Cada mañana en la parada de la autobús me encuentro a un hermoso niño de unos 6 años y a su madre. Ya es parte de mi rutina llegar y hacerlo sonreír. Los niños tienen ese poder sobre los adultos, alegrarles el día con una sonrisa. También es costumbre verle algunas marcas en sus brazos, siempre había pensado que era porque el niño se ve bastante intranquilo. Quizás jugando o saltando se lastimó, pensaba.


Este día en particular el niño no estaba tan alegre como de costumbre. La madre le había comentado algo entre susurros que no alcanzaba a oír. A los 5 segundos de llegar la autobús, la madre del niño aumenta el volumen de la voz y le dice “Si tienes ganas de llorar te voy a dar motivos cuando lleguemos al trabajo”.

Esto me dejó impactado, tengo conocimiento de que el castigo corporal ha sido utilizado durante miles de años y se ha normalizado como una práctica de paternidad durante muchas generaciones.

“Ahora podemos entender por qué un niño miente o evita buscar ayuda de sus padres cuando comenten un error o esté involucrado en algún tipo de problemas”

Las investigaciones hasta ahora han sido bastante claras y han demostrado los peligrosos efectos de las nalgadas, correazos, gritos y el castigo físico en todas sus formas. Sin embargo parece que no hiciera eco en la sociedad, más de 50 años de investigación sobre psicología infantil parecieran no tener efecto en la siguiente frase: “A mí me pegaban cuando era chiquito y terminé bien”.

Elizabeth Gershoff, en el año 2002 realizó una interesante investigación para la revista Psychological Bulletin, en la cual encontró que pese a que el castigo físico es la forma más común y aceptada de violencia contra los niños, conlleva efectos nocivos en el crecimiento de los niños y su desenvolvimiento como futuros adultos.

El efecto inmediato del castigo físico en los niños se evidencia en el incremento de las conductas que los padres creen eliminar usando el castigo, paradójico ¿cierto? Además, se evidencia una normalización del uso de la agresión como método principal de resolución de problemas, lo que hace que el niño utilice la agresión como herramienta principal ya que se encuentra reforzada en su ambienta familiar como una conducta que da resultados. Puede incrementar la conducta delictiva o por el contrario, incrementar el riesgo de ser víctima de abuso físico.


Dentro de mi experiencia como psicólogo clínico pude percatarme que el efecto más nocivo del castigo físico es la relación entre este y la obediencia. Cuando un padre castiga constantemente a su hijo, se establece una relación de poder, en la que el padre asume que su hijo es obediente cuando recibe un castigo, por lo tanto, para evitar recibirlo el niño hará lo que se le pida. Pero hay que aclarar que esta relación está distorsionada, esto no significa que el niño aprenda a comportarse de una determinada manera deseable, sino que solamente sigue las órdenes para evitar el malestar.

Otro de los inconvenientes con el uso del castigo, es cómo afecta este a la relación padre-hijo. Los padres pasan a ser fuentes de dolor, una figura que inflige castigo físico. Ahora podemos entender por qué un niño miente o evita buscar ayuda de sus padres cuando comenten un error o esté involucrado en algún tipo de problemas. Si tus padres te pegan o gritan por cada cosa que haces, es bastante entendible que le tengas miedo, esto a su vez afecta la confianza entre los niños y sus padres.

La mayoría de los padres no perciben que la conducta que consideran indeseada no desaparece, en realidad es más probable que vuelva con la misma intensidad. ¿Qué ocurre? Cuando le gritamos a un niño para que deje de hacer un comportamiento y no le indicamos qué conducta alternativa debería realizar, lo estamos dejando en una especie de vacío. El niño entiende que no debe hacer lo que está haciendo en el momento, por eso lo están regañando, pero tampoco sabe que debe hacer en su lugar.


Las disciplinas que sí funcionan para intervenir en conductas indeseables son:

  • El refuerzo positivo de conductas deseadas: desde muy temprano edad el mayor reforzador para un niño será la atención de sus padres. Por lo tanto, los padres deben concentrar su atención en la conducta deseada del niño e intentar ignorar las no deseadas. Por ejemplo: Gritarle a un niño porque no limpia el cuarto luego de jugar con sus juguetes no eliminará la conducta de desorden, en lugar de eso, enséñale y moldea su comportamiento practicando paso a paso lo que tiene que hacer para limpiar su cuarto y elogiándolo cuando lo practique. No deben elogiar todo lo que haga el niño, deben ser muy específicos con este tipo de reforzamiento, deben referirse concretamente a lo que el niño hizo bien, de forma que aumenta la probabilidad de que ocurra ese tipo de comportamiento nuevamente.

 

  • Ignorar la conducta indeseada: Debemos aprender a ignorar las conductas indeseadas. No debemos ignorar al niño cuando le pega a su hermano o a un compañero de clases, debemos ignorarlo cuando hace una pataleta por algo que no consiguió. Recuerden proporcionarle al niño una conducta alternativa.

 

  • Aprender sobre el desarrollo de los niños: Es importante conocer los niveles de psicodesarrollo del niño, si bien es cierto que la experiencia paterna es única y las generaciones de familia han normalizado algunas prácticas, es importante como cuidadores conocer las capacidades cognitivas, motoras, de comunicación y de control de los niños de acuerdo a su edad. Esto es clave al momento de interpretar la conducta de los niños, sus implicaciones y sus consecuencias.

 

  • Hazte con el tiempo: Para poner en práctica las recomendaciones de los psicólogos es necesario que los padres pasen tiempo con sus hijos. En el mundo moderno es normal que ambos padres se encuentren llenos de actividades laborales y personales y lleguen así a altas horas de la noche a sus casas. Deben pasar por los menos 5 minutos con sus hijos y enterarse de las novedades del día, darla la importancia y el amor que sus hijos se merecen, expresen sentimientos y pensamientos positivos. Hagan un esfuerzo por detectar las conductas que consideran buenas o positivas para su desarrollo y reforzarlas.

Lo más importante es cuidar la relación padres – hijos, de esta forma potenciar estrategias efectivas. Estas son algunas de las recomendaciones que me han sido de mucha utilidad durante mis horas terapéuticas. Espero puedan ayudarles y orientarlos.

Estudiante de psicología de la Universidad Central de Venezuela. Cuento con 2 años de experiencia en el área Organizacional en procesos como Reclutamiento Internacional y Desarrollo de Clima Corporativo. He tenido la oportunidad de escribir para Alterno.la y Bloguerosdevenezuela.com sobre Desarrollo Personal, Psicología y temas sobre bienestar.

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