperio:

  • Tendencia centrífuga: pueblos que intentaban separarse, como los polacos, los bielorrusos, los bálticos y algunos sectores de Ucrania.
  • Tendencia centrípeta: de carácter paneslavista, su objetivo era asimilar a otras minorías de carácter eslavo. Los principales representantes de esta línea eran los rusos.

Guerra Civil Rusa. El Magacín.Guerra civil rusa

De esta última tendencia derivaron las políticas de rusificación implementadas principalmente por los zares Alejandro II (1855-1881), Alejandro III (1881-1894) y Nicolás II (1894-1917). Rusia buscó ante todo hallar una esfera de influencia y de posición hegemónica en Europa del Este y una salida al Mar Mediterráneo, para lo cual no dudó en agitar las pasiones nacionalistas y étnicas en los territorios balcánicos, el “polvorín de Europa”, mediante intervenciones militares y guerras abiertas, como los episodios de las guerras de Crimea (1853-1856) y ruso-turca (1877-1878), lo que llevó a tensiones con el otro gigante del Este, el Imperio austrohúngaro. A principios del siglo XX Europa se hallaba dividida en dos bloques más o menos delimitados cortados por la tensión de la Paz armada.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Rusia, país de la Triple Entente, entró en conflicto con los Imperio Centrales, Alemania y Austria-Hungría, a los que más tarde se añadiría el Imperio Otomano. Las derrotas en el Frente Oriental aceleraron la descomposición del Imperio Ruso, ocupando los Imperios Centrales importantes zonas en el país y provocando la Revolución de Febrero de 1917, que a su vez desembocó en la constitución del primer gobierno de carácter “democrático” en el país y en la proclamación de la República, sistema de carácter liberal semejante al de los Estados occidentales. Entre tanto en Ucrania se estableció el 17 de marzo del mismo año la Rada Central Ucraniana, una suerte de Gobierno autónomo del incipiente Estado. Cuando los bolcheviques tomaron el poder tras la Revolución de Octubre de 1917, la Rada declaró su autonomía, situación que no fue aceptada por estos, constituyéndose en la zona oriental del país la República Popular de Ucrania, estado títere de la Rusia soviética (recuérdese que la URSS no empezó a existir hasta 1922), proclamada en Járkov el 25 de diciembre de ese año, en una situación cuanto menos similar a la que se vive actualmente.

Mapa de Ucrania en la Primera Guerra Mundial. El Magacín.

La Rada, por su parte, proclamó definitivamente su independencia el 22 de enero de 1918, creándose la República Popular Ucraniana (no confundir con la República Popular de Ucrania). Por entonces Ucrania se desangraba en una brutal guerra civil entre los ucranianos nacionalistas e independentistas por un lado y los ucranianos pro bolcheviques y pro rusos, en su mayoría de cultura y habla rusa. Tras la firma de la Rusia soviética (gobernada por Lenin) del Tratado del Brest-Litvosk con los Imperios Centrales a los que se cedían los países bálticos y Polonia a la par que adquirían la independencia Finlandia y Ucrania (ambos convertidos en Estados satélites de Alemania), la Ucrania “independiente” firmó una alianza con Alemania contra los bolcheviques que supuso un avance notable hacia su “satelitalización”. La expulsión por parte de los alemanes del Ejército Rojo, que el 9 de febrero había tomado Kiev, aceleró los planes alemanes de convertir a Ucrania en un títere, planes que se materializaron el 29 de abril de 1918 cuando pasó a ocupar el gobierno Pavló Skoropadski, que respondía a los intereses de estos.


Mientras la guerra civil continuaba tanto en Ucrania como en Rusia (donde el Gobierno de Lenin se veía asediado tanto por los Ejércitos Blancos reaccionarios cuyo objetivo era la vuelta al “Antiguo Orden” como por los intentos secesionistas de algunas naciones del antiguo Imperio, véase el ejemplo de Ucrania) en Occidente finalizaba la Primera Guerra Mundial con la derrota de los Imperios centrales, situación que provocó obviamente que la tropas alemanas se retirasen de Ucrania y que el nuevo Estado Ucraniano se quedara sin apoyo alemán. Siendo así las cosas, dentro de este Estado se produjo a su vez un Golpe de Estado que derribó el gobierno instaurado por los alemanes y dio paso al Directorio, que restableció la República Popular de Ucrania, régimen que tuvo que debatirse a su vez entre los nacionalistas independentistas y los federalistas rusos, consiguiendo imponerse los primeros, a la cabeza de los cuales se hallaba Symon Petlyura, quien tuvo que hacer frente a otra invasión rusa de su territorio alimentada por la guerra civil. En este contexto de produjo la adhesión a su gobierno de la República Popular de Ucrania Occidental, efímero Estado sito en la región de Galitzia, en el recientemente desaparecido Imperio Austrohúngaro, que a su vez se encontraba en guerra con la recién nacida República Polaca, sucumbiendo finalmente ante esta.

Mapa de Ucrania en Marzo de 1919. El Magacín

Con la captura de Kiev por el Ejército Rojo se produjo la alianza entre el Directorio y Polonia, renunciando el primero a los territorios de Ucrania Occidental en favor de la segunda. La Guerra polaco-soviética había comenzado de hecho en febrero de 1919 cuando una serie de escaramuzas fronterizas pusieron sobre el tablero las ambiciones políticas de dos hombres de Estado y que afectaría al futuro de toda Europa:

  • Jósef Pilsudski: estadista polaco, su proyecto político versaba sobre la creación de una confederación que abarcase, además de la propia Polonia, Ucrania, Lituania y extensiones de otros países de Europa central y oriental, con una dimensión similar a la República de las Dos Naciones de los siglos XV-XVII, la llamada Federación Międzymorze
  • Lenin: invadir Polonia era la antesala para la Revolución Mundial que, suponía, era inminente, con la idea principalmente de enlazar con la Revolución Espartaquista en Alemania encabezada por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, y con la República Soviética de Baviera (para cuyo régimen trabajó Adolf Hitler).

Polonia consiguió inicialmente invadir territorio ruso llegando a capturar Kiev. No obstante, conforme el Ejército Rojo iba haciendo retroceder a los Ejércitos Blancos hacia el Este, pudo lanzar una contraofensiva que arrebató la iniciativa al bando polaco. Dese ese momento, el débil gobierno ucraniano inició un acelerado proceso de colapso que concluyó con su desaparición. Mientras, los soviéticos habían invadido territorio polaco y todo hacía presagiar la rápida caída de Varsovia.

República de las Dos Naciones hacia 1600. El Magacín.República de las Dos Naciones hacia 1600

Para fortuna de los polacos, las deficiencias estratégicas del Ejército Rojo dieron al traste con una más que posible victoria, que hubiera supuesto la caída de Europa del Este y de la misma Alemania en la esfera soviética.

Guerra polaco-soviética: etapa 1

Guerra polaco-societica. El Magacín.Guerra polaco-soviética: etapa 2

Con la firma de la Paz de Riga el 18 de Marzo de 1921, rusos y polacos se dividieron el territorio ucraniano, eliminando así las esperanzas de independencia que parte de la nación albergaba. Aunque se mantuvo la lucha en territorio ruso por medio de la guerra de guerrillas, esta resultó brutalmente ineficaz ante un ejército profesional curtido en una guerra civil de la que salía victorioso y que salvaguardaba un Estado que empezaba a consolidarse. La política del llamado “Comunismo de Guerra” aplicada por el gobierno de Lenin, que consistió básicamente en medidas extremas para alcanzar la victoria en la guerra civil y a la vez acelerar la construcción del Socialismo por medio de la imposición del trabajo obligatorio, la incautación forzosa de la producido por los campesinos, la militarización de la industria, racionamiento de alimentos, prohibición del comercio y la especulación, combinado con la aplicación masiva del terror (asesinatos y deportaciones en masa), consiguió eliminar la ya escasa posibilidad de resistencia de los ucranianos independentistas o simplemente desafectos al sistema soviético.


El resultado de estas políticas fue un drástico descenso de la población y una región asolada por el hambre y sometida por el terror, a lo que dentro de poco se sumaría una severa campaña de rusificación. El 30 de diciembre de 1922 Ucrania entró a formar parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como la República Socialista Soviética de Ucrania (inicialmente se la denominó República Soviética de Ucrania), federada en teórico pie de igualdad con el resto de repúblicas, si bien realmente todas estas entidades no eran más que territorios anexionados por la ahora denominada República Socialista Soviética de Rusia. A partir de este momento el camino a la independencia quedó definitivamente vedado. Las recientes jornadas habían dejado un poso de amargura y odio entre los diferentes contendientes y una fractura social entre pro rusos e independentistas que, como se puede comprobar, sigue más que abierta y muy caliente. Tanto de Occidente como de Rusia sólo había llegado dominación, para muchos realmente no significaba una diferencia importante, pues lo mismo daba ser dominados por unos que por otros. Aunque no lo sabían en ese momento, la dominación que vendría a partir de 1922 era de un carácter distinto al de las demás. Aunque las veleidades nacionales y étnicas parecían sepultadas de momento, lo peor estaba aún por llegar.

Ucrania en noviembre de 1919. El Magacín.

Ucrania en marzo de 1920. El Magacín.

Ucrania en junio de 1920. El Magacín.

Ucrania el 15 de agosto de 1920. El Magacín

Un artículo de Pablo Gea Congosto.
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